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domingo, 6 de marzo de 2011

DECONSTRUIRSE

Aquella noche su corazón le advirtió, su cerebro se lo ilustró y su estómago se lo hizo sentir. Pero fue un aviso que apenas si lo pudo percibir; duró unos pocos instantes, prácticamente unas cuantas décimas de segundo. Sin embargo, fue una advertencia que sí estuvo presente, pero la ignoró. Y la desatendió, no por soberbia o descuido; ni siquiera por pereza o desinterés. Solamente le dejó de prestar atención, la dejó ahí como una breve gota de agua que cae sobre una sartén caliente, porque su curiosidad lo retó a tomar una decisión inconveniente.

Pero a pesar de esa equivocación inicial, a pesar de esa falta de cuidado indispensable para no caer en el temible desasosiego espiritual de tiempo atrás, tuvo otra oportunidad. Como a pocos le suceden en sus vidas, poco tiempo después pudo darse cuenta que estaba cayendo en una situación errónea dentro del camino de su vida, una sensación de desestabilidad fue muestra más que suficiente. Debió haberse adentrado más en sí mismo, identificado su verdadera situación y haber tomado las decisiones adecuadas.

El tiempo habría de pasar y las circunstancias lo llevarían a descubrir que cuando su propia voluntad no es capaz de cambiar un rumbo equivocado, su inconsciente se asocia con su destino para tomar las riendas e influir de modo directo, aparentemente sin motivo razonable pero en verdad con una enorme dosis de coherencia consigo mismo, en la posiblemente dura decisión de tomar el camino correcto y apartarse de los pantanos y las arenas movedizas que obstaculizaban la consecución de sus sueños.

El camino de la vida: una permanente lucha por adelante seguir, quizás con la necesidad de destruirse, para a la vuelta de la esquina a constuirse volver.

domingo, 20 de junio de 2010

MEMORIAS DESMEMORIAS

Caminaba bajo la lluvia y experimentaba el tremendo frío que llegaba hasta mi rostro por la súbita ventisca de inicio de la noche. Mis pasos calculados a cada centímetro acompañaban mis pensamientos, y me encantaba pisar y escuchar el rugoso sonido de las hojas secas que se desintegran debajo de mis zapatos. Alcé mi mirada hacia las excesivas gotas derramadas como lágrimas insoportables de nubes demasiado lejanas de mis manos. Introduje mis dedos al interior de los bolsillos de mi pantalón, justo cuando sobre mi nariz se deslizaba lentamente una partícula de agua suave y helada. Mis pulmones reclamaban respirar un aire seco y apacible, no esta noche gélida abundante de truenos y acelerados automóviles. Me recordé lo inadecuado de esperar mucho tiempo bajo un alto árbol en el teatro de rayos impactantes, y por ello mi caminar se hizo casi un trote. No me sorprendió que la recordada en aquellos precisos instantes, porque la verdad siempre la recuerdo y la tengo frente a mí cuando cierro mis párpados, y mis ojos se ensimisman en pensamientos de imposibles. Abrí la puerta de mi casa cuando olvidaba los lóbulos de sus orejas adornadas por esos que parecían ser sus aretes favoritos y cuya forma simplemente no quiero atreverme a recordar. Aunque muchas lunas atraviesen las madrugadas solitarias al costado inservible de mi insípida ventana, y aunque siempre regrese sobre mis pasos, cada vez con más dureza y lejanía, estarán ahí los recuerdos imborrables de aquello que nunca ocurrió y solamente se escribió en el olvidado y viejo pliego de los recuerdos de mi alma.

lunes, 31 de mayo de 2010

COMPAÑERA INSEPARABLE

Vuelvo a caminar por sobre las sendas de mis pasos perdidos, rumbo al opaco espejo que me aguarda algunos pasos más allá o más acá. Me miro directamente a los ojos, los míos propios, y observo en su profundidad la perennidad de mi abandono. Me atrevo a alzar la vista hacia el costado, apenas un instante, y solo contemplo la oscuridad y el vacío, sin sentido en mi todavía corta vida, aunque quizás también las sombras perpetuas de los siglos que ya he vivido. Pero ahí es justamente cuando admiro a la concertista jamás invitada, a la invitada a quien nadie presentó, nadie concedió una pieza de vals, aquella a quien todos observaron y solo torcieron la mirada y se apartaron al son de la rabia. Presentía su presencia constante, su habitar en mi estar, como si yo no lo supiera, escondida entre sus propias lágrimas que, cada sol que sale y luna que aparece, descubro son las mías. Luego, ya, no te vuelvo a ver, pero siento el helado abrazo de tus cabellos infinitos; soporto con extraña dulzura la sensación invariable del pensamiento arrojado desde el cúmulo de las pasiones esfumadas, de las ilusiones olvidadas. Al fin, cuando te miran o te presienten junto a mí, acompañante perpetua de mis andanzas, me tuercen también, a mí, la mirada, y se espantan arrebatándome mis propias condolencias, dejando tras de sí los silencios de mis penas; y en aquellas superfluas y raras ocasiones cuando logran encontrarse con estos ojos, huyen de un corazón que, todavía, se mece en hamacas arrumadas hacia las viejas columnas derruidas de lo que pudo ser y, solo fue, lo que no pudo ser más, que aquello que terminó siendo. Sigo mi paso abandonado por la callejuela empedrada, mi bastón a la derecha, el sombrero alicaído encubriendo mis canas, mi guitarra a la espalda, y la compañera infatigable tomando mi mano, sin más razones que aquellas que me hicieron encontrarla y jamás abandonarla: desconsolada y convaleciente soledad.

domingo, 14 de marzo de 2010

IMPLÍCITO


Conversemos:

- A lo que vinimos, no perdamos más el tiempo en banalidades y pregúntame, por fin, lo que tengas que preguntarme, aquel asunto por el que esperamos tanto tiempo para vernos; aquel tema de conversación que jamás quisimos plantearnos, que quizás nunca nos atrevimos a sugerir, ni siquiera a ponerlo entre líneas o en metáforas de pétalos caídos; por fin, te lo exijo, pregúntame lo que debas inquirirme, lo que sea necesario desentrañarme, auscultarme, encontrarme; si prefieres, bajaré la mirada, esconderé mis ojos entre las sombras del candelabro, a media luz bajo la luna oscura y tardía. Anda, de una vez, dime lo que quieras decirme, lo que a ti te corresponda manifestarme, lo que ansíes señalarme; o es que prefieres el silencio inexpresivo de tus ojos secos y distantes, de la sutileza del vestido negro que no quisiste ponerte la vez que abrí tus pensamientos al hablarte a tus oídos y tocar con mis dedos tus cabellos insolentes, tus callares interminables, tus sonrisas ambiguas; aunque acompañe tu acostumbrada tozudez, tu actitud taciturna, avinagrada y lastimera. Silencio ahora será lo que tengas de mí, con mis manos vacías y mis ojos abiertos, mis ideas escondidas, mis prejuicios abandonados como yo mismo en las noches de recuerdos que te pertenecen. Así que te miro, te escucho y te siento, dime lo que debas decirme, sin callar lo que has callado, pues aquí estoy.


Imagen tomada de:
http://ulysshes.files.wordpress.com/2009/11/noche-oscura.jpg. Acceso: hoy.

jueves, 11 de febrero de 2010

PERDIDO

Un día despertó cerciorándose que los minutos habían perdido su valor, y que las horas no eran más que absurdas maneras de darse cuenta que la vida era demasiado corta y excesivamente fútil. Los días empezaban a pasarle como los perros que cruzan una calle transitada; intentan largo tiempo, amagando y con la cabeza gacha, enfrentando el temor y el riesgo a cada instante; pero de un momento a otro, o bien han cruzado, o bien se han ido de este mundo. Al final de cuentas, las dos opciones son instantáneas.

Al mirar de frente al Sol aquella tarde, murmuró en sus propios oídos, adentro de su pensamiento, aquella verdad que le cercenaba las ideas. Estuvo paralizado sin brújula que le guíe ni invenciones mágicas que le pudieran trasladar a algún lugar recóndito, alejado de sus cavilaciones absurdas y sombrías. Se cuestionó la permanencia de sus ojos en la profundidad de una mirada esquiva. Susurró a su sonrisa, la tentó por breves momentos, hasta que la negativa fue un azote. El agobio dejó de ser un pretexto, al transformarse en una serenata de sombras y lunas pasadas, de frases cortas y oscuras, llenas de tristeza y amargura. Los días le pasaban demasiado rápido, y llegaba a las noches pensando en la siguiente, sin reparar si quiera en la idea de soportar una mañana junto al atrayente y visceral cuerpo de alguna olvidadiza compañera de ocasión.



Se levantó aquella tarde sin descanso ni fortuna, rumbo al palacio de sus propias locuras y de aquellos sueños insoportables, escondidos y prófugos, perfumados y corrientes, ufanos y alambicados; esos que precisamente más despreciaba, esos que quería sepultar dentro de sarcófagos impenetrables, cerrados a fuerza de dolor y lágrimas de desconsuelo. No disfrutó ni un solo segundo de esos días posteriores, de esas tardes anaranjadas y lilas, que formaban paisajes falsos y maledicentes, que sólo le hacían recordarse a sí mismo que mañana no habría otra posibilidad y que aún si apretara el puño y jurará cumplir con su cometido, simplemente la vería y su corazón desvanecería su inexistente valentía; caería como un gota que al tocar el piso se desintegra y desaparece.



Por eso se dijo a sí mismo que no iba a continuar con esa batalla que ni siquiera la había podido empezar; y en aquellos momentos en los que pensó que llegaba altivo sobre un corcel imparable e imponentemente blanco, solo pudo esconderse detrás de la realidad de sus propios temores y de sus más repugnantes tristezas. Por eso no quiso volverla a ver ni presentirla posible. Solamente se dio el tiempo necesario para tomarse un vaso de vino y caminar por las heladas calles de su soledad, alumbrando con un candelabro, de vez en cuando, las huellas de su pasado, marcadas en sus manos y dolientes en su corazón.

Imagen tomada de: http://www.freewebs.com/daniel-aceromontoya/noche.jpg. Acceso: hoy.

domingo, 16 de agosto de 2009

LAS COSAS CAMBIÁN... QUEDA LA NOSTALGIA

Un camino empieza donde otro termina, y así es como la vida nos lleva de un sendero a otro, muchas veces sin que lo pensemos mucho; o, a veces, por inconsciencia deliberada, lo que en el fondo significa que siempre hubo una razón determinada para que escoger un camino "este o por aquí", y no "ese o aquel".


Recuerdo un año atrás, en que pensaba que mi vida daría un giro importante, me encontraba a las puertas de eventos que, quizá, en términos de un observador imparcial y objetivo, pudieran resultar comunes y corrientes pero que, para mi, a la larga y la corta resultaron importantes, más de lo que debieron.


Levantarse temprano a trotar un poco en la Carolina, para luego muy apuradamente alistarse para salir al trabajo y llegar a la oficina a las 8 de la mañana, lo que generalmente no ocurría, pues dado que iba caminando al trabajo con mi pequeña maletita o bolso café, llegaba con 15 o 20 minutos de retraso. Realmente, desconozco porque sentía esa necesidad de no atrasarme, pero de siempre terminar llegando tarde; y para colmo, más o menos en la mitad de las ocasiones, con mi jefa ya estando allí para recriminármelo.


Personas así son a las que una nunca olvida, tan puntuales como mi abuelita decía que uno debe ser "...mijito, siempre a toda cita hay que llegar cinco o diez minutos antes mínimo". Así era mi jefa, una persona que, dentro de los límites que su propia experiencia le imponían, era un ejemplo de integridad. Lástima que uno aprende a valorar esas lecciones cuando pierde las oportunidades o cuando los tiempos que quizá, más por nostalgia que por verdad, uno los ve mejores o más satisfactorios.


Llegar así a la oficina, sintiéndose no tan importante como uno quisiera, pero sin pensar que lo era más de lo que se creía. Sentado las primeras casi 5 horas de trabajo, pendiente para levantarse más veloz que un rayo ante cualquier requerimiento, tratando de leer un poco la prensa por internet. Así y todo, el estres era un juego de todos los días, una rutina en cierta medida cómoda, pero un aprendizaje constante y que solo se pudo advertir su necesidad urgente, al haber concluido.


Recuerdo esas broncas que tuvimos, esas discusiones que una vez llegaron al resquebrajamiento absoluto; salir un viernes al almuerzo con todas las ganas de lanzarse del primer edificio que apareciera, pero no llegando a hacerlo por aferrarse, como salvadidas, a la obligación y esperanza de hacer firmar el informe de la tesis. Así y todo, sentirse el ser más abandonado de la existencia, aunque ello no sea más que una percepción, para volver el lunes sin saber si la actitud del "bravito pero tranquilito" no sería muy inmadura; o si la de "hacerse el loquito pero no muy cuerdito", constituiría demasiado evidente y llegaría a ser una ofensa. La verdad, y lo reconoceré siempre, sentí rabia cuando quien dirigía mi trabajo llegó con una enorme sonrisa como si nada hubiera ocurrido, incluso aconsejándome que dejara el justificativo correspondiente por mi ausencia vespertina del último día laborable de la anterior semana.


Y ahora, muchas veces incluso con lágrimas, recuerdo aquellas épocas; tiempos duros pero constructivos, tiempos de frustraciones pero también de muchas experiencias. Fueron épocas en que uno podía mirarse hacia adentro y hacia afuera y decirse, quizá con algo de orgullo desmedido, "estoy en un buen lugar, soy alguien importante para mi y para mucha gente". Todo ello, y aunque cueste decirlo, con los duros eventos de años atrás, en que el cielo se cayó y tocó continuar...


Pero llegó un día de octubre, en que no hubo queja por el atraso, ni recriminación por no reclamar el despacho de los otros jueces, el reclamo por la ausencia del chofer, la molestia por la lentitud del secretario relator; y también, claro, los comentarios hasta cierto punto chismosos sobre los nuevos estudiantes de la Facultad, y de las historias familiares, y también, de los problemas familiares (ja). Así, acabó la época en que la exigencia no era una molestia, sino una rutina edificante; en que a pesar de los dolores, tristezas y frustraciones, estabamos haciendo algo por ese lugar donde trabajábamos, quizá no mucho, quizá poco, pero realmente dábamos lo mejor por sacar adelante ese despacho y, al final, cuando regresé ese lunes y encontré una oficina vacía, no tener que responder por ningún expediente... todos habían sido despachados.


Esos fueron los buenos días, las buenas épocas. Y las recuerdo con mucha nostalgia. El año pasado, realmente fue tan lleno de tantas cosas; y ahora, que va pasando este actual, siento que con esa despedida, se fue mucho de mi. Pero fue aún más duro, cuando en un viernes de noviembre, el último de ese mes, me llegó ese oficio que, a la larga, cambió todo. Desde un lunes marchito, empezaba algo desconocido, pero que al final, resultó decepcionante. Luego de 6 meses, renuncié con temor, renuncié con dudas, pero renuncié con rabia y con sentimiento.


Mis sueños se derrumbaron un poco hace poco, y hace poco un poco empezó a cambiar todo nuevamente. Ahora, como siempre recordaré que me cantaron aquel día de quinto curso, frente a toda la secundaria, "...caminante no hay camino, se hace camino al andar..."; emprender la nueva oportunidad que "...nos presenta la vida paso a paso...".


Un camino terminó.

Otro camino comienza.

¿Qué nos deparará?

sábado, 1 de agosto de 2009

SUEÑO UN SUEÑO

Me senté a escuchar a una de aquellas personas que, pasan apenas unos instantes por la vida y que, bueno, que uno no puede expresar ni contemplar mucho tiempo. Solamente cabe escucharlas.

Escuché con atención una breve historia que se permitió contarme:



“Pues bueno mi querido amigo, quizá no nos conocemos mucho pero me parece coherente llamarte mi amigo; cuenta esta historia, este breve… relato, como quieras llamarlo… sobre un hombre, alguien que como puedes ser tú, puedo ser yo…, bueno, quizá yo no, ya mis años superan mis ilusiones… Bueno, entonces, este hombre, paró su automóvil en medio de una carretera desierta, ahí, en medio de los campos amarillentos de los que la lluvia se había olvidado, y empezó a caminar en el sentido que, su primer paso dado, su primera andada tras descender del vehículo, lo llevó. Así pues, en medio de la carretera, quedó ese carro… ni recuerdo bien de qué tipo o marca era, quizá un BMW o quizá un Ford, no lo se a ciencia cierta; con alguna duda razonable, puedo decir que, eso sí, era un automóvil antiguo, de esos llamados “clásicos” por esos que se autodenominan “eruditos” del “vehículismo”… de esos que se autodenominan “sabios” del “conductismo”, y esto, vaya vaya, creyendo con tanta certeza que hasta me llegaron a engañar un par de veces, que con esos términos hablaban de autos, esos t-é-r-m-i-n-o-s… no lo podría decir, pues para ellos podrían ser verbos, sustantivos y adverbios, incluso todo al mismo tiempo… recuerdo amigo mío, los “eruditos y sabios” eran ellos, no yo… En fin, ese carro quedó varado en medio de la carretera, mientras la persona de la que le hablaba, cuyo nombre mi memoria ha ocultado en alguno de esos ataúdes que muchas veces son muy saludables, en esos polvorientos armarios del ayer… Anduvo unos momentos, hasta que, en sentido contrario, pasó un autobús, en el cual se subió, no con desagrado, pues hace ya 14 años que solo se movilizaba en su pequeño carrito y había dejado atrás el transporte público tan añejo; así que subió con cierta nostalgia, pero evidentemente las cosas ya no eran como antes, no, no, no, no eran así mi amigo, al darse cuenta del detalle usted será muy perspicaz aunque ciertamente no tan brillante, pues es… digamos, algo en todo caso evidente… los años pasan y las cosas cambian amigo mío, y esto es tan claro, como el sobrio café que tomaba de joven sentado en la acerca de mi querida Bahía… de esas épocas trascendentales y hoy denigradas. No importa de todas formas, pues lo que interesa es que subió al bus y, luego de soportar con bastante solidez el golpe del espectro helado de los cambios, se sentó junto a una señora de edad avanzada, quien al ver un carro varado en la mitad de la carretera, le comentó de un modo extrañamente impertérrito y, a la vez, perplejo, ‘vea nomás mi señor, como va a ser que dejen el carro así, no puede ser, se da cuenta, yo siempre digo que ya no respetan a los mayores’, a lo que contestó con un sencillo asentimiento de quijada. Decidió bajarse y, como no tenía pasaje, alegó que se equivocó de ruta y que le permitieran hacerlo; el cobrador, en este caso cortés, más bien creo yo distraído en alguna chiquilla coquetona, dejó que se quedara por ahí nomás, nomás pasando por ahí. Estando en la calle, a los pocos minutos, un nuevo autobús volvió a pasar por ahí, en medio de la carretera de hierbas amarillas; y éste, ahora, venía en el sentido contrario del primer bus, así que le tocaría regresar nuevamente de donde partió o, quizá sea más adecuado a estas alturas del viaje, hacia donde se dirigió. La verdad es que a este bus lo tomó con más cariño… no, no es esa la palabra… con más… realidad, con más… indiferencia… y así, nuevamente se sentó, pero ahora junto a una señora de menor edad, quien, al contemplar a dicho automóvil sin conductor, manifestó con cierta sorna, ‘vea nomás, ahora en estas épocas de gobiernos de sapos, hasta los fantasmas pueden conducir automotores, que nos espera, ¡qué nos espera!’ Escuchó eso, le contestó con una leve y tímida sonrisa, y volvió a bajarse del bus, con el argumento de que ‘se me olvidó algo, déjenme bajar por favor’, lo que no le fue negado, ya que poco habían avanzado. Así, de nuevo con las suelas en el asfalto, volvió a esperar y a contemplar, mirando al solitario árbol rojizo en medio de las hierbas amarillas y de las nubes rosas. Un nuevo bus, pasó por ese lugar; un autobús prácticamente vacío, quizá empezando el recorrido, quizá, nadie lo sabrá, ni siquiera yo mi querido amigo –y como ya noto su cansancio, le informo que estoy por acabar- quizá, llegando a su llegada. Subió, y encontró dos ojos claros, una sonrisa afable, y una cálida presencia, que le manifestó, cuando pasaron junto al automóvil abandonado, con mucha soltura pero igualmente con no menos cuidado: ‘me bajo aquí para encontrar lo que he buscado, tuve un sueño la noche de ayer, y al fin he encontrado, lo que no había entendido’. Y así, mi querido amigo, ella bajó del autobús, y, tras de ella, aquel de quien cuyo apellido no tengo ya recuerdo, y, tras alcanzarla a un solo paso, miró en lo profundo de sus ojos, sonrió con la sinceridad propia de las almas permanentes y límpidas, hasta tomar sus manos y decirle, ‘un sueño es un buen comienzo para un transitar infinito’ y ella le respondió, ‘y el mismo sueño es el camino mismo por el que quiero transitar’, y él agregó, ‘si mi camino con el tuyo se ha encontrado…’, concluyendo los dos, ‘los dos caminaremos, juntos para siempre, por esta ruta de quimeras’… y así fue, como sucedió mi querido amigo… no me pregunte la fecha exacta, no me pregunte como es que tengo conocimiento de estos hechos, solo permítame decirle, ahora ya mi viejo amigo, que así como aquella vez, no se fíe de los automóviles varados, en medio de carreteras de hierbas amarillas, y nubes de color rosado”.



Elé el fen.

lunes, 15 de junio de 2009

EL INTI RAYMI EN LA UNEAL



Un poco de lata:
En el colegio donde pasé mis años de adolescencia, épocas de alegría y de preocupaciones chéveres –no como las de ahora, que ya a uno le hacen pensar en las verdades inexistentes, los paradigmas desilusionantes y el relativismo carcomedor (*p.q.n.e.d.n.m.i) de dogmatismos y absolutos de donde anclarse- , siempre se acostumbra celebrar, ya al final del año lectivo, el famoso “Inti Raymi”. Como buen ex – alumno y ser humano nostálgico y melancólico, siempre me da gusto regresar a mis orígenes y, asistir, por décima segunda vez, a esta evento tan característico, emocional y de encuentro.
Un poco de historia:
El significado etimológico de Inti Raymi es “fiesta del sol”, aunque parecería que el astro rey gusta de integrar a sus celebraciones, conmemoraciones y festivales a todos sus compinches planetarios y climatológicos, pues siempre se da por llamar a la pomposa lluvia, al malcriado viento y a la citadina luna.
Es el Inti Raymi una ceremonia y una celebración de evidente origen indígena, y en ella se realzan las cosechas y los productos que nos brindan la tierra y la naturaleza. Se relaciona indeleblemente, y de ahí también su gran simbolismo, con el solsticio de verano.
Según cuenta la historia “…hace varios siglos las comunidades incas llegaban desde todas las partes, realizando largas travesías, cruzando ríos, montañas y páramos. Lo hacían enfrentándose a las adversidades de la naturaleza y el objetivo era precisamente concentrarse a orillas del lago Cuicocha y así rendir culto al sol. La difusión que se da a esta fiesta es grande y llega a todas las comunidades vecinas, convirtiéndose de esta manera en un gran acontecimiento” (http://www.edufuturo.com/educacion.php?c=463. Acceso: 15 de junio de 2009).

Un poco de mi colegio:
En el América Latina, como llamamos con cariño a mi colegio (antes con el acrónimo UNEAL hoy CEEAL), se celebra indistintamente y casi como tradición inderogable, el último día de clases, aun cuando no coincida con la fecha exacta de la celebración.
Cuando apenas había ingresado en primer curso, era realmente una fiesta entre compañeros y amigos del colegio, con los padres de familia y los profesores, en un ambiente familiar y acogedor, como si estuviésemos sentados en una pequeña alfombra de paja, divisando a lo lejos las estrellas y pasando mano por las humitas, los tamales y los canelazos. Pero el tiempo ha pasado y cada vez la familia ha ido creciendo como las mazorcas en los campos; y ahora, es un verdadero quilombo de alegría y creatividad, donde decenas de niños y niñas se arremolinan bajo el palo encebado a alentar a los momentáneos héroes que lo coronan y luego regalan a su público los oritos, las galletas o las cuerdas para saltar; mientras la banda de pueblo, sin parar, alegra los oídos de tantos invitados llenos de alborozo y sentimiento.


Así pues, ahora hay mucha gente en el colegio, muchísima para lo que éramos antes; y da orgullo ver crecer a aquello que nos vio crecer. Pero más satisfacción genera observar vivos a todos los valores que nos inculcaron, la solidaridad, la creatividad, el impulso a la imaginación, con todas las muestras artísticas de los jovencillos y jovencillas, con la trompeta, la guitarra, los teclados y sus voces lentamente educadas.


Así recordamos esta fiesta, con nostalgia los ya “mayorcitos”, viendo a los chicuelos, ya crecidos, con algo de temor pero también con esperanza; y, a las ya no tan chicuelas, con nerviosismo e interés escondido (jaja). En fin, los ex – alumnos a deleitarnos con el tostado, el choclo con queso y, por supuesto, los ya reseñados deliciosos tamales y apetitosas humitas, con una buena limonada. Tertuliando con los profesores, saludando a los otrora compañeros de fútboles y risas: en una sola palabra, compartiendo.
Y claro, las remembranzas de aquellas pancartas que, en aquellas clases antes del ansiado recreo, pintábamos sobre la cancha de básquet, con las imágenes del afamado “Diablo Huma”, o del simbólico “choclo”, quizá desbordando más imaginación que historicidad. Y claro, de aquel ya desaparecido pero siempre recordado, al menos para quienes todavía lo pudimos encontrar, para darle algún nombre, “Bargueñochoclo” o “bargueño gigante en forma de choclo” (jaja), con el cual nos divertíamos abriendo sus pequeños cajoncillos en forma de grano, para sacar, ávidos, los tostados o, aun mejor, “la caca de perro”, el manjar más apetecido y que literalmente se esfumaba en cuestión de minutos.
Acabada la comida, rumbo a las presentaciones artísticas, con los músicos, las bailarinas, los cánticos y las risas, los aplausos y el retumbar de los corazones soñadores. Ante el frió nocturno, un buen canelazo, en torno a cuyos “jarreros” se forman sendas e impacientes filas de manos heladas y paladares exigentes.
Pero al final viene lo más espectacular. Ya acabadas las presentaciones, salen por los aires los globos de papel y fuego, volando por lo alto buscando ilusiones perdidas o compañía en las galaxias más lejanas; quizá, queriendo encontrarse con la luna y sentir, aunque sea por reflejo, el calor de un sol esquivo, al que pretender consentir. Ya la noche bien entradita, sale la aclamada Vaca Loca. Encendida por todos sus flancos, con la pirotecnia al son de su caminar, empieza la persecución en la que todos corremos entusiasmados, queriendo evitar darle encuentro a la demencia vacuna, o bien por divertirnos y molestar a los amigos que se encuentran por ahí, como buenos escudos protectores. Y la Vaca corretea, y los demás nos acercamos con temor y afrentosamente, para luego huir despavoridos mientras gozamos de la alegría de un momento de abstracción.

Una poca de conclusión:
Así es el Inti Raymi en mi colegio, una fiesta lindísima, llena de simbolismo y espíritu, la solidaridad, el recuerdo de nuestro orígenes, el rescate de nuestras tradiciones. Sin duda, un momento para recordar, para, quizá, soltar luego unas lágrimas de nostalgia por recuerdos pasados pero dulces, como el sabor de la canela en un vasito caliente. Así, regresar de una tarde y noche de ilusiones, como para no olvidar lo que somos y lo que fuimos, y para agradecer al sol, a la luna, a la lluvia, a la tierra; a la naturaleza.

Acceso: 15 de junio de 2009:

*p.q.n.e.d.n.m.i: acrónimo que uso para significar: “palabra que no existe en el diccionario pero no me importa”, cuando parece que me hiciera el muy enciclopedista pero es pura burla lingüística; en adelante, para efectos de lectura más fluida y menos trabada, quedará en el simple nx.

lunes, 1 de junio de 2009

CUANDO DESPERTARSE NO ES BUENA DECISIÓN


...de las historias pasadas, ya no me aturde saber...

Soda


...como huir cuando no quedan islas para naufragar....

Sabina, J.


Porque quizá uno no elige cometer los errores que posiblemente vienen determinados por una fuerza superior; esa fuerza superior llamada irracionalidad, llamada corazón, llamada sentimiento.

Era una puerta oscura y metálica, pero parecía de madera vieja. Cuando fue abierta, no hubo luz ni camino; simplemente, la nebulosidad. Quiso adentrarse, pero no pudo. Quiso alejarse, pero fue imposible. Se encontraba atado como un trozo de metal, rodeado por imanes en sus diversos sentidos positivos y negativos. Estaba atrapado por el tormento de su propia presencia, y de aquella ignorada pestilencia que emanaba desde el interior de sus desgarradas costuras; las costuras de su alma destrozada, de su corazón servido en un plato de caníbales para ser devorado por la reina de la orgía de melancolía y cielos rojos. Una lágrima cayó desde su mejilla hacia un piso resquebrajado y lleno de arenas de relojes que, tortuosamente, esperaron impacientemente el paso de toda su materia para decretar el final anticipado de aquel sujeto insospechado. No soportó la visión de aquella podredumbre reflejada en el espejo que tenía frente a sí. Tomó su alforja, su botella de vino vacía de ilusiones, contempló a lo lejos ese camino insondable, y sin entonar melodías, se fue caminando. No hubo despedida. No hubo salida. No hubo despedida.




Un mundo pintado de rojo, gira aún alrededor de las paredes destrozadas de aquel castillo de naipes. Aun se construye un castillo de arena sobre la ensenada del mar de sangre. Aun hay un corazón velado a las orillas de un arroyo escondido entre las malezas. Todavía.

Algún día… “yo estaré a un millón de años luz”

jueves, 30 de abril de 2009

MEME No. 1

No he hecho memes anteriormente. Pero ahora, porque se trata de una muy cordial invitación de Naty Wolf, porque está muy interesante y para conmemorar, así sea un poquito tarde, tan importante día, procedo a realizarlo con todo gusto.

Creo que siempre es un tanto injusto escoger los mejores libros, porque han habido tantos tan buenos y tan apropiados para ciertas ocasiones; incluso hay algunos para varias ocasiones que provocan diversas emociones. En fin, ahí va el meme:



1A.- Indudablemente, "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sábato. No tengo palabras para describir lo que sentí y viví leyendo esta obra maestra, la segunda de la gran trilogía del escritor argentino. Leerlo es adentrarse en un mundo lleno de locura, ternura, violencia, contradicción, revelaciones y, sobretodo, sentimientos muy duros y profundos.




1A.- Me salto las reglas e incluyo uno más: "El Nombre de la Rosa". Es el único que he leído de Humberto Eco, pero realmente se trata de una de las más grandes obras literarias de la historia de la humanidad. Su perfección es impactante. En fin, hacer más comentarios sobre este libro sería pretender compararme con la genialidad del autor.




2A.- Si hay un autor que tiene que aparecer en este Meme, es Albert Camus. "La Peste" es una novela llena de mensajes y se trata de un relato muy profundo sobre la naturaleza humana. Si hay algo que se puede destacar en este libro, es la serie de emociones que transmite y provoca. Excelente.




2B.- Quizá es antitécnico dentro de las reglas de los memes (jajaja) pero no puedo dejar de mencionar a Fedor Dostoievsky: "Crimen y Castigo". Realmente muchas veces me ha parecido el mejor libro que he leído en mi vida. Una novela que no está sujeta a comparación.



3.- "Los Miserables", Víctor Hugo. Solamente puedo decir que se trata de una novela impresionante e increíble. Con este libro, reí y lloré, sentí ira y también compasión. En fin, es algo que no se puede describir en palabras y solo se lo puede vivir leyéndolo.




4.- Concuerdo en este punto con quien me invitó a este Meme. José Samarago se ha convertido en mi escritor favorito de estos últimos tiempos. Es difícil decidirme por alguna de las novelas suyas que he leído, pero creo que la fuerza de su relato y la elocuencia de su crítica se pueden notar en todo su esplendor en "El Evangelio según Jesucristo". Un libro así es como para cuestionarse todo y para seguir cuestionándose siempre. Muy recomendable.

5.- Voy acabando y no quisiera dejar afuera del listado a muy importantes libros que he leído, pero hay que decantarse por uno. Creo que difícilmente puede haber un narrador tan convincente, preciso y atrapante como Noah Gordon. Indudablemente, "El Médico" es una de sus obras maestras. Palpitante historia, llena sobretodo de emoción. No es sencillo encontrar libros de extención y que casi literalmente uno se los debore. Más que recomendable.
Bueno, acabé. ¿Se supone que tengo que enviárselo a alguien? Y ahora... uy, no se. Lo dejo para quien lo lea primero y todavía no lo haya hecho.
Chao.

miércoles, 22 de abril de 2009

UNA HISTORIA PERDIDA (Primera Parte)


I

Mobolinho. La mañana lo despertó con frío, como siempre que se recordaba simple pero profundo, solo pero sincero y, sobretodo, fuerte y suficiente. Ese frío que no conmueve, pero que permite añorar la noche que se fue, la madrugada que se va y el sol que pronto llegará. Las nubes apenas rosadas, casi anaranjadas ya, adornaban el cuadro pintado en la vieja ventana de su casa; esas viejas casas construidas puliendo todos los detalles, resistentes al agua, al viento y a la soledad. Viejas casas que con febriles manos de gato recuperan un encanto perdido en el pasado, remembranzas de lo que nunca fue y se espero que sea.

Abandonó su habitación, ya sin las marcas de sus sueños irreconocibles, ya oscurecidos en una memoria pendiente de lo “importante” y no de las ilusiones que la mente crea durante la noche; cuando, con los ojos cerrados, la imaginación viaja por mundos insólitos, grises o apenas plateados, llenos de emoción y de nostalgia. Salió con aire entusiasmado a tomar el aire fresco que dejó como estela indeleble una triste madrugada; permaneció con los ojos cerrados, aspirando exageradamente el aire que entraba por sus fosas, hinchando el pecho como quien se cree tan capaz de volar junto con vientos de una primavera surrealista, como de servirse un tinto.

Apenas una leve brisa en su aun tibia cara le recobró a la realidad, en esa en que se está parado en medio de un balcón, mientras sigilosas viejitas de té y mantel vigilan entre las cortinas de una casa aledaña; o aún, oscuros fisgones merodean pretendiendo encontrar algo de que entusiasmarse para emprender el camino a una nueva jornada; pensamientos lúgubres que pretenden transformarse en aquellas razones que siempre se buscan para seguir la punzante “vida” que les ha tocado “vivir”. Así estuvo y, casi como un sobresalto, la vergüenza de verse visto, de manera tan lamentable y hasta burlesca, lo lanzó hacia el interior de su habitación, casi sin percatarse si alguien lo había observado.

Se sentó en la pequeña mesita blanca que tenía para su desayuno. El viejo microondas del inquilino anterior, todavía utilizable, que lo dejó con ese sencillo pero rebuscado mensajito “Para quien lo quiera”; allí calentó su taza de leche y cuando por fin la pudo mezclar con el cafecito de sobre que tenía mal acomodado sobre la alacena, recordó lo que no quería recordar, y las lágrimas que querían salir, acorraladas y aprisionadas por la dureza de su corazón, le hicieron bajar la cabeza, pasarse la mano por la frente y mirar consternado y meditabundo el fondo de un pared blanca, buscando alguna respuesta; falsos dilemas, falsas preguntas, respuestas inexistentes.

Ya había pasado más de un año desde que lanzó la puerta, con maleta en mano, ante las lágrimas de su madre. No volvió la mirada, a pesar de que su madre lo deseaba; no regresó a golpear la puerta, aunque ella lo suplicaba en su interior. No regresó nunca más, aunque ella lo lloró todas las noches. Solamente un día, una tarde, la visitó. Pero si de algún lugar había él sacado su orgullo, era su madre la más fidedigna razón. Miradas ásperas y silencios abrumadores y lastimeros. Un, “¿como está?, bien sin novedad”, fue apenas lo que se escuchó en cuarenta minutos. Se despidieron, él la miro con dureza pero con respeto, y ella con tristeza pero con firmeza. Salió queriendo abrazarla. Se quedó, llorando en su interior por no haber acariciado sus cabellos.

Solo eso recordaba cuando ya sentía sus mejillas humedecerse. Se levantó aun ensimismado, enjugándose sus lágrimas y metiéndose a la ducha con los ojos cerrados y el agua caliente sobre sus hombros. Lloraba incesantemente, pero sentía la necesidad de hacerlo, de estar ahí parado siglos enteros hasta que se secara todo y, por fin, sin ningún reproche ni lamento, salir a ser un “hombre de bien”, de aquellos fabricados para no llorar; de esos que llevan en sus escudos, “no mercy”. Pero él no era de aquellos hombres, y por eso salió con los ojos rojos, sin querer mirarse al espejo, y sin pensar en nada más que en absurdos, vestirse, ponerse la loción que ya era solo alcohol, y salir despechado con la mirada al piso, hacia el camino trazado por su escondido destino.


(Continuará...)