miércoles, 4 de marzo de 2009

TRES GOTAS DE AGUA

Se sentó en el banco recién abandonado y callejero de ese parquecito de la esquina. Unas cuantas palomas alborotadas, ensimismadas quizá, buscaban anhelantes alguna migaja, algún trocito de galleta, de esas que tienen las abuelitas en sus armarios y que todo nieto chiquito contempla como quien espera el oásis en medio del desierto.


Miró al piso, contempló un momento las ranuras de la enorme pieza de cemento colocada sobre la tierra, ahora acomodada como un adoquín para el paseo de los caminantes. Las gotas de lluvia empezaban a caer y se preguntó: ¿en dónde y por dónde han estado y pasado estas gotas, transformadas y metamorfoseadas?


Imaginó una enorme laguna reseca, seguramente abundante en tiempos pretéritos, otrora fuente de vida y armonía; pues podría ser que la gota que apenas se posaba sobre su nariz, y luego caía indiferente sobre un piso frío, hizo ese viaje misterioso hace siglos, llegando a las alturas de las nubes, transformándose en una informe masa, quizá transparente quizá levemente rojiza; para luego de descansar por casi una eternidad, como en aquel sueño que seríamos capaces de conciliar sobre la hamaca frente a un mar de luces y constelaciones inimaginables e intangibles, caer fatalmente al encuentro inesperado con algún amor desconocido, que bien puede ser simplemente el darse inauditamente contra el piso.


Y aquella otra gota que fue a parar en su bota negra, disgregándose por los flancos hasta llegar al breve charco que se empieza a formar; un viaje empezado en lugares remotos, en el concluir de una lluvia diluviana, con toda una época de olvidos y melancolías de por medio, hasta decidirse, luego de meditarlo por toda una tarde, al despertar de su inconsciencia, volar por un cielo gris pero prometedor, hasta la caída en una nueva convergencia en la cual encontrarse con sus hermanas y festejar ese instante de reconocimiento y certeza.


Algunas gotas caerán indiferentes, como individuos que pasan a un lado de cada quien, con su idea y sus decisiones, sus pensamientos y sus desvaríos. Unas cuantas gotas caerán en el cuello y nos estremecerán, como el pétalo hecho labios que roza una anatomía abandonada, repletando su vacío corazón de vivas llamas indescifrables.


Una gota más fue a caer en su mano, y al momento de levantarse y tocarse la frente en busca de atenuar la evidencia de su fruncido ceño, sentir mojarse la cara. Así, volver por el camino de adoquines, mirando al cielo, pisando las hojas secas, regresando a su solitario hogar.

jueves, 22 de enero de 2009

Contradictoriedad

Al abrir mis ojos cada día
Sonrío un poco al divisarte
Lejana pero presente en mi ironía
Soledad inevitable en mi pensarte

Anhelo a tus ojos encontrar
Mi mirada y la tuya acompasar
En melancólicas notas de guitarra
O lastimeras melodías de cigarra

En lo profundo de mi corazón yo busco
La clave de un misterio sin respuesta
Cuando a tus ojos con toda ilusión yo miró
Sin quererlo de tu belleza aparto mi mirada

Presiento tu cintura entre mis manos
Como el sueño de un pastor entre montañas
Camino inciertamente por tus rutas
Me pierdo ilusamente por tus labios

Ahora que te veo tan lejana
De hecho nunca cerca pude verte
Sin saberte como alma de mi alma compañera
Solo añoro el indeleble instante de mi muerte


Yo.
Fin.

miércoles, 7 de enero de 2009

CORAZÓN DELATOR O ESQUIZOFRENIA

Tanto Edgar Allan Poe como Soda hicieron creaciones maestras con ese título (la primera mitad del título, esta claro) ... obviamente, los segundos inspirándose en el primero, pero en dos ámbitos distintos del quehacer humano: el asesinato y el amor... o sea, casi lo mismo.


Ahora si, abramos el telón.



Saludos. Como siempre, desvariaré.

La vida está marcada por épocas y esas épocas están marcadas por diversas cosas, situaciones, acontecimientos, sentimientos, encuentros, memorias, entre otras. Entre esas “cosas” que marcan esas épocas, ocupan lugar preponderante las manifestaciones artísticas -lato sensu- , concretamente la música, la literatura y el cine. Motiva lo que escribo en este post, la recordación de una de las películas que marcó mi niñez; época de imaginaciones, sueños y curiosidad, pero también de desengaños, descubrimientos y conflictos -no me equivoqué, al menos en mi caso; hablo de niñez no de adolescencia-. Es una película -que en realidad son tres- de la que siempre se pueden extraer una serie de mensajes que uno los puede percibir en distintas épocas; por eso, aunque haya marcado mi niñez, cuando la he vuelto a ver a lo largo de mis hasta ahora 23 años, siempre vuelvo a plantearme nuevas incógnitas y sus respectivas dudas, así como a recibir nuevos mensajes. Marcó mi niñez, por el tema central de la trama; pero ahora me referiré a otra cuestión de la que me percaté no hace mucho, y que dependiendo del momento puede despertar(me) carcajadas o lamentos.

Es la segunda de las tres, en que estando en el año 2015 (parece hasta irónico, que ya hoy en día falta tan poco para llegar a esa fecha) un doc Brown con una mirada mezclada de solemne seriedad y fantástica ironía, afirma que destruiría el De Lorean -y las bestiales consecuencias que ello implicaba- y se dedicaría a resolver el “otro” “Gran Misterio del Universo…”; momento en el cual, previo a la sentencia inobjetable del científico, Marty aguarda impacientemente absorto las frases que constituyen la más grande y dura verdad para el género masculino: “…la mujer”.



Aquel que fue capaz de inventar una máquina del tiempo -yo se que estamos en ficción, pero de ficciones se alimenta nuestra realidad y viceversa-, una mente de ese calibre, llega a afirmar con toda autoridad que el “otro” “Gran Misterio del Universo” (en adelante, GMU… jajajaja) es la MUJER; esa frase implica que el “un” GMU es el viaje en el tiempo, o el tiempo; y el “otro”, simplemente “la mujer”.

Gollum le planteaba a Bilbo Bolsón un acertijo que se le hacía francamente indescifrable; luego de que mutuamente hayan acertado a responder los más complicados, que incluso el ávido lector llegaba al estado de la desintegración celular cerebral, uno que se planteaba en palabras tan sencillas, como un “monstruo” indestructible e invencible, que devora todo cuanto está a su paso, tuvo que el de la familia Bolsón acudir a la suerte para atinar a decir “tiempo”. Y así es como el tiempo y todo lo que a él atañe, bien puede considerarse uno de los GMU, o si no el más grande de todos. Quizá quien tuviera la clave de ese misterio, tendría todas las claves.


Pero, ¿Acaso Palpatine no encontró en la mujer el mejor pretexto para convertir a Anakin al lado oscuro? O el médico que se enfrentó, luchó y sobrevivió a la Peste (Camus) ¿no añoraba tanto las fortunas y los placeres como la compañía de la mano tierna de la mujer amada? No fue María de Magdala quien curó las heridas de Jesús, le enseñó aquello que no podía aprender por sí solo, y no lo abandonó nunca más? (Saramago, Evangelio según Jesucristo). Un chiquillo quiso cumplir sus sueños saliendo del pueblo que lo vio nacer y crecer; y cuando volvió al pueblo, al cabo de muchos, muchísimos años, quizá lloró por quien fuera aquella persona que le hizo conocer la magia del cine y le convenció de cumplir sus propósitos, pero sus mayores penas y nostalgias provinieron del entrañable recuerdo de aquel amor adolescente, que parecía iba a durar toda la vida, pero que cesó abruptamente y nunca más regresó… y por ello, lloró (Cinema Paradiso). Pues ahí surge de nuevo la pregunta, ¿cuál es el más grande y complicado GMU? Creo que la mayoría concluiremos con la misma respuesta del doc Brown, pero con la pequeña salvedad de que no lo consideraríamos el “otro” GMU, sino “el” GMU.




Pero, sin embargo, la respuesta es incompleta. Todo siempre depende de la óptica desde la que se mira y de quien lo mira. Un gran castillo con altas torres y puertas de cristal, rodeado por enormes elefantes blancos que vuelan a su alrededor vigilándolo de los dragones azules que lo merodean, puede ser para un adulto, partiendo que lo anterior es una visión de un niño o de una imaginación inspiradora, una simple y pendeja nube. En la observación del GMU, partimos de un instrumento nada objetivo, muy poco metodológico, bastante arbitrario y por completo ajeno a nuestro control volitivo: el amor.

Pues, entonces, tenemos al amor como el lente que distorsiona la realidad y a algo sencillo (bastante discutible, pero algo de dignididad hay que tener jaja), lo puede convertir en un gran GMU; y, en el caso concreto, el gran GMU. El amor establece caminos sinuosos, fronteras inexpugnables, puentes colgantes que penden de un trozo de soga, como ese desde el cual se aprecia el “Pailón del Diablo”, que uno no sabe en que momento se cae mientras se ruega para que la obsoleta cámara instantánea “Polaroid” del fotógrafo del lugar se apresure a sacar el papelito. Un túnel que aparentemente presenta una luz al fondo, pero que en realidad es un fuego dulce, que conforme te aproximas incinera tu alma, pero que por la propia intensidad de su fulgor y cual manifestación del vértigo más incontenible, no puedes dejar de desear y palpar; al final, el resultado siempre es la incineración total, y como la “energía no se destruye, solo se transforma”, puede o bien convertirse en margaritas o girasoles, o bien en cuy, hámster o guigi guigi de estanque de redondel.


Cuando el lente arriba descrito es retirado y se utiliza otro, seguramente ya no habrá GMU que valga la pena, sino, quizá, apenas y de poco en poco, un GM galáctico, terrestre, sudamericano, ecuatoriano, quiteño, y así, hasta llegar a la mísera manzana donde vives o el conjunto residencial y/o/u condominio (no he tenido la experiencia, pero supongo... pero soy buen observador ¡!)

Por ende, el gran misterio del universo no es ni la mujer, ni el amor; la una, porque sin el otro no propicia el interés suficiente como para llamarse misterio, que siempre será una forma de categorizar algo que nos genera inquietud y deseos de conocer; y lo segundo tampoco, pues no es más que un lente, un medio, poderoso no solo y más bien en grado mínimo porque es capaz de distorsionar todo, sino porque puede sacar del espíritu humano sus más bellas manifestaciones. Entonces: A + M, da como resultado, GMU.

Ahora concluiré con una frase de Sábato, en su Sobre Héroes y Tumbas, concretamente en el famoso Informe sobre Ciegos, en donde encontré una posible respuesta a una serie de situaciones que me ocurrían hace un tiempo, ya años, y que me parecía extremadamente sospechosas, pues no podía creer que cosas que quizá deseaba en mi interior -seguramente con tanta fuerza que yo mismo por temor trataba de no darme cuenta- pero que aparentemente negaba desde de mi consciencia, sucedían hasta con exageración. Reza de la siguiente manera:

Y cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin que esté dentro de las posibilidades del mundo determinado, cuando se movilizan no sólo las fuerzas conscientes de nuestra personalidad sino las más poderosas de nuestra subconsciencia, se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas en torno de uno que impone a otros seres nuestra voluntad, y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.


Khaos.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Sueño



Se despertó ya muy tarde, bien entrada la noche y con ansiedad; miró al techo, contempló la nada por un par de minutos y se incorporó. Mientras trataba de remediar las greñas originadas por la lucha con su almohada y de sentir que había en ella menos pelo que el dejado ayer, aún a oscuras, tomó un abrigo negro, ya con signos evidentes de ancianidad -dado que en ciertas cosas han transcurrido más largamente las vidas de nuestras almas, se decía siempre-, y salió de su casa, con los ojos lagrimosos.

Salió a la calle, lo encontró una leve llovizna que le impedía mantener los ojos lo suficientemente abiertos como para no sentir la melancolía de sus párpados. Anduvo por la calle vacía, lo que en cierta medida era una situación no despreciable dado que incluso un gato al acecho de alguna aventura nocturna que por allí merodeaba lo miró con extrañeza. Bajó por la cuadra siguiente y se detuvo un instante a mirar al cielo, mientras las gotas le picaban el rostro con incesable algarabía.

Decidió continuar su caminata, y llegó hasta la plaza esquinera, una especie de parque más parecido a un parterre central redondo con bancas y una muy pequeñísima pero no por ello poco antiestética enmohecida e inservible pileta. Hasta allí se dirigió como un autómata, solo por la inercia de caminar por rutas inciertas. Miró al fondo del bebedero, y no encontró más que lechosas babosas luminosas, dejando viscosos rastros sobre las monedas que alguna vez, por algún enamorado incomprendido -quizá él mismo se dijo-, fueron lanzadas augurando dichas nunca alcanzadas, antes quizá extraviadas, o saqueadas, como muchas monedas ya no presentes.

Se sentó un momento, y miró a las estrellas. La noche era oscura, la ciudad apagada, brillosas en la eternidad las estelas incesables de los cometas y los astros, transfigurando un cielo melancólico, en melodías de una diva inescrutable. Se volvió a interrogar, nada más que una pregunta de aquellas que se hacen cuando miramos una hormiga y nace el sentimiento de pequeñez, que seguramente Plutón -de hecho ya degradado nuevamente- sería el hijo despreciado por el Sol, oscuro, lejano y pequeño, sin gracia ni anhelo, olvidado por su padre y sin amores que relatar; y, ¿no será ese, finalmente, al cabo de un millón de años, la suerte de esta Tierra? No es que acaso el Sol, hermafrodita incomprendido, pare cada cierto tiempo, un nuevo planeta, ansioso de que cumpla su misión, dándole su adolescencia en el tercer ciclo, y siempre defraudado, ahora quizá con más razón, y por eso ya decidido a dejarse morir.

Una luz apareció de la nada, cuando en estas importantes cuestiones se hallaba; una tenue pero persistente y hasta molesta luminosidad azulada llegaba desde algún sitio no definido. Aumentaba cada vez más, y su calor ya lo abrazaba con suma violencia, como queriendo incinerarlo, hasta un punto en que sintió su cuerpo derretirse, desparecer, invisible. Ya no se veía, no era más materia, era algo, pero no era nada, no se veía, pero se sentía, no sentía su cuerpo, pero algo sabía que había ahí, y era él, o quizá ya no podía saber si era él, o sea, podía acaso ser él, o ella, o qué, ¿qué era entonces? Indefinible, llegó hasta un punto en que la luz se tornaba blanquecina, hasta un poco dorada.

Se acercó y percibió que pensamientos incesantes inundaban su mente, o le inundaban, pues ya no podía saber si tenía mente; pero no eran ideas suyas, no era algo que naciera de él, era como si se los pusieran justo en el momento previo a que las adivinara, como cuando el profesor hace una pregunta sabiendo de antemano que nadie contestará, pero alguno se ilumina de la nada, respondiendo solo por intuición, a tal punto que lo que en principio fue orgullo, terminó en humillación cuando se le requirió la explicación. Por fin comprendió que no eran pensamientos suyos, ni de su consciencia -si es que, se volvía a preguntar él mismo y yo aquí lo repito, se podía aún utilizar términos descriptivos propios de seres de carne y hueso- eran ideas que le ponía alguien, o algo en sus ideas.

Se que una vez no quisiste verla, y todos los días te aparecía, incluso en ascensores solitarios- eran frases que a su mente translucían. Si, es verdad, pero eso que tiene que ver ahora, porque viene esto a mi- esta idea ni siquiera la estructuró así, las respuestas venían automáticamente, no había un diálogo como se lo concibe normalmente, pero algo hay que hacer para entender, y no hay más que escribirlo como lo entendería un ser humano:






-Eso aun te atormenta.
-No es “eso”, eso es “parte de eso”.
-Quizá tú lo ves así, pero quizá esa “parte” sea el “todo”; o ese “todo”, viene explicado en su completitud por la “parte”.
-¿A qué quieres llegar?
-Pides morir cada noche, sabes que no eres tan valiente para hacerlo tú mismo, y pides no despertar, pero siempre despiertas.
-No me voy a sorprender con tus adivinanzas, ya todo esto de estar así sin saber que mismo soy es suficiente para darme cuenta; pues es cierto, pero no me respondes.
-Lo uno no tiene relación con lo otro… ¿?
-Ya te lo dije antes.
-Si la pudieras…
-Si, la pregunta está demás, visto lo que sabes de mí.
-Aquí veo todo cuando se puede ver, no ocultas nada, está ahí, todo, y tú también podrás ser capaz de ver lo que quieras ver.
-Cuando tenía carne y huesos me di cuenta que hay cosas que sería mejor no ver.
-Por eso no he visto todo, y por eso te pregunto algunas cosas, para que tú las acomodes mejor.
-Lo más horrible de mi está a la vista, no es para espantarse.
-Quizá lo más horrible no es eso que tú crees, quizá….
-La soledad, si, no lo había pensado antes, pero…
-Tú la elegiste.
-Ella me eligió, yo no elegí lo que puede ser elegible; cuando uno es niño (allá en el mundo) las únicas elecciones son las que tus padres te presentan, helado o chocolate, pan o cereal, y no conoces todavía las papas fritas o el yogurt; y además, yo no puedo elegir cereal, si nunca aprendí a comerlo…
-Puedes aprender.
-Hay cosas que uno no quiere aprender, o para las que no está preparado; como si me dicen quieres aprender a comer fuego…
-Y si no aprenderlas implica tu infelicidad.
-El problema es que esa decisión ya está dada, ya hay cosas que no cambian.
-¿Esperas algún día que llegué… … … no me dices nada…
-No hay nada que decir, mi esperanza nunca desaparecerá, pero mi razón ya me dio las respuestas.
-Eso que tú llamas “razón”, es en verdad lo más oscuro de ti.
-Esa, así sea gris, es mi fortaleza.
-Es tu prisión, te sientes seguro adentro de ella de los peligros de afuera, pero no te puedes librar de los tormentos de adentro.
-No puedo elegir algo distinto, mis experiencias no las escogí y la forma de asimilaras tampoco.
-Vas a seguir pidiendo el mismo deseo.
-Si lo haré, porque tengo la esperanza cierta de que se cumplirá, a todos les llega.
-¿Y si ya te llegó?
-No me ha llegado, porque no habría razón para esta conversación.
-Te equivocas, quizá tienes otra oportunidad.
-Mi oportunidad ya se terminó, estaré condenado a repetirla; nadie da "las" oportunidades…
-¿Si tuvieras que escoger entre volver y quedarte en esta luz, qué harías?
-En esta luz, no he perdido la consciencia de mi desolación, no tengo ventaja alguna aquí; si vuelvo, al menos mi cuerpo podrá satisfacerse.
-Tu cuerpo te destruirá a la larga.
-Quizá eso espero.
-Vas a volver, no hay otra salida a fin de cuentas, pero nada cambiará, si eso es lo que esa luz ahí que salió por donde estás quiere decir.
-No se puede controlar el espíritu de la esperanza.
-Adiós.



Y despertó sentado, en una pileta mohosa, agonizante, como él.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Preguntas Impreguntables

Está escrito… de Francis Cabrel, es la canción de fondo que me acompaña mientras escribo este post.



El martes me juego mucho en unos exámenes, pero me doy una horita de descanso para que mi mente no explote (aunque como se verá, por lo escrito, esto es absolutamente contradictorio); y lo mejor que puedo hacer para ello, luego de haberme leído unos 5 blogs, es escribir.



Iniciaré con una pregunta que, por evidentes razones que únicamente quedarán develadas a la terminación del texto, resultará decididamente impertinente con el tema de fondo; sin embargo, y he ahí la gran contradicción -que precisamente constituye esta vida que toca vivir a diario- si comienzo así es porque alguna relación tiene… o, al menos, yo le quiero dar esa relación. Es como una vez que conversaba con mi hermana acerca de si los colores existen de por sí, o solo cobran vida si es que hay una luz que los haga existentes frente a nuestros ojos. El asunto tiene particular relevancia, especialmente si consideramos que una persona ni siquiera invade la esfera cósmica de nuestro metro cuadrado imaginario, sino cuando con una mirada profunda, incluso vacilante pero insistente, sublime pero lastimera, pasa a ocupar la primera plana del matutino de nuestros pensamientos. Pues si, desde ese momento existe, pero, ¿y antes? Pueden haber casos curiosos, de personas que existían “de cierta manera” y que ahora existen “de otra manera”, o de una “manera muy especial”. Se explica el asunto de como “una” existía como “amiga”, pero ahora existe ya no como “amiga”, sino como “diferente”. Claro, son situaciones que muy difícilmente tendrán explicación racional; de hecho, muy poco tiene explicación racional, porque sería suicida ponerse a determinar todas y cada una de las casualidades, coincidencias o avatares de la vida que nos condujeron a determinada situación -la que a la larga no será más que otro de esos eslabones que nos conducirá a otra situación, infinitamente-. El esposo quizá nunca hubiera conocido a su esposa, si es que de chiquito la rectora de la escuela no le hubiera dicho que pisar el césped de un jardín es de pésima educación, lo que influyó de tal modo en su mente que en aquel martes de julio decidió arriesgar su vida cruzando la calle por la mitad, ante decenas de carros pasando junto a él, que pisar el parterre central adornado con dientes de león y un ya desmejorado arreglo en césped, ahora transformado en hierbas malas, y así y todo cruzarse por ese lado ante la arremetida de un ciclista, circunstancia que provocó que la joven que venía trotando inopinadamente por el parque lo mirará, pues llamó su atención tan “florido” espectáculo, haciendo que sus miradas se cruzaran. O en todo caso, como en una muy recordada película de los 80’s, el joven que veía sus extremidades superiores desaparecer porque se hallaba impedido de tocar la canción que provocaría que sus padres se dieran el beso que impediría que se pudieran separar para siempre.





La pregunta a la que se hizo referencia hace ya un largo párrafo, insultante de toda regla metodológica, (ahora escucho Memory of Trees de Enya), es la siguiente: ¿existe vida después de la muerte? El profesor o profesora de física siempre repetía: la energía no muere, se transforma. Pues entonces, si partimos de que nuestros cuerpos inertes, cual desagradable víscera comible, son la cárcel, la jaula o la habitación de una energía más poderosa, un alma, un espíritu, un aura o como quiera llamársela, concluiremos que puede ser que haya vida después de la muerte; pero la gran duda que surge es, ¿y por qué diablos se tienen que aplicar reglas tan racionales como las de la física, a situaciones o sucesos tan metafísicos, por decir lo menos, como la transmutación de nuestro espíritu en algo más? El gran peligro que se corre al hacer estas divagaciones, es el de llegar a concluir con una interrogante demasiado profunda para seres tan sencillos como los humanos: ¿y qué sentido tiene vivir una vida tan material, si hay algo trascendente? Pues ahí surgirán muchas justificaciones acerca del valor de la vida, de lo que debemos o no debemos hacer, a la larga, de lo que está bien y de lo que está mal, que es lo que finalmente guía toda nuestra vida, incluso inconscientemente.



Pero bueno, la idea sería que puede que no tengamos vida después de la vida, o que si la tengamos, pero la gran duda que siempre se mantendrá es si somos algo más que simple carne y hueso; es decir, si hay algo más, si hay algo profundo, que transcienda el pensamiento, las sensaciones corporales. Y en el arduo transitar de la vida, muchas veces nos encontramos con momentos que, si somos escépticos, nos hacen dudar; y, si somos convencidos o, como diría alguien prejuiciosamente, “esotéricos”, nos hará temblar. Si una mirada nos cautiva, y sentimos algo dentro estremecerse, pues ahí nos preguntaremos algo, algo nos preguntaremos sin duda. ¿Será cierto eso que dicen que hay encuentros cercanos con la muerte? Una vez mi madre me contó que tuvo un accidente de automóvil con volcada incluida; vio una luz al fondo, un túnel para transitar diríamos; para la época de tal evento automovilístico estrepitoso, habré estado en el promedio de mi segundo lustro de vida, lo que seguramente influyó para que una vos dijera a mi madre, quizá una vos de ella misma, quien sabe de qué o de quién, no es tu hora, tienes a tus hijos que cuidar. Quizá este hecho no suene tan increíble, como aquella ves que previo a un paseo de mi hermana soñó que una chica moría en un accidente al caer por un rió contra unas piedras, hecho que efectivamente ocurrió días después.



Con cierta frecuencia, siento que ya he vivido determinadas experiencias, que las vi, las sentí antes, y las vuelvo a ver. Y son sueños, situaciones sin explicación. (ahora escucho “Jours tristes” de Yann Tiersen).



Entonces, cabe preguntarse, ¿puede esa energía, ese espíritu, ese algo trascendente e inexplicable, encontrar un energía, un espíritu o un algo trascendente que lo complemente, que lo trastorne, lo desubiqué pero le de sentido a su existencia? La pregunta no es inoficiosa, es vital; y, quizá, sea algo complicado entender estas situaciones, o simplemente asuntos bizantinos que sirven de escudos justificantes a ciertos cobardes románticos.



Si hay algo contradictorio en el mundo, paradójico, insoportablemente indescifrable, es el ser humano. Puedo ser muy crecido para muchas cosas en mi vida, pero un niño para muchas otras. Un niño al que le llegan muy fuerte las energías de las personas, un hombre al que le pesan sus prejuicios, sus dudas que no quiere contestar y que solo el niño que tiene dentro le hacen buscar constantes respuestas, quizá con un dosis muy fuerte y absurda de ilusión. El niño que quiere vivir, el hombre que quiere morir. El niño que quiere levantarse y reír, el hombre que cae a llorar. El niño que llora con sencillez e inocencia, y el hombre que llora por cobardía e impotencia. Y en fin, el niño enamoradizo, y el hombre decepcionado y decepcionante. El equilibrio, creo que quizá sin darse cuenta Tomás Moro ya la representó en su Utopía; es una utopía, que siguiendo a Galeano solo sirve para caminar, y caminar; pero en la caminata, todos necesitamos una cantimplora con agua, porque sin agua, no hay vida; sin amor…






(P.D.1: bueno, aquí estuve viajando en un barco que se dejó llevar por la marea, de allí la mezcla y cambios repentinos de estilos en el relato, de intensidad y de dinámica; últimamente, no estoy para historias completas, ni aquí ni en la vida real… ¡¡¡pero que digo!!!, esto también es real, pero puedo intentar hacer que no parezca real).






(P.D.2: Recomiendo, con altas dosis de adicción, “Algún día”, de Soda; canción que servía de telón a este grandioso ex grupo para su último concierto, y que supongo no se escuchó en Guayaquil por los “siempre infalibles” problemas pendejos que colman a nuestro país. Es una canción en homenaje a Queen, una reversión de una canción de ese grupo, lo que ya va adelantando la calidad y exclusividad de esta canción).http://video.google.com/videosearch?q=algun+dia+soda&emb=0&aq=o#