Conversaba Siddharta con el comerciante Kamaswami, y aquel le decía en un determinado momento:
"-Yo sé pensar. Yo sé esperar. Yo sé ayunar.
- ¿Eso es todo?
- ¡Creo que eso es todo!
- ¿Y para qué sirve? Por ejemplo, ¿para qué sirve el ayunar?
- Para mucho señor. Cuando un hombre no tiene nada de comer, ayunar es lo más razonable que puede hacer. Por ejemplo, si Siddharta no hubiera aprendido a ayunar, hoy tendría que aceptar cualquier trabajo en tu casa o en cualquier otra parte, pues el hambre le hubiera obligado a ello. Pero, de esta forma, Siddharta puede esperar tranquilamente, no conoce la impaciencia, no conoce la necesidad, puede dejarse sitiar largo tiempo por el hambre y puede reírse de todo. Por esto es bueno ayunar, señor.
- Tienes razón, samana. Espera un momento".
Muy sabias palabras. En efecto, cuando se ha aprendido a ayunar, la impaciencia y la necesidad se diluyen. Cuando la ausencia de lo deseado se hace insoportable, solo resta aprender a ayunar. Si lo aprendí durante tantos años, no tendré impaciencia ni dolor en seguir así si es necesario, y podré reírme de todo si llega a hacerme falta.
He dicho.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010
domingo, 25 de julio de 2010
MADRUGA LA NOCHE
El sol salió y la noche no terminó. La madrugada había sido olvidada, cuando Juana salió de su dormitorio y se echó casi desnuda sobre la alfombra de su sala; los brazos extendidos y sus piernas alargadas, con la ligera manta que apenas cobijaba sus inquietantes formas. El frío abrumó sus pensamientos dejándola sin respiración por unos breves instantes, mientras el tímido calor de la mañana apenas se colaba por entre los dedos de sus manos. El olor del chocolate caliente proveniente desde algún rincón del viejo edificio donde residía, le hizo incorporarse y salir apenas vestida hacia las afueras de la suite en la que habitaba, la que le había cedido temporalmente un olvidadizo amigo suyo. Con los pies descalzos sintió lo áspero del mal limpiado piso del corredor, y caminó dejándose llevar por el tentador aroma que percibía su olfato. Llegó hasta el departamento 4-A, frente a cuya puerta se detuvo y permaneció unos cuantos instantes sin reaccionar; cerró los ojos y en lo que fue más un acto de apariencia que una verdadera manera de afinar sus sentidos, elevó levemente su quijada y expandió sus fosas nasales, solo con el objeto de intentar que el olor de aquel chocolate dulzón y penetrante llegara hasta el interior de su espíritu, llevándola a sentir la ausencia de la soledad que la tenía sepultada entre las sábanas dominicales de su mal arreglada y poco a poco apolillada cama. La puerta se abrió, de repente, pero nadie apareció inmediatamente; pensó que se trataba de uno más de aquellos fantasmas que la solían merodear en los nocturnos viernes abandonados de las más largas semanas de un abril insoportable. Abrió sus párpados y se encontró frente a la presencia de un inesperado, pero de apariencia insolente, desarreglado y no muy interesante vecino-transeúnte. Las palabras que debían haberse pronunciado, los versos que pudieron haber sido cantados, y las sensaciones que tuvieron que haber sido experimentadas, quedaron guardadas y añejadas en el cajón de los olvidos y las melancolías. La puerta se cerró y ella, caminando ya de regreso a su morada, sintió dos lágrimas brotar desde sus ojos, bajar por sus mejillas sonrojadas y descansar en las cercanías de las comisuras de sus labios, momentos cuando se sentó en el maltrecho sofá de su pieza, y cerró los ojos confirmando que la noche se prolongaba, pero acompañada del inclemente frío de la madrugada infinita.sábado, 13 de marzo de 2010
LLANTO
Solo un diminuto pájaro rojo volaba por entre las claras nubes de ese desengañado atardecer, recubierto por escarcha y serpentinas color escarlata. Sobre uno de los banquitos de aquel lejano parque, descansaba una reseca hoja café, que había caído lentamente durante eternos segundos desde la casi desnuda copa del mismo árbol abandonado de siempre, aquella imagen lejana de ciprés alto e infinito. No miraba nada más que los colores de su propia ceguera, el arcoíris secreto de las ilusiones de su mismo pensamiento, de sus mismas idealizaciones futuras, de aquellos amores fantásticos que solamente se concibieron en lo profundo de sus cavilaciones, en lo más hondo de sus infernales llantos. El corazón latía casi paralizado; por momentos, recordaba aquellas frases trilladas de las que pretendía vanamente ser autor; esa frase que repitió en su mente, tal cual una declaración de amor jamás pronunciada: los ojos son una representación externa de mi corazón, una manifestación sublime del interior de ese sentimiento incontenible que sale a la luz cuando el brillo de una estrella se opaca ante la incandescencia de una mirada, ante el suave crepitar de la garúa que aguardaba mi llegada. Sostuvo su respiración por un breve instante, empapándose con las primeras lágrimas tardías de su corazón, transformadas pronto en el inconsolable llanto de esos sueños que nunca se cumplieron, que solamente vagaron por las alcobas vacías de esas historias de falsa nostalgia, de hechos que jamás ocurrieron, que solamente rondaron su cabeza cuando los necesitó como refugio ante tormentas más desastrosas e hirientes. Cuando se preguntó las razones de sus desencuentros, simplemente halló la lágrima reseca de su corazón oprimido y apagado. Encontró la respuesta a la desidia de su alma, al cansancio de sus ilusiones, a la noche de sus atardeceres; a su ingenua soledad.
lunes, 1 de marzo de 2010
ONE DAY THE SUN WILL COME OUT
Quise escribir, pero no tuve inspiración suficiente; estos días han sido bastante indescifrables y no he podido hallar motivos y argumentos para escribir algo que salga verdaderamente del fondo de mi corazón o del a veces llamativo ingenio de mi mente. Así que me he limitado a transcribir el texto de una canción que estaba escuchando a propósito de… y que bueno, me agrada para ciertos momentos, como este justamente.
Lovers in Japan
Coldplay
Lovers, keep on the road you are,
runners, until the race is run,
soldiers, you’ve got to sold your own
sometimes even the right is wrong
They are turning my head out
to see what I’m all about
keeping my head down
to see what it feels like now
but I have no doubt
one day, we’re gonna get out
Tonight maybe we’re gonna run
dreaming of the Osaka sun
Oh, oh
Dreaming of when the morning comes
They are turning my head out
to see what I’m all about
keeping my head down
to see what it feels like now
but I have no doubt
one day the sun will come out
I truly believe: one day, the sun will come out. For sure.
Lovers in Japan
Coldplay
Lovers, keep on the road you are,
runners, until the race is run,
soldiers, you’ve got to sold your own
sometimes even the right is wrong
They are turning my head out
to see what I’m all about
keeping my head down
to see what it feels like now
but I have no doubt
one day, we’re gonna get out
Tonight maybe we’re gonna run
dreaming of the Osaka sun
Oh, oh
Dreaming of when the morning comes
They are turning my head out
to see what I’m all about
keeping my head down
to see what it feels like now
but I have no doubt
one day the sun will come out
I truly believe: one day, the sun will come out. For sure.
jueves, 18 de junio de 2009
UN CHOCOLATITO CALIENTE
Sin duda aquella vez fue de recuerdo -ya meses de ello realmente- pues no planifiqué intentar una travesía posiblemente de apariencia corta y poco aventurera, pero sin duda muy interesante, bastante curiosa. Salir del trabajo sin saber que hacer no es algo, diríamos con algo de ironía, muy normal; y, es irónico, porque uno pensaría que siempre se puede hacer alguna cosa, así sea respirar mientras recorre con la mirada las fantásticas figuras dibujadas en un conjunto melodioso y sinfónico de nubes anaranjadas en los albores de un tibio atardecer.
Caminé unos cuantos pasos tratando de descubrir –descubrirme- la naturaleza de mi inmediato y momentáneo interés; y así indagué un buen rato, mientras me adentraba por las rutas perdidas de “El Ejido”, sin siquiera reparar mucho en el destino escogido. Anduve observando las muestras expuestas de esas artes populares, destinadas con afán a los turistas extranjeros; unos lindos ajedreces que uno pensaría solo encontrar en ciudades de lo que en otros países llaman “el interior”, pero que acá no es más algo que creemos olvidado sin recordar lo olvidados que somos todos, hasta lo olvidadizos; por instantes, solo unas pocas personas, inolvidables.
La “Benjamín Carrión” era un destino encontrado, cruzado en medio del sendero, para adentrarse amigablemente pero, indudablemente, con curiosidad. La mirada rebuscando los resquicios de lo inolvidable; las anécdotas públicas de personajes soñadores y resguardados en la memoria de unos pocos, aun vivos, aun muertos. No permanecí inmutable; quizá, algo extrañado, quizá, quien lo sabrá, algo pensativo o, menos aún lo podré adivinar, nostálgico.
Ya lo había conocido antes, me había adentrado años atrás, casi sin recordarlo, en su fantástico mundo lleno de matices y encuentros lastimeros. Sin duda a mi mente las imágenes se hacían familiares, aunque ese tipo de familiaridad del rostro sublime que alguna vez miramos y nunca olvidaremos. Así fue ese, digamos, reencuentro con Carlos Monsalve, al entrar en sus pinturas, al transportarme a un mundo complejo y fantasmagórico, pero al mismo tiempo lleno de perfeccionismo e imaginación.
Los ferrocarriles trajeron recuerdos más profundos, más indelebles pero asimismo más tristes. No me decidí a mantener un momento de incolumidad ante aquellos recuerdos, sino, más bien, me dejé llevar por lo que mi corazón decidiera arbitrariamente. Y así fue, aunque a la larga las lágrimas que quizá hubieran querido brotar, permanecieron escondidas entre los nubarrones de una tormenta impredecible que nunca se permitió desembocar en algún paraje misterioso y tranquilo. Quizá por mi cara de sublimación, quizá por mi asombro o, quien sabe, por el interés ciego que mis grandes ojos demostraban, no fui ajeno a la pregunta de si mi vida tenía relación con el estudio de las artes, transluciendo mi sonrisa al contestas que tenía que ver con algo más pueril y menos luminoso, el espectro de las leyes.
Entiendo quizá que mi espíritu soñador me permitirá siempre tener la anécdota como certera, más allá de si haya o no sido un truquillo publicitario; por ser el último, pues ya cerraban y eso si es objetivamente real, dado que hasta las luces artificiales empezaron a disiparse, un pequeño obsequio se me entregaría, como para distraerme entre tanto y tanto en la lectura de alguna novela de aquellas que quizá leo con demasiada frecuencia, al separar las páginas y detenerme a contemplar el crepúsculo.
Finalmente, caminé con mi música alargándome la fantasía, recuperando en mi memoria las imágenes que podrían perderse, esas agraviantes señales de unicornios de colores, árboles con pájaros hechos humanos, los rostros de divas escondidas y guiadas por tenebrosos faunos. Así llegué a tomarme un capuchino a ese sitio donde también te dan chochos con chulpi y un vasito de agua. Y recordé que, quizá, no hubiera caído mal y quizá hasta hubiera sido mejor, tomarse un chocolatito caliente; y no porque el café haya sido maluco o no haya complacido a mi paladar; sino porque uno, muchas veces, debería luchar por mantener viva la contradicción, vivo el sabor agridulce de la vida en todo su esplendor, en su caminar complejo. Luego pensé y me respondí: no, el sabor amargo del cafecito era necesario, pues el chocolate ya me lo había bebido.
Y luego salí, y caminé, y me fui.
Imagen tomada de: http://www.eltelegrafo.com.ec/ImageHandler.ashx?p=/files/Cultura/Coqueteando-al-poeta_Cultura-04-03-09.jpg&w=480&t=wm. Acceso: 18 de junio de 2009.
jueves, 22 de enero de 2009
Contradictoriedad
Al abrir mis ojos cada día
Sonrío un poco al divisarte
Lejana pero presente en mi ironía
Soledad inevitable en mi pensarte
Anhelo a tus ojos encontrar
Mi mirada y la tuya acompasar
En melancólicas notas de guitarra
O lastimeras melodías de cigarra
En lo profundo de mi corazón yo busco
La clave de un misterio sin respuesta
Cuando a tus ojos con toda ilusión yo miró
Sin quererlo de tu belleza aparto mi mirada
Presiento tu cintura entre mis manos
Como el sueño de un pastor entre montañas
Camino inciertamente por tus rutas
Me pierdo ilusamente por tus labios
Ahora que te veo tan lejana
De hecho nunca cerca pude verte
Sin saberte como alma de mi alma compañera
Solo añoro el indeleble instante de mi muerte
Yo.
Fin.
Sonrío un poco al divisarte
Lejana pero presente en mi ironía
Soledad inevitable en mi pensarte
Anhelo a tus ojos encontrar
Mi mirada y la tuya acompasar
En melancólicas notas de guitarra
O lastimeras melodías de cigarra
En lo profundo de mi corazón yo busco
La clave de un misterio sin respuesta
Cuando a tus ojos con toda ilusión yo miró
Sin quererlo de tu belleza aparto mi mirada
Presiento tu cintura entre mis manos
Como el sueño de un pastor entre montañas
Camino inciertamente por tus rutas
Me pierdo ilusamente por tus labios
Ahora que te veo tan lejana
De hecho nunca cerca pude verte
Sin saberte como alma de mi alma compañera
Solo añoro el indeleble instante de mi muerte
Yo.
Fin.
miércoles, 7 de enero de 2009
CORAZÓN DELATOR O ESQUIZOFRENIA
Tanto Edgar Allan Poe como Soda hicieron creaciones maestras con ese título (la primera mitad del título, esta claro) ... obviamente, los segundos inspirándose en el primero, pero en dos ámbitos distintos del quehacer humano: el asesinato y el amor... o sea, casi lo mismo.

Aquel que fue capaz de inventar una máquina del tiempo -yo se que estamos en ficción, pero de ficciones se alimenta nuestra realidad y viceversa-, una mente de ese calibre, llega a afirmar con toda autoridad que el “otro” “Gran Misterio del Universo” (en adelante, GMU… jajajaja) es la MUJER; esa frase implica que el “un” GMU es el viaje en el tiempo, o el tiempo; y el “otro”, simplemente “la mujer”.
Gollum le planteaba a Bilbo Bolsón un acertijo que se le hacía francamente indescifrable; luego de que mutuamente hayan acertado a responder los más complicados, que incluso el ávido lector llegaba al estado de la desintegración celular cerebral, uno que se planteaba en palabras tan sencillas, como un “monstruo” indestructible e invencible, que devora todo cuanto está a su paso, tuvo que el de la familia Bolsón acudir a la suerte para atinar a decir “tiempo”. Y así es como el tiempo y todo lo que a él atañe, bien puede considerarse uno de los GMU, o si no el más grande de todos. Quizá quien tuviera la clave de ese misterio, tendría todas las claves.
Pero, ¿Acaso Palpatine no encontró en la mujer el mejor pretexto para convertir a Anakin al lado oscuro? O el médico que se enfrentó, luchó y sobrevivió a la Peste (Camus) ¿no añoraba tanto las fortunas y los placeres como la compañía de la mano tierna de la mujer amada? No fue María de Magdala quien curó las heridas de Jesús, le enseñó aquello que no podía aprender por sí solo, y no lo abandonó nunca más? (Saramago, Evangelio según Jesucristo). Un chiquillo quiso cumplir sus sueños saliendo del pueblo que lo vio nacer y crecer; y cuando volvió al pueblo, al cabo de muchos, muchísimos años, quizá lloró por quien fuera aquella persona que le hizo conocer la magia del cine y le convenció de cumplir sus propósitos, pero sus mayores penas y nostalgias provinieron del entrañable recuerdo de aquel amor adolescente, que parecía iba a durar toda la vida, pero que cesó abruptamente y nunca más regresó… y por ello, lloró (Cinema Paradiso). Pues ahí surge de nuevo la pregunta, ¿cuál es el más grande y complicado GMU? Creo que la mayoría concluiremos con la misma respuesta del doc Brown, pero con la pequeña salvedad de que no lo consideraríamos el “otro” GMU, sino “el” GMU.

Pero, sin embargo, la respuesta es incompleta. Todo siempre depende de la óptica desde la que se mira y de quien lo mira. Un gran castillo con altas torres y puertas de cristal, rodeado por enormes elefantes blancos que vuelan a su alrededor vigilándolo de los dragones azules que lo merodean, puede ser para un adulto, partiendo que lo anterior es una visión de un niño o de una imaginación inspiradora, una simple y pendeja nube. En la observación del GMU, partimos de un instrumento nada objetivo, muy poco metodológico, bastante arbitrario y por completo ajeno a nuestro control volitivo: el amor.
Pues, entonces, tenemos al amor como el lente que distorsiona la realidad y a algo sencillo (bastante discutible, pero algo de dignididad hay que tener jaja), lo puede convertir en un gran GMU; y, en el caso concreto, el gran GMU. El amor establece caminos sinuosos, fronteras inexpugnables, puentes colgantes que penden de un trozo de soga, como ese desde el cual se aprecia el “Pailón del Diablo”, que uno no sabe en que momento se cae mientras se ruega para que la obsoleta cámara instantánea “Polaroid” del fotógrafo del lugar se apresure a sacar el papelito. Un túnel que aparentemente presenta una luz al fondo, pero que en realidad es un fuego dulce, que conforme te aproximas incinera tu alma, pero que por la propia intensidad de su fulgor y cual manifestación del vértigo más incontenible, no puedes dejar de desear y palpar; al final, el resultado siempre es la incineración total, y como la “energía no se destruye, solo se transforma”, puede o bien convertirse en margaritas o girasoles, o bien en cuy, hámster o guigi guigi de estanque de redondel.
Cuando el lente arriba descrito es retirado y se utiliza otro, seguramente ya no habrá GMU que valga la pena, sino, quizá, apenas y de poco en poco, un GM galáctico, terrestre, sudamericano, ecuatoriano, quiteño, y así, hasta llegar a la mísera manzana donde vives o el conjunto residencial y/o/u condominio (no he tenido la experiencia, pero supongo... pero soy buen observador ¡!)
Por ende, el gran misterio del universo no es ni la mujer, ni el amor; la una, porque sin el otro no propicia el interés suficiente como para llamarse misterio, que siempre será una forma de categorizar algo que nos genera inquietud y deseos de conocer; y lo segundo tampoco, pues no es más que un lente, un medio, poderoso no solo y más bien en grado mínimo porque es capaz de distorsionar todo, sino porque puede sacar del espíritu humano sus más bellas manifestaciones. Entonces: A + M, da como resultado, GMU.
Ahora concluiré con una frase de Sábato, en su Sobre Héroes y Tumbas, concretamente en el famoso Informe sobre Ciegos, en donde encontré una posible respuesta a una serie de situaciones que me ocurrían hace un tiempo, ya años, y que me parecía extremadamente sospechosas, pues no podía creer que cosas que quizá deseaba en mi interior -seguramente con tanta fuerza que yo mismo por temor trataba de no darme cuenta- pero que aparentemente negaba desde de mi consciencia, sucedían hasta con exageración. Reza de la siguiente manera:
Y cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin que esté dentro de las posibilidades del mundo determinado, cuando se movilizan no sólo las fuerzas conscientes de nuestra personalidad sino las más poderosas de nuestra subconsciencia, se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas en torno de uno que impone a otros seres nuestra voluntad, y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.
Khaos.
Ahora si, abramos el telón.
Saludos. Como siempre, desvariaré.
La vida está marcada por épocas y esas épocas están marcadas por diversas cosas, situaciones, acontecimientos, sentimientos, encuentros, memorias, entre otras. Entre esas “cosas” que marcan esas épocas, ocupan lugar preponderante las manifestaciones artísticas -lato sensu- , concretamente la música, la literatura y el cine. Motiva lo que escribo en este post, la recordación de una de las películas que marcó mi niñez; época de imaginaciones, sueños y curiosidad, pero también de desengaños, descubrimientos y conflictos -no me equivoqué, al menos en mi caso; hablo de niñez no de adolescencia-. Es una película -que en realidad son tres- de la que siempre se pueden extraer una serie de mensajes que uno los puede percibir en distintas épocas; por eso, aunque haya marcado mi niñez, cuando la he vuelto a ver a lo largo de mis hasta ahora 23 años, siempre vuelvo a plantearme nuevas incógnitas y sus respectivas dudas, así como a recibir nuevos mensajes. Marcó mi niñez, por el tema central de la trama; pero ahora me referiré a otra cuestión de la que me percaté no hace mucho, y que dependiendo del momento puede despertar(me) carcajadas o lamentos.
Es la segunda de las tres, en que estando en el año 2015 (parece hasta irónico, que ya hoy en día falta tan poco para llegar a esa fecha) un doc Brown con una mirada mezclada de solemne seriedad y fantástica ironía, afirma que destruiría el De Lorean -y las bestiales consecuencias que ello implicaba- y se dedicaría a resolver el “otro” “Gran Misterio del Universo…”; momento en el cual, previo a la sentencia inobjetable del científico, Marty aguarda impacientemente absorto las frases que constituyen la más grande y dura verdad para el género masculino: “…la mujer”.
La vida está marcada por épocas y esas épocas están marcadas por diversas cosas, situaciones, acontecimientos, sentimientos, encuentros, memorias, entre otras. Entre esas “cosas” que marcan esas épocas, ocupan lugar preponderante las manifestaciones artísticas -lato sensu- , concretamente la música, la literatura y el cine. Motiva lo que escribo en este post, la recordación de una de las películas que marcó mi niñez; época de imaginaciones, sueños y curiosidad, pero también de desengaños, descubrimientos y conflictos -no me equivoqué, al menos en mi caso; hablo de niñez no de adolescencia-. Es una película -que en realidad son tres- de la que siempre se pueden extraer una serie de mensajes que uno los puede percibir en distintas épocas; por eso, aunque haya marcado mi niñez, cuando la he vuelto a ver a lo largo de mis hasta ahora 23 años, siempre vuelvo a plantearme nuevas incógnitas y sus respectivas dudas, así como a recibir nuevos mensajes. Marcó mi niñez, por el tema central de la trama; pero ahora me referiré a otra cuestión de la que me percaté no hace mucho, y que dependiendo del momento puede despertar(me) carcajadas o lamentos.
Es la segunda de las tres, en que estando en el año 2015 (parece hasta irónico, que ya hoy en día falta tan poco para llegar a esa fecha) un doc Brown con una mirada mezclada de solemne seriedad y fantástica ironía, afirma que destruiría el De Lorean -y las bestiales consecuencias que ello implicaba- y se dedicaría a resolver el “otro” “Gran Misterio del Universo…”; momento en el cual, previo a la sentencia inobjetable del científico, Marty aguarda impacientemente absorto las frases que constituyen la más grande y dura verdad para el género masculino: “…la mujer”.

Aquel que fue capaz de inventar una máquina del tiempo -yo se que estamos en ficción, pero de ficciones se alimenta nuestra realidad y viceversa-, una mente de ese calibre, llega a afirmar con toda autoridad que el “otro” “Gran Misterio del Universo” (en adelante, GMU… jajajaja) es la MUJER; esa frase implica que el “un” GMU es el viaje en el tiempo, o el tiempo; y el “otro”, simplemente “la mujer”.
Gollum le planteaba a Bilbo Bolsón un acertijo que se le hacía francamente indescifrable; luego de que mutuamente hayan acertado a responder los más complicados, que incluso el ávido lector llegaba al estado de la desintegración celular cerebral, uno que se planteaba en palabras tan sencillas, como un “monstruo” indestructible e invencible, que devora todo cuanto está a su paso, tuvo que el de la familia Bolsón acudir a la suerte para atinar a decir “tiempo”. Y así es como el tiempo y todo lo que a él atañe, bien puede considerarse uno de los GMU, o si no el más grande de todos. Quizá quien tuviera la clave de ese misterio, tendría todas las claves.
Pero, ¿Acaso Palpatine no encontró en la mujer el mejor pretexto para convertir a Anakin al lado oscuro? O el médico que se enfrentó, luchó y sobrevivió a la Peste (Camus) ¿no añoraba tanto las fortunas y los placeres como la compañía de la mano tierna de la mujer amada? No fue María de Magdala quien curó las heridas de Jesús, le enseñó aquello que no podía aprender por sí solo, y no lo abandonó nunca más? (Saramago, Evangelio según Jesucristo). Un chiquillo quiso cumplir sus sueños saliendo del pueblo que lo vio nacer y crecer; y cuando volvió al pueblo, al cabo de muchos, muchísimos años, quizá lloró por quien fuera aquella persona que le hizo conocer la magia del cine y le convenció de cumplir sus propósitos, pero sus mayores penas y nostalgias provinieron del entrañable recuerdo de aquel amor adolescente, que parecía iba a durar toda la vida, pero que cesó abruptamente y nunca más regresó… y por ello, lloró (Cinema Paradiso). Pues ahí surge de nuevo la pregunta, ¿cuál es el más grande y complicado GMU? Creo que la mayoría concluiremos con la misma respuesta del doc Brown, pero con la pequeña salvedad de que no lo consideraríamos el “otro” GMU, sino “el” GMU.

Pero, sin embargo, la respuesta es incompleta. Todo siempre depende de la óptica desde la que se mira y de quien lo mira. Un gran castillo con altas torres y puertas de cristal, rodeado por enormes elefantes blancos que vuelan a su alrededor vigilándolo de los dragones azules que lo merodean, puede ser para un adulto, partiendo que lo anterior es una visión de un niño o de una imaginación inspiradora, una simple y pendeja nube. En la observación del GMU, partimos de un instrumento nada objetivo, muy poco metodológico, bastante arbitrario y por completo ajeno a nuestro control volitivo: el amor.
Pues, entonces, tenemos al amor como el lente que distorsiona la realidad y a algo sencillo (bastante discutible, pero algo de dignididad hay que tener jaja), lo puede convertir en un gran GMU; y, en el caso concreto, el gran GMU. El amor establece caminos sinuosos, fronteras inexpugnables, puentes colgantes que penden de un trozo de soga, como ese desde el cual se aprecia el “Pailón del Diablo”, que uno no sabe en que momento se cae mientras se ruega para que la obsoleta cámara instantánea “Polaroid” del fotógrafo del lugar se apresure a sacar el papelito. Un túnel que aparentemente presenta una luz al fondo, pero que en realidad es un fuego dulce, que conforme te aproximas incinera tu alma, pero que por la propia intensidad de su fulgor y cual manifestación del vértigo más incontenible, no puedes dejar de desear y palpar; al final, el resultado siempre es la incineración total, y como la “energía no se destruye, solo se transforma”, puede o bien convertirse en margaritas o girasoles, o bien en cuy, hámster o guigi guigi de estanque de redondel.
Cuando el lente arriba descrito es retirado y se utiliza otro, seguramente ya no habrá GMU que valga la pena, sino, quizá, apenas y de poco en poco, un GM galáctico, terrestre, sudamericano, ecuatoriano, quiteño, y así, hasta llegar a la mísera manzana donde vives o el conjunto residencial y/o/u condominio (no he tenido la experiencia, pero supongo... pero soy buen observador ¡!)
Por ende, el gran misterio del universo no es ni la mujer, ni el amor; la una, porque sin el otro no propicia el interés suficiente como para llamarse misterio, que siempre será una forma de categorizar algo que nos genera inquietud y deseos de conocer; y lo segundo tampoco, pues no es más que un lente, un medio, poderoso no solo y más bien en grado mínimo porque es capaz de distorsionar todo, sino porque puede sacar del espíritu humano sus más bellas manifestaciones. Entonces: A + M, da como resultado, GMU.
Ahora concluiré con una frase de Sábato, en su Sobre Héroes y Tumbas, concretamente en el famoso Informe sobre Ciegos, en donde encontré una posible respuesta a una serie de situaciones que me ocurrían hace un tiempo, ya años, y que me parecía extremadamente sospechosas, pues no podía creer que cosas que quizá deseaba en mi interior -seguramente con tanta fuerza que yo mismo por temor trataba de no darme cuenta- pero que aparentemente negaba desde de mi consciencia, sucedían hasta con exageración. Reza de la siguiente manera:
Y cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin que esté dentro de las posibilidades del mundo determinado, cuando se movilizan no sólo las fuerzas conscientes de nuestra personalidad sino las más poderosas de nuestra subconsciencia, se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas en torno de uno que impone a otros seres nuestra voluntad, y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.
Khaos.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Sueño

Se despertó ya muy tarde, bien entrada la noche y con ansiedad; miró al techo, contempló la nada por un par de minutos y se incorporó. Mientras trataba de remediar las greñas originadas por la lucha con su almohada y de sentir que había en ella menos pelo que el dejado ayer, aún a oscuras, tomó un abrigo negro, ya con signos evidentes de ancianidad -dado que en ciertas cosas han transcurrido más largamente las vidas de nuestras almas, se decía siempre-, y salió de su casa, con los ojos lagrimosos.
Salió a la calle, lo encontró una leve llovizna que le impedía mantener los ojos lo suficientemente abiertos como para no sentir la melancolía de sus párpados. Anduvo por la calle vacía, lo que en cierta medida era una situación no despreciable dado que incluso un gato al acecho de alguna aventura nocturna que por allí merodeaba lo miró con extrañeza. Bajó por la cuadra siguiente y se detuvo un instante a mirar al cielo, mientras las gotas le picaban el rostro con incesable algarabía.
Decidió continuar su caminata, y llegó hasta la plaza esquinera, una especie de parque más parecido a un parterre central redondo con bancas y una muy pequeñísima pero no por ello poco antiestética enmohecida e inservible pileta. Hasta allí se dirigió como un autómata, solo por la inercia de caminar por rutas inciertas. Miró al fondo del bebedero, y no encontró más que lechosas babosas luminosas, dejando viscosos rastros sobre las monedas que alguna vez, por algún enamorado incomprendido -quizá él mismo se dijo-, fueron lanzadas augurando dichas nunca alcanzadas, antes quizá extraviadas, o saqueadas, como muchas monedas ya no presentes.
Se sentó un momento, y miró a las estrellas. La noche era oscura, la ciudad apagada, brillosas en la eternidad las estelas incesables de los cometas y los astros, transfigurando un cielo melancólico, en melodías de una diva inescrutable. Se volvió a interrogar, nada más que una pregunta de aquellas que se hacen cuando miramos una hormiga y nace el sentimiento de pequeñez, que seguramente Plutón -de hecho ya degradado nuevamente- sería el hijo despreciado por el Sol, oscuro, lejano y pequeño, sin gracia ni anhelo, olvidado por su padre y sin amores que relatar; y, ¿no será ese, finalmente, al cabo de un millón de años, la suerte de esta Tierra? No es que acaso el Sol, hermafrodita incomprendido, pare cada cierto tiempo, un nuevo planeta, ansioso de que cumpla su misión, dándole su adolescencia en el tercer ciclo, y siempre defraudado, ahora quizá con más razón, y por eso ya decidido a dejarse morir.
Una luz apareció de la nada, cuando en estas importantes cuestiones se hallaba; una tenue pero persistente y hasta molesta luminosidad azulada llegaba desde algún sitio no definido. Aumentaba cada vez más, y su calor ya lo abrazaba con suma violencia, como queriendo incinerarlo, hasta un punto en que sintió su cuerpo derretirse, desparecer, invisible. Ya no se veía, no era más materia, era algo, pero no era nada, no se veía, pero se sentía, no sentía su cuerpo, pero algo sabía que había ahí, y era él, o quizá ya no podía saber si era él, o sea, podía acaso ser él, o ella, o qué, ¿qué era entonces? Indefinible, llegó hasta un punto en que la luz se tornaba blanquecina, hasta un poco dorada.
Se acercó y percibió que pensamientos incesantes inundaban su mente, o le inundaban, pues ya no podía saber si tenía mente; pero no eran ideas suyas, no era algo que naciera de él, era como si se los pusieran justo en el momento previo a que las adivinara, como cuando el profesor hace una pregunta sabiendo de antemano que nadie contestará, pero alguno se ilumina de la nada, respondiendo solo por intuición, a tal punto que lo que en principio fue orgullo, terminó en humillación cuando se le requirió la explicación. Por fin comprendió que no eran pensamientos suyos, ni de su consciencia -si es que, se volvía a preguntar él mismo y yo aquí lo repito, se podía aún utilizar términos descriptivos propios de seres de carne y hueso- eran ideas que le ponía alguien, o algo en sus ideas.

Se que una vez no quisiste verla, y todos los días te aparecía, incluso en ascensores solitarios- eran frases que a su mente translucían. Si, es verdad, pero eso que tiene que ver ahora, porque viene esto a mi- esta idea ni siquiera la estructuró así, las respuestas venían automáticamente, no había un diálogo como se lo concibe normalmente, pero algo hay que hacer para entender, y no hay más que escribirlo como lo entendería un ser humano:
Salió a la calle, lo encontró una leve llovizna que le impedía mantener los ojos lo suficientemente abiertos como para no sentir la melancolía de sus párpados. Anduvo por la calle vacía, lo que en cierta medida era una situación no despreciable dado que incluso un gato al acecho de alguna aventura nocturna que por allí merodeaba lo miró con extrañeza. Bajó por la cuadra siguiente y se detuvo un instante a mirar al cielo, mientras las gotas le picaban el rostro con incesable algarabía.
Decidió continuar su caminata, y llegó hasta la plaza esquinera, una especie de parque más parecido a un parterre central redondo con bancas y una muy pequeñísima pero no por ello poco antiestética enmohecida e inservible pileta. Hasta allí se dirigió como un autómata, solo por la inercia de caminar por rutas inciertas. Miró al fondo del bebedero, y no encontró más que lechosas babosas luminosas, dejando viscosos rastros sobre las monedas que alguna vez, por algún enamorado incomprendido -quizá él mismo se dijo-, fueron lanzadas augurando dichas nunca alcanzadas, antes quizá extraviadas, o saqueadas, como muchas monedas ya no presentes.
Se sentó un momento, y miró a las estrellas. La noche era oscura, la ciudad apagada, brillosas en la eternidad las estelas incesables de los cometas y los astros, transfigurando un cielo melancólico, en melodías de una diva inescrutable. Se volvió a interrogar, nada más que una pregunta de aquellas que se hacen cuando miramos una hormiga y nace el sentimiento de pequeñez, que seguramente Plutón -de hecho ya degradado nuevamente- sería el hijo despreciado por el Sol, oscuro, lejano y pequeño, sin gracia ni anhelo, olvidado por su padre y sin amores que relatar; y, ¿no será ese, finalmente, al cabo de un millón de años, la suerte de esta Tierra? No es que acaso el Sol, hermafrodita incomprendido, pare cada cierto tiempo, un nuevo planeta, ansioso de que cumpla su misión, dándole su adolescencia en el tercer ciclo, y siempre defraudado, ahora quizá con más razón, y por eso ya decidido a dejarse morir.
Una luz apareció de la nada, cuando en estas importantes cuestiones se hallaba; una tenue pero persistente y hasta molesta luminosidad azulada llegaba desde algún sitio no definido. Aumentaba cada vez más, y su calor ya lo abrazaba con suma violencia, como queriendo incinerarlo, hasta un punto en que sintió su cuerpo derretirse, desparecer, invisible. Ya no se veía, no era más materia, era algo, pero no era nada, no se veía, pero se sentía, no sentía su cuerpo, pero algo sabía que había ahí, y era él, o quizá ya no podía saber si era él, o sea, podía acaso ser él, o ella, o qué, ¿qué era entonces? Indefinible, llegó hasta un punto en que la luz se tornaba blanquecina, hasta un poco dorada.
Se acercó y percibió que pensamientos incesantes inundaban su mente, o le inundaban, pues ya no podía saber si tenía mente; pero no eran ideas suyas, no era algo que naciera de él, era como si se los pusieran justo en el momento previo a que las adivinara, como cuando el profesor hace una pregunta sabiendo de antemano que nadie contestará, pero alguno se ilumina de la nada, respondiendo solo por intuición, a tal punto que lo que en principio fue orgullo, terminó en humillación cuando se le requirió la explicación. Por fin comprendió que no eran pensamientos suyos, ni de su consciencia -si es que, se volvía a preguntar él mismo y yo aquí lo repito, se podía aún utilizar términos descriptivos propios de seres de carne y hueso- eran ideas que le ponía alguien, o algo en sus ideas.

Se que una vez no quisiste verla, y todos los días te aparecía, incluso en ascensores solitarios- eran frases que a su mente translucían. Si, es verdad, pero eso que tiene que ver ahora, porque viene esto a mi- esta idea ni siquiera la estructuró así, las respuestas venían automáticamente, no había un diálogo como se lo concibe normalmente, pero algo hay que hacer para entender, y no hay más que escribirlo como lo entendería un ser humano:
-Eso aun te atormenta.
-No es “eso”, eso es “parte de eso”.
-Quizá tú lo ves así, pero quizá esa “parte” sea el “todo”; o ese “todo”, viene explicado en su completitud por la “parte”.
-¿A qué quieres llegar?
-Pides morir cada noche, sabes que no eres tan valiente para hacerlo tú mismo, y pides no despertar, pero siempre despiertas.
-No me voy a sorprender con tus adivinanzas, ya todo esto de estar así sin saber que mismo soy es suficiente para darme cuenta; pues es cierto, pero no me respondes.
-Lo uno no tiene relación con lo otro… ¿?
-Ya te lo dije antes.
-Si la pudieras…
-Si, la pregunta está demás, visto lo que sabes de mí.
-Aquí veo todo cuando se puede ver, no ocultas nada, está ahí, todo, y tú también podrás ser capaz de ver lo que quieras ver.
-Cuando tenía carne y huesos me di cuenta que hay cosas que sería mejor no ver.
-Por eso no he visto todo, y por eso te pregunto algunas cosas, para que tú las acomodes mejor.
-Lo más horrible de mi está a la vista, no es para espantarse.
-Quizá lo más horrible no es eso que tú crees, quizá….
-La soledad, si, no lo había pensado antes, pero…
-Tú la elegiste.
-Ella me eligió, yo no elegí lo que puede ser elegible; cuando uno es niño (allá en el mundo) las únicas elecciones son las que tus padres te presentan, helado o chocolate, pan o cereal, y no conoces todavía las papas fritas o el yogurt; y además, yo no puedo elegir cereal, si nunca aprendí a comerlo…
-Puedes aprender.
-Hay cosas que uno no quiere aprender, o para las que no está preparado; como si me dicen quieres aprender a comer fuego…
-Y si no aprenderlas implica tu infelicidad.
-El problema es que esa decisión ya está dada, ya hay cosas que no cambian.
-¿Esperas algún día que llegué… … … no me dices nada…
-No hay nada que decir, mi esperanza nunca desaparecerá, pero mi razón ya me dio las respuestas.
-Eso que tú llamas “razón”, es en verdad lo más oscuro de ti.
-Esa, así sea gris, es mi fortaleza.
-Es tu prisión, te sientes seguro adentro de ella de los peligros de afuera, pero no te puedes librar de los tormentos de adentro.
-No puedo elegir algo distinto, mis experiencias no las escogí y la forma de asimilaras tampoco.
-Vas a seguir pidiendo el mismo deseo.
-Si lo haré, porque tengo la esperanza cierta de que se cumplirá, a todos les llega.
-¿Y si ya te llegó?
-No me ha llegado, porque no habría razón para esta conversación.
-Te equivocas, quizá tienes otra oportunidad.
-Mi oportunidad ya se terminó, estaré condenado a repetirla; nadie da "las" oportunidades…
-¿Si tuvieras que escoger entre volver y quedarte en esta luz, qué harías?
-En esta luz, no he perdido la consciencia de mi desolación, no tengo ventaja alguna aquí; si vuelvo, al menos mi cuerpo podrá satisfacerse.
-Tu cuerpo te destruirá a la larga.
-Quizá eso espero.
-Vas a volver, no hay otra salida a fin de cuentas, pero nada cambiará, si eso es lo que esa luz ahí que salió por donde estás quiere decir.
-No se puede controlar el espíritu de la esperanza.
-Adiós.
Y despertó sentado, en una pileta mohosa, agonizante, como él.
-No es “eso”, eso es “parte de eso”.
-Quizá tú lo ves así, pero quizá esa “parte” sea el “todo”; o ese “todo”, viene explicado en su completitud por la “parte”.
-¿A qué quieres llegar?
-Pides morir cada noche, sabes que no eres tan valiente para hacerlo tú mismo, y pides no despertar, pero siempre despiertas.
-No me voy a sorprender con tus adivinanzas, ya todo esto de estar así sin saber que mismo soy es suficiente para darme cuenta; pues es cierto, pero no me respondes.
-Lo uno no tiene relación con lo otro… ¿?
-Ya te lo dije antes.
-Si la pudieras…
-Si, la pregunta está demás, visto lo que sabes de mí.
-Aquí veo todo cuando se puede ver, no ocultas nada, está ahí, todo, y tú también podrás ser capaz de ver lo que quieras ver.
-Cuando tenía carne y huesos me di cuenta que hay cosas que sería mejor no ver.
-Por eso no he visto todo, y por eso te pregunto algunas cosas, para que tú las acomodes mejor.
-Lo más horrible de mi está a la vista, no es para espantarse.
-Quizá lo más horrible no es eso que tú crees, quizá….
-La soledad, si, no lo había pensado antes, pero…
-Tú la elegiste.
-Ella me eligió, yo no elegí lo que puede ser elegible; cuando uno es niño (allá en el mundo) las únicas elecciones son las que tus padres te presentan, helado o chocolate, pan o cereal, y no conoces todavía las papas fritas o el yogurt; y además, yo no puedo elegir cereal, si nunca aprendí a comerlo…
-Puedes aprender.
-Hay cosas que uno no quiere aprender, o para las que no está preparado; como si me dicen quieres aprender a comer fuego…
-Y si no aprenderlas implica tu infelicidad.
-El problema es que esa decisión ya está dada, ya hay cosas que no cambian.
-¿Esperas algún día que llegué… … … no me dices nada…
-No hay nada que decir, mi esperanza nunca desaparecerá, pero mi razón ya me dio las respuestas.
-Eso que tú llamas “razón”, es en verdad lo más oscuro de ti.
-Esa, así sea gris, es mi fortaleza.
-Es tu prisión, te sientes seguro adentro de ella de los peligros de afuera, pero no te puedes librar de los tormentos de adentro.
-No puedo elegir algo distinto, mis experiencias no las escogí y la forma de asimilaras tampoco.
-Vas a seguir pidiendo el mismo deseo.
-Si lo haré, porque tengo la esperanza cierta de que se cumplirá, a todos les llega.
-¿Y si ya te llegó?
-No me ha llegado, porque no habría razón para esta conversación.
-Te equivocas, quizá tienes otra oportunidad.
-Mi oportunidad ya se terminó, estaré condenado a repetirla; nadie da "las" oportunidades…
-¿Si tuvieras que escoger entre volver y quedarte en esta luz, qué harías?
-En esta luz, no he perdido la consciencia de mi desolación, no tengo ventaja alguna aquí; si vuelvo, al menos mi cuerpo podrá satisfacerse.
-Tu cuerpo te destruirá a la larga.
-Quizá eso espero.
-Vas a volver, no hay otra salida a fin de cuentas, pero nada cambiará, si eso es lo que esa luz ahí que salió por donde estás quiere decir.
-No se puede controlar el espíritu de la esperanza.
-Adiós.
Y despertó sentado, en una pileta mohosa, agonizante, como él.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Preguntas Impreguntables
Está escrito… de Francis Cabrel, es la canción de fondo que me acompaña mientras escribo este post.
El martes me juego mucho en unos exámenes, pero me doy una horita de descanso para que mi mente no explote (aunque como se verá, por lo escrito, esto es absolutamente contradictorio); y lo mejor que puedo hacer para ello, luego de haberme leído unos 5 blogs, es escribir.
Iniciaré con una pregunta que, por evidentes razones que únicamente quedarán develadas a la terminación del texto, resultará decididamente impertinente con el tema de fondo; sin embargo, y he ahí la gran contradicción -que precisamente constituye esta vida que toca vivir a diario- si comienzo así es porque alguna relación tiene… o, al menos, yo le quiero dar esa relación. Es como una vez que conversaba con mi hermana acerca de si los colores existen de por sí, o solo cobran vida si es que hay una luz que los haga existentes frente a nuestros ojos. El asunto tiene particular relevancia, especialmente si consideramos que una persona ni siquiera invade la esfera cósmica de nuestro metro cuadrado imaginario, sino cuando con una mirada profunda, incluso vacilante pero insistente, sublime pero lastimera, pasa a ocupar la primera plana del matutino de nuestros pensamientos. Pues si, desde ese momento existe, pero, ¿y antes? Pueden haber casos curiosos, de personas que existían “de cierta manera” y que ahora existen “de otra manera”, o de una “manera muy especial”. Se explica el asunto de como “una” existía como “amiga”, pero ahora existe ya no como “amiga”, sino como “diferente”. Claro, son situaciones que muy difícilmente tendrán explicación racional; de hecho, muy poco tiene explicación racional, porque sería suicida ponerse a determinar todas y cada una de las casualidades, coincidencias o avatares de la vida que nos condujeron a determinada situación -la que a la larga no será más que otro de esos eslabones que nos conducirá a otra situación, infinitamente-. El esposo quizá nunca hubiera conocido a su esposa, si es que de chiquito la rectora de la escuela no le hubiera dicho que pisar el césped de un jardín es de pésima educación, lo que influyó de tal modo en su mente que en aquel martes de julio decidió arriesgar su vida cruzando la calle por la mitad, ante decenas de carros pasando junto a él, que pisar el parterre central adornado con dientes de león y un ya desmejorado arreglo en césped, ahora transformado en hierbas malas, y así y todo cruzarse por ese lado ante la arremetida de un ciclista, circunstancia que provocó que la joven que venía trotando inopinadamente por el parque lo mirará, pues llamó su atención tan “florido” espectáculo, haciendo que sus miradas se cruzaran. O en todo caso, como en una muy recordada película de los 80’s, el joven que veía sus extremidades superiores desaparecer porque se hallaba impedido de tocar la canción que provocaría que sus padres se dieran el beso que impediría que se pudieran separar para siempre.

La pregunta a la que se hizo referencia hace ya un largo párrafo, insultante de toda regla metodológica, (ahora escucho Memory of Trees de Enya), es la siguiente: ¿existe vida después de la muerte? El profesor o profesora de física siempre repetía: la energía no muere, se transforma. Pues entonces, si partimos de que nuestros cuerpos inertes, cual desagradable víscera comible, son la cárcel, la jaula o la habitación de una energía más poderosa, un alma, un espíritu, un aura o como quiera llamársela, concluiremos que puede ser que haya vida después de la muerte; pero la gran duda que surge es, ¿y por qué diablos se tienen que aplicar reglas tan racionales como las de la física, a situaciones o sucesos tan metafísicos, por decir lo menos, como la transmutación de nuestro
espíritu en algo más? El gran peligro que se corre al hacer estas divagaciones, es el de llegar a concluir con una interrogante demasiado profunda para seres tan sencillos como los humanos: ¿y qué sentido tiene vivir una vida tan material, si hay algo trascendente? Pues ahí surgirán muchas justificaciones acerca del valor de la vida, de lo que debemos o no debemos hacer, a la larga, de lo que está bien y de lo que está mal, que es lo que finalmente guía toda nuestra vida, incluso inconscientemente.
espíritu en algo más? El gran peligro que se corre al hacer estas divagaciones, es el de llegar a concluir con una interrogante demasiado profunda para seres tan sencillos como los humanos: ¿y qué sentido tiene vivir una vida tan material, si hay algo trascendente? Pues ahí surgirán muchas justificaciones acerca del valor de la vida, de lo que debemos o no debemos hacer, a la larga, de lo que está bien y de lo que está mal, que es lo que finalmente guía toda nuestra vida, incluso inconscientemente.Pero bueno, la idea sería que puede que no tengamos vida después de la vida, o que si la tengamos, pero la gran duda que siempre se mantendrá es si somos algo más que simple carne y hueso; es decir, si hay algo más, si hay algo profundo, que transcienda el pensamiento, las sensaciones corporales. Y en el arduo transitar de la vida, muchas veces nos encontramos con momentos que, si somos escépticos, nos hacen dudar; y, si somos convencidos o, como diría alguien prejuiciosamente, “esotéricos”, nos hará temblar. Si una mirada nos cautiva, y sentimos algo dentro estremecerse, pues ahí nos preguntaremos algo, algo nos preguntaremos sin duda. ¿Será cierto eso que dicen que hay encuentros cercanos con la muerte? Una vez mi madre me contó que tuvo un accidente de automóvil con volcada incluida; vio una luz al fondo, un túnel para transitar diríamos; para la época de tal evento automovilístico estrepitoso, habré estado en el promedio de mi segundo lustro de vida, lo que seguramente influyó para que una vos dijera a mi madre, quizá una vos de ella misma, quien sabe de qué o de quién, no es tu hora, tienes a tus hijos que cuidar. Quizá este hecho no suene tan increíble, como aquella ves que previo a un paseo de mi hermana soñó que una chica moría en un accidente al caer por un rió contra unas piedras, hecho que efectivamente ocurrió días después.
Con cierta frecuencia, siento que ya he vivido determinadas experiencias, que las vi, las sentí antes, y las vuelvo a ver. Y son sueños, situaciones sin explicación. (ahora escucho “Jours tristes” de Yann Tiersen).
Entonces, cabe preguntarse, ¿puede esa energía, ese espíritu, ese algo trascendente e inexplicable, encontrar un energía, un espíritu o un algo trascendente que lo complemente, que lo trastorne, lo desubiqué pero le de sentido a su existencia? La pregunta no es inoficiosa, es vital; y, quizá, sea algo complicado entender estas situaciones, o simplemente asuntos bizantinos que sirven de escudos justificantes a ciertos cobardes románticos.

Si hay algo contradictorio en el mundo, paradójico, insoportablemente indescifrable, es el ser humano. Puedo ser muy crecido para muchas cosas en mi vida, pero un niño para muchas otras. Un niño al que le llegan muy fuerte las energías de las personas, un hombre al que le pesan sus prejuicios, sus dudas que no quiere contestar y que solo el niño que tiene dentro le hacen buscar constantes respuestas, quizá con un dosis muy fuerte y absurda de ilusión. El niño que quiere vivir, el hombre que quiere morir. El niño que quiere levantarse y reír, el hombre que cae a llorar. El niño que llora con sencillez e inocencia, y el hombre que llora por cobardía e impotencia. Y en fin, el niño enamoradizo, y el hombre decepcionado y decepcionante. El equilibrio, creo que quizá sin darse cuenta Tomás Moro ya la representó en su Utopía; es una utopía, que siguiendo a Galeano solo sirve para caminar, y caminar; pero en la caminata, todos necesitamos una cantimplora con agua, porque sin agua, no hay vida; sin amor…
(P.D.1: bueno, aquí estuve viajando en un barco que se dejó llevar por la marea, de allí la mezcla y cambios repentinos de estilos en el relato, de intensidad y de dinámica; últimamente, no estoy para historias completas, ni aquí ni en la vida real… ¡¡¡pero que digo!!!, esto también es real, pero puedo intentar hacer que no parezca real).
(P.D.2: Recomiendo, con altas dosis de adicción, “Algún día”, de Soda; canción que servía de telón a este grandioso ex grupo para su último concierto, y que supongo no se escuchó en Guayaquil por los “siempre infalibles” problemas pendejos que colman a nuestro país. Es una canción en homenaje a Queen, una reversión de una canción de ese grupo, lo que ya va adelantando la calidad y exclusividad de esta canción).http://video.google.com/videosearch?q=algun+dia+soda&emb=0&aq=o#
martes, 4 de noviembre de 2008
ME DA TANTO ASCO
El ejemplo del que parto muy probablemente es de lo más trivial, conocida es la frase de que el fútbol es “lo más importante de lo menos importante”. Sin embargo, me parece preciso, aunque obvio es que contiene una dosis de fanatismo, empezar refiriéndome al partido que el domingo último protagonizaron el B.S.C. de Guayaquil y la Liga en la ciudad porteña. Para dejar de lado un tanto la evidente parcialidad, citaré lo que ha recogido la prensa, concretamente el diario “El Comercio” en su parte deportiva del día de hoy martes 4 de noviembre de 2008: “Alfredo Intriago… El juez se llevó las críticas por sus polémicas decisiones en el encuentro entre Barcelona y Liga. Por ejemplo, exageró en la expulsión a Jairo Campos, exageró en las tarjetas, cortó las acciones y tampoco señaló los minutos de adición final”. Asimismo, en el diario “El Universo” del día lunes 3 de noviembre del presente año, con claridad, aunque con mínima atención, se señala: “Las expulsiones de Diego Calderón y Jairo Campos perjudicaron a los albos”.
Cuando se cometen injusticias, se falta a la verdad o se toman decisiones equivocadas una, dos o hasta tres veces, se puede aceptar que se trata de errores desafortunados, casualidades trágicas o desatinos inintencionales. Pero cuando esas actuaciones malogradas ocurren permanentemente, favoreciendo a los mismos y perjudicando a los mismos, el asunto toma tintes sospechosos. Que mejor que logar un triunfo, alcanzar un éxito, conseguir las metas jugando limpio, con las reglas claras, cumpliendo a cabalidad las exigencias previstas para una mejor convivencia; qué mejor recompensa que haber logrado lo propuesto, luego del esfuerzo propio, de las lágrimas inclusive, ahí está la mejor sensación de satisfacción. Pero, ¿qué mérito puede existir cuando en esos logros o éxitos han existido ayudas o apoyos francamente discriminadores? Pues a unos se les brinda todas las facilidades, o se les dan solapadas colaboraciones, y a otros les toca, como se dice comúnmente, “sacarse la madre” para lograr lo propuesto.
En el ámbito de lo académico, es dolorosamente vergonzoso, de vergüenza ajena, la perpetua y constante voluntad, no de dar a cada uno lo suyo, sino de copiar, plagiar y aplicar a rajatabla la “ley del menor esfuerzo”. En los típicos almuerzos familiares, en las reuniones de amigos, en las discusiones de clase, hasta en los pasillos del claustro universitario, se discute a veces con dogmática criticidad sobre la mediocridad, corrupción y autoritarismo de determinados gobernantes o políticos; pero al momento de rendir un examen, hacer una tarea o efectuar determinada investigación, el esfuerzo es mínimo, la lealtad académica es inexistente y el robo de las ideas ajenas es regla general. ¡¡¡Qué asco!!! Me da asco sinceramente, que todo sea tan deplorable, que haya tanta hipocresía salvaguardada por costumbres estúpidas.

Una vez escuché a alguien que decía: “yo copio porque no tengo otra opción, si repito el año mis papás tienen que pagar más”. Si esto lo hubiera escuchado de una persona de escasos recursos o con problemas de aprendizaje, podría pensar que no es su absoluta responsabilidad, que el estado o sus padres deben ocuparse de estas situaciones; pero siendo la persona que dijo esto alguien con posibilidades mucho mayores que la media de nuestro país, con acceso a herramientas que la gran mayoría de habitantes del Ecuador difícilmente o nunca podrán alcanzar, realmente me causó nauseas, desazón y tristeza, sensaciones que vuelven a mi cuando recuerdo dichas frases.
En una ocasión, en la universidad, un profesor no podía asistir a tomar el examen; como mal acostumbrados que somos, sino hay un “macho castigador” que imponga sanciones, grite o insulte, o al menos controle, esto se vuelve una revuelta de anarquía sinsentido, todos y todas, porque ya es hora de destruir ese mito de que las mujeres por ser mujeres son más honestas y honradas que los varones, prepararon sus ojos, manos y hasta pies para iniciar la faena de plagio. Pero en un principio, estuvo un profesor “controlando” la rendición del examen; sin embargo, cuando el profesor, por motivos personales, tuvo que salir y dejar a un alumno de un semestre superior para que controle el asunto, todo se volvió una vergüenza, que afortunadamente no pude presenciar pues entregué mi examen antes de que se fuera el profesor.
Lastimosamente, en otra ocasión si tuve que presenciar una episodio de los más lamentable y asqueroso en toda mi historia universitaria; un capítulo vomitivo y malhadado de lo que se ha visto hasta ahora en términos de deshonestidad académica. El profesor titular no podía ir a tomar el examen ese día, así que encargó a su ayudante de cátedra. La imagen fue para llorar y cortarse las venas: más que un examen parecía una reunión en un club social, un juego de cuarenta, rumi o póker, o la ruleta de un casino. Todos y todas, sacando sus cuadernos, levantándose literalmente con examen en mano a transcribir respuestas, conversaciones prolíficas sobre las preguntas y sus contestaciones. El ambiente era acalorado, pues parecía Wall Street en un “viernes negro”: todo el mundo de un lado para el otro, con papeles en mano y caras de desesperación. En determinado momento, el ayudante expresamente permitió que se hiciera de todo. Solo faltaba colocar un par de camastros por ahí y dejar que entre descanso y descanso cada cual desfogue sus pasiones íntimas.
Es una verdadera desgracia, una contradicción y un ejercicio de hipocresía, seguir quejándonos de nuestra realidad, de nuestros gobernantes y de todos nuestros problemas, cuando en nuestra vida diaria, en nuestro quehacer cotidiano, lo único que hacemos es cooperar para que todo siga empeorando cada vez más y más. A todo nivel, sea en la más “alta” política, como en el asunto más vano, se practica como ciencia fundamental los postulados de la mediocridad, la flojera, la deshonestidad, la corrupción, la “ley del facilismo y del menor esfuerzo”. Unas torres se pueden derrumbar fácilmente, cuando los cimientos de aquello que simbolizan son blandengues y corruptos; un edificio alto y resistente, no se logra construyendo el último piso con acabados de la mejor calidad y materiales de la mayor resistencia; las más fuertes estructuras se logran con cimientos fuertes, duraderos e incorruptibles. Mientras sigamos pensando que algún día todo mejorará y que mientras tanto cada cual puede hacer lo que a bien tenga, estaremos condenados a repetir los mismos errores del pasado (y del presente) y a continuar en el interminable letargo de una realidad corrosiva, hipócrita, mediocre y corrupta.
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domingo, 26 de octubre de 2008
Claroscuro
Me encontraba caminando por el parque de enfrente. Había salido de mi casa a tomar un poco de aire. En realidad, solamente quería salir de mi soledad, quería sentir la presencia de otras personas a mí alrededor. Quería presentir, al menos como una posibilidad, que habían personas mirándome, personas para quienes, al menos por un mísero instante, haya sido un ser viviente. Caminé varios segundos, sin mirar a nadie a los ojos, sin siquiera volver mi cabeza hacia un costado. Solo caminaba, mirando solo lo suficiente como para mantenerme por el camino sin perder el equilibrio. Pero esa era la paradoja, justamente esa era la paradoja. Caminando, evitando tropezar con alguna persona, simplemente avanzando hacia la nada. No había camino, no había ruta ni punto de llegada; ni siquiera existía punto de partida. El comienzo fue en la nada, fue en medio de un universo oscuro e indescifrable, fue un no y punto.
Por un momento miré hacia el cielo. Apenas algunas pocas nubes cubrían ese telón teatral de color celeste. No era azul, era celeste; era una tonalidad más clara y más vital. Al menos eso era lo que yo veía; o lo que yo quería ver. De cualquier forma al menos no sentía caer gotas rojas en mis manos.
Empecé a conversar conmigo mismo. Justamente eso es lo que no quería; pero, sin darme cuenta, ya estaba divagando nuevamente en mis pensamientos. Por un momento había estado fuera de la cueva, iluminado por la poderosa luz del sol, que de alguna manera trataba de asomarse por entre las oscuras nubes del desierto. Pero no, eso no duró nada, porque nuevamente más pudo mi ser, pudo más mi pensamiento y mi mente que todo lo demás. Sin embargo, allí queda constatada nuevamente la paradoja, la terrible contradicción que nunca podrá ser resuelta. Si alguna vez apareció el sol, era la luna luminosa que, a través del lente de mis ideas, se había transformado en un inmenso ente dorado, con cuyas brillantes llamaradas era capaz de herir mis ojos.
De todos modos, las heridas ya existían, y solo volvían a abrirse y a cicatrizar a cada momento, en cada instante; el sagrado y venerable verdugo de mi pensamiento, volvía a poner sal en mis heridas, mientras que su siempre presente compañero, aquel que nos engaña haciéndonos creer que todavía hay algo más, que todavía el verdugo no ha despertado, curaba superficialmente mi profundo lastimado.
Pero los ojos seguían viendo y seguían vivos, pero eran como muertos, como oscuras dagas que cuando eran desenfundadas solo eran capaces de causar daño a quien se atreviese a siquiera mirarlas. No había dicha ni desdicha, no había principio ni fin. Había una larga e interminable sucesión de sistemas inacabados por los cuales transcurría mi vida y de los cuales pasaba a través de puertas laberínticas que me llevaban siempre a formularme la misma pregunta: ¿no pasé ya por aquí? No pasé ya por aquí, ¡qué pregunta!
Nunca volvía a pasar por el mismo lugar, siempre era diferente. Era diferente para mí, porque así quería que creyera mi buen amigo el verdugo. Hace tiempo que ya lo descubrí, pero no quiero que sepa que lo que he hecho, quiero que siga disfrutando con la idea de que todavía sigo creyendo en él. Sin embargo, muchas veces no estoy seguro si lo disfrutará en realidad, pues nunca me mira a los ojos, es más, nunca lo he visto de frente.
Nunca lo he visto, solo he visto su sombra en sueños o pesadillas. Curiosamente, más lo he visto en sueños, es más, creo que jamás ha estado en mis pesadillas. Es que en mis pesadillas es cuando realmente puedo estar solo, cuando puedo ver la verdad, cuando puedo sentir el verdadero dolor que produce apretar con todo mi ser la verdad. Así, cuando más siento que un fuerte abrazo me traerá el calor nunca sentido, o que no he sentido hace siglos, el ambiente se pone tosco y pesado porque el dolor de tener entre mis brazos a la verdad me desespera.
El verdugo aparece cuando debe aparecer. Es necesario que lo haga. Si no lo hace, que sentido tendría soñar. El verdugo no habla nunca, ni se mueve; bueno, si lo hace, pero cuando yo estoy distraído, o cuando él cree que lo estoy, pues yo también lo he engañado, yo también le he hecho creer que creo en él y que todas sus jugadas ocultas son ajenas a mi percepción. Empero, yo también me he engañado a mí mismo, pues el verdugo sabe bien que yo ya sé que el sabe que ya no me sorprende. En todo caso, los dos seguimos manteniendo nuestra sincera hipocresía y así convivimos con tranquilidad, si cabe el término. Claro, es que con el verdugo jamás hay emoción, jamás hay algo que pueda alterar los nervios; es todo pasividad, es toda una ceremonia religiosa interminable, en donde tratamos de conectarnos entre un abismo infranqueable, que los dos muy bien sabemos es un espejo que podemos romper en cualquier momento, pero no queremos hacerlo, porque queremos creer que jamás podremos entrar en contacto, aunque siempre lo estamos.
Pero el compañero del verdugo en cambio es un desgraciado. Siempre lo miró a los ojos y solo es capaz de presentarse con una absurda sonrisa. Una sonrisa falsamente verdadera, una sonrisa que solo transmite tristeza y dolor. Cuando lo veo, solo quiero volver a mi cueva y dormir, para jamás despertar. Pero él me sigue y me despierta, e impide que mi alma también se duerma y no vuelva a vagar por ahí. El verdugo, claro está, nunca interviene, porque ello sería romper nuestro pacto tácito, nuestro acuerdo nunca firmado ni acordado, pero implícitamente escrito con profundas marcas de fuego en mi piel.
El compañero del verdugo, de quien ya olvidé el nombre hace mucho tiempo, no descansa jamás y solo se sienta cuando el verdugo se acerca, lo cual ocurre más seguido últimamente. El compañero nunca duerme, por eso siempre esta en mis sueños y en mis pesadillas, especialmente en éstas. Mis pesadillas son extrañas, no por su contenido, sino porque se convierten en tales cuando despierto. Mientras duermo, me invaden con su asquerosa belleza, me alimentan con su horrible hermosura. Cuando despierto, siento que la mitad de mi vida ya ha sido devorada, no por el verdugo ni por su compañero, sino por otro ser, otro ente y otra cosa que todavía no descubro. Solo especulaciones.
Cuando despierto, la pesadilla toma cuerpo. Antes, no era nada. En cambio los sueños, que cada vez son más, son reconfortantes. Cuando duermo, parecen ser horribles, agitantes, dolorosos y terribles; pero cuando despierto, siento que al final, después de abrazar a la verdad hasta morir desangrado por sus profundas espinas, vuelvo a nacer; nazco, no más fuerte, sino más yo, más persona, menos espíritu. Así siento que por fin todo tiene sentido, es decir, que nada tiene sentido. En efecto, el único sentido de todo es el no sentido, en todos sus aspectos.
Pero ya he avanzado bastante y decido regresar; pero no hay regreso porque uno regresa de donde salió, pero yo no salí de ningún lado, no hubo punto de partida. El compañero del verdugo me indica el camino, pero el verdugo ya espera al final de dicho camino. Espera que por fin deje que la sinceridad supere a la hipocresía o, mejor dicho, que la hipocresía se revele como la verdad. Así, él me espera, yo me espero a mí mismo. He llegado. Volví, cierro los ojos y ya no te veo. No te veo y, por fin, el verdugo pasa a sentarse junto a mí, sobre mí, dentro de mí; mejor dicho, ya no hay verdugo. No hay verdugo, entonces tampoco su compañero, porque ya se fue; en realidad nunca estuvo presente, nunca existió. Por fin veo tu foto. Así creo que al f
in podré ver donde termina todo. Una sonrisa lejana me recuerda al verdugo; luego, a ti. La espada atraviesa mi cuerpo, no hay dolor, no hay tristeza, no hay destrucción ni transgresión. No hay vida tampoco; de hecho, nunca la hubo. No la hubo y no la habrá y, por ello, el verdugo y su compañero y yo mismo descubrimos que solo una cosa es cierta, con lo que ellos y yo vemos que nosotros solo somos, éramos, es decir no fuimos más que una invención. Me refugio en mi mismo, veo por fin toda la oscuridad. Veo por fin, al final de todo el túnel luminoso, la adorada y esperada oscuridad.
(22-junio-2007).
domingo, 5 de octubre de 2008
A veces estoy hablando para mi...
Hoy voy a escribir algo… bonito, quizá hasta meloso o acaramelado; al menos eso parecerá sobre la superficie, pues puede ser que en el fondo haya tristeza o lamentación. No lo haré, afirmo, por alguna razón en especial, ni siquiera por inspiración. Simplemente, quiero escribir y lo haré sin importarme lo que se piense o produzca. Lo haré, simplemente, por escribir y escribir.(And) honey All the movements you're starting to make
See me crumble and fall on my face
And I know the mistakes that I made
See it all disappear without a trace
And they call as they beckon you on
They said start as you mean to go on Start as you mean to go on
(A rush of blood to the head. Coldplay).
Hablaré por mi, no hay generalización en mis palabras aunque así suene.
Uno a veces quiere tener una imagen distinta de un mundo desagradable. Y así es como uno sigue creyendo en esas miradas sublimes, pensando probablemente que el gran espíritu de la humanidad, el gran sentimiento supuestamente común y exclusivo a los seres humanos, llega a su máximo esplendor cuando dos miradas se encuentran llenas de luz, llenas de ilusión transfigurada en realidad, llenas de la espiritualidad que sobrepasa todo lo material que inunda nuestras zombis vidas.
Poema triste
Estoy harto de mirar a los falsos ojos de las mujeres,
Y contemplar en silencio la tristeza de mi alma,
Porque si fuera un pobre diablo sediento de placeres,
Pedería importancia a quien mi corazón ahora ama.
Aunque injusto suene para mí lo que ahora digo,
Solo siento pesadumbre por lo que mi vida significa,
Ya que cuando el frío de la mañana es lo que respiro,
La tristeza que a mi alma embarga magnifica.
Por eso solo quisiera por un instante cerrar mis ojos,
Y sentir la dulzura de los labios de la inalcanzable diva,
Para de esa manera olvidar el dolor de mis quebrantos,
Y gritar al viento que he encontrado el sentido de la vida.
(No es nada personal ni en especial en contra de nadie, y recalco que no es por generalizar).
Cuando uno camina por la calle, siente la lluvia caer de repente; el cielo hacia el sur, lo notamos despejado, azul, con bellas nubes ligeramente teñidas de rosa, aguardando ansiosas el anochecer, para así dar rienda suelta a su romántica imaginación; dejar de lado las figuras que las inocentes mentes infantiles les atribuyen, y convertirse en las espectadoras privilegiadas de las centellantes estrellas que, de su lado, dan paso a una luna creciente apenas visible.
Y caminar, estábamos en eso, y caminar bajo la lluvia, no muy fuerte todavía, pero nostálgica como un flor marchita. Subir por una calle abandonada, las gotas en las mejillas, se juntan con las lágrimas que salen de los ojos. Un momento sublime, un corazón latiendo vivo, reflejando un sentimiento oculto.

La mente es muy poderosa, es nuestra fortaleza y a la vez nuestra debilidad, como seres humanos. Una ilusión puede destruirnos o reconstruirnos, darle valor a la vida, darle alegría al corazón. Siempre conmueve la película de los dos viejitos, sin haber nada de despectivo en mi expresión, que se han amado profundamente, largamente, fielmente y perpetuamente toda la vida, con la fortaleza de las antiguas pirámides que se mantienen incólumes a pesar de la lluvia, del sol, de los vientos y de los olvidos.
Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar… en tu mirada
La Belleza
(La Belleza. Luis Eduardo Aute).
¿Habrá verdaderamente aquel complemento espiritual que mucho se representa en películas o libros? ¿A eso que le ponen tantos nombres diversos? Los corazones se suelen endurecer, y no siempre están listos para el momento que, siendo soñadores, debería ser el preciso. Pero quizá ese momento nunca llega, el momento de encontrarse con ese verdadero amor, ese complemento mutuo, esa mirada insospechada e inusitada, que es sincera y profunda, fogosa y espiritual, aire puro y verdad.
Pero el mundo nos da de golpes a diario, a cada momento. Llorar y sentarse a pensar, no por mucho, porque el tiempo nos carcome a cada segundo. Y mirar, mirar hacia lo que esperamos de nuestras vidas, sentir el temor de que no podemos ser lo que quisiéramos ser; o la decepción de quedarse sin héroes, sin la luz al final, sin algo o alguien en que o quien creer. Solo nos tenemos a nosotros mismos, estamos solos y abandonados. En los momentos de las decisiones más duras, en los momentos de las cuestas más duras, solo estamos nosotros solos, porque quienes nos apoyan también libran sus propias batallas, y en el fondo de nuestras almas lo definitivo queda en nuestra última decisión.
Pero cuando uno despierta de una pesadilla, de la muerte hecha realidad en los pensamientos, tener una mano nivea y sincera con la de uno, sintiendo el espíritu materializado a través de un sentimiento sublime; quizá la cuesta se hace más sencilla, o quizá la cuesta se disfruta, y se desea que nunca acabe, porque mientras esa mirada indescriptible permanezca inmutable y perpetua, nada importa y todo lo palpable deja de tener sentido.
Con dolor, en verdad hoy tenemos que decir que,
"para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento”

El sol seguirá saliendo, y algunas flores lo buscarán con ahínco, con deseo, con ilusión y con amor. Y lo esperarán todos los días, sin falta, con fidelidad. Y ojala no las sigan cortando, ojala no las sigamos cortando, ni pisando. Y ojala, las podamos seguir sembrando. Y ojala…
Dame un instante
Cantar al viento, no será suficiente,
si tus latidos no sienten a los míos.
Sentir la brisa, que dejas a tus pasos
ya no me basta si no tengo tu vida.
si tus latidos no sienten a los míos.
Sentir la brisa, que dejas a tus pasos
ya no me basta si no tengo tu vida.
Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.
Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...
Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.
Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...
(Juan Fernando Velasco).
Fin.
BEVM.
miércoles, 1 de octubre de 2008
ME FUI DE NOTAS
Pues bueah (según los provenientes de cierto país sudamericano, eso signifca "bueno"), cuando corresponde ser serio (o sea, cero), estar concentrado (sin centrado), parecer inteligente (ininteligible), lucir eminente (demente), aparentar ecuanimidad (Ecuador), etc. etc. etc. (etcétera), pues no me falta capacidad ni estupidez. Pero cuando se trata de poner a fondo el acelerador de la irreverencia (ni que reverendo Alegría) y dedicarse a entablar conversaciones en las cuales únicamente se hablan disparates, tonteras, huevadas, pendejadas… en otras palabras, todo un conjunto armónicodesarmónico (no de harmónica, quizá de zampoña) de frases sin sentido, probablemente sea el campeón de los campeones, el winner de los winneresssses y, por si fuera poco, el contagiador más contagiante de la contangiación. Ahora, recordando un poco algo de aquellas repetidas manifestaciones verborrágicas, pensé en un par de célebres ocasiones:
1.- Gandho (Ursus) y yo, el día de la semifinal Liga-América, en el msn, 11h47 (si, de ley me acuerdo el minuto exacto) aproximadamente (modestia aparte):
(mi jefe de ese momento se llamaba Gerardo Morales)
Yo: …siempre y cuando Gerard Morals me de permiso, todavía no le digo nada del partido.
G: ¿La moral de Genaro?¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Yo: No, General Motors.
2.- En el msn con un amigo:
Yo: No es lo mismo General del Estado puesto preso, que Presupuesto General del Estado.
(…) (censura, avisé por si acaso)
Yo: …mami mami, en la escuela me dicen carevergg… agghh mijito, no joda, que los elefantes no van a la escuela.
Pero nada le gana a lo que pasó el día de hoy en mi oficina:
Jefa: bueno Byron, me despido.
Yo: Que le vaya bien Dra.
(…)
Trilililin… trilillin (teléfono… Rabinovich: … tras larga espera… pera, jugosa la pera… eran peras)
Conductor de J: retiró la renuncia, no le aceptaron (país candela, arde candela, país candela, hacia la libertad, ohhhohhhh... ohhhoohhh... Wel come Absurdistan).
Yo: plop¡¡¡¡… y no por ver a Yayita. (se supone que en la cultura Inca había un líder llamado Condorazo, lo que nos permite saber de donde surge la dinastía).
Mifui, nos vedreos.
viernes, 26 de septiembre de 2008
viernes 18h05
En la parte inferior derecha de mi... de la computadora de mi... del trabajo,dice las 18h05 cuando empiezo a escribir esto. En la música, Sivio con Oleo de mujer con sombrero. Semana extraña, corta y larga a la vez, enrevesada, enredada, para suspirar y para respirar; para saltar, para llorar, para descansar y sobretodo para decir ¡¡¡fuccctaa que cansancio!!! Harto complicada. La semana se resume en: presenté mi tesis en la U y ya en unas dos semanas me gradúo, me van a premiar -nuevamente- por norio, mi jefa renunció -mi jefa es magistrada...- estuvo concluyendo mi laberintoso, poco recomendable y bien jugoso proceso gripal, resistiendo la insoportable campaña electoral y las absurdas (al menos así pensaba cuando maldecía a todo y a tod@s haciendo estúpidas estadísticas de juicios) encomiendas del secretario de mi sala, y ahora llego a este viernes con el mismo escepticismo de siempre, más preocupado de todo menos de lo que debería preocuparme, frescaso por todo lo que los demás se preocupan (al menos mis más cercan@s), con un asqueroso dolor de espalda (ya no seas llorón) y bueno, aquí nomasf, de nuevo nostálgico un viernes antes de salir de la chamba y con la panza demasiado llena por la despedida de mi jefaza. En feeennn. Así pues, el domingo ganará la opción que ya sabemos, lo que ya se hizo durante casi180 años de paisito, con cualquier papel higiénico llamado constitución (parecido al inglés constipated), se podrá volver a hacer y lo distinto no depende de nadie más que de nosotros. Reflexionaba que somos acostumbrados a la tiranía, porque p.ej. en las aulas de clase nadie (el 1% que es la honrosa excepción) hace bien los trabajos o deberes si el profesor no es un déspota, ergo no hay razón para cortarse tanto las venas y ser tan llorones porque haya mano dura desde arriba, si en fin somos mal acostumbrados y así lo ha querido la mayoría. Víctimas voluntarias de un juego, porque creemos que hacemos algo al decir SI o NO, pero la verdad es que no hacemos nada y contribuimos a que todo siempre siga igual o peor, sin que nos quede claro a nadie que mismo está bien y que mismo está mal... para todos. Bueah, ya voy saliendo, terminando de escribir todas estas bazoflas a las 18h19.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Invitado inesperado, ausencia desgastada

Lo llevaban en un automóvil de los años 60’s, probablemente un Volkswagen escarabajo, aunque para el caso esta curiosidad solo tiene importancia para darle un toque más de abandono al trasfondo de la historia. Por una calle empedrada, sin una señal que dirigiera el rumbo, lo trasladaban sin que supiera verdaderamente el lugar al que llegaría; sin embargo, su intuición era muy poderosa, y adivinar aquel lugar en el que pronto estaría, lo hacía estremecerse, hasta el punto de que el conductor preguntó si todo estaba bien, sin que llegara a escuchar una respuesta clara y convincente. Pero curvaron a la derecha, y se detuvieron junto a una vieja puerta restaurada con fisuras trucadas y una enorme aldaba dorada. Apenas se hubo bajado, el enorme portón se abrió lentamente, dejando traslucir un sitio adornado con una intrigante luz tenue, unas cuantas mesas disgregadas con elegancia sobre un piso de madera poblada de intrigantes y fantásticas figuras pintadas sutilmente. Lo dejaron sobre una mesa, en cuyo centro se ubicada fantasmagóricamente una gruesa vela, rodeada de lo que otrora fueran sus más orgullosos escalones y que hoy solo eran un extraño ornamento tributario de la solitaria gravedad. Frente a él, una dama, con el rostro cubierto de sombras, que haciéndose la distraída prestaba atención al invisible pianista del fondo y lo hizo estremecerse hasta provocar que la cuarteada mesa temblara. Se levantó, lo miró por un momento, y así como estaba, con un desdén rayano en el olvido, movió suavemente su brazo, cubierto por un largo guante negro de gamuza, y lo tiró al suelo como quien sopla a una abeja muerta hacia un infierno de lodo y perfidia. Cayó en el piso, sin todavía saber en donde se encontraba y temblando de frío como estaba, trató de ponerse de pié y levantarse, pero en ese momento dos damas jamás descubiertas, lo pisaron con ánimo de pena, y siguieron su camino de largo sin percatarse de nada más que de sus largos vestidos de cola. El difunto nunca fue enterrado, y flotando sobre un lago de soledad y sueños frustrados, a veces se asoma por debajo de un puente buscando ilusamente que la luna lo ilumine, pero la presencia de los nubarrones siempre conspiran a favor de su perpetua derrota. Ese ente, flotante; ese corazón, decadente.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Seamos sinceros y no cojudos
En un set de televisión, una afamada entrevistadora de CNN moderaría un debate entre los, supuestamente, cuatro primeros candidatos en las encuestas -que se supone la publicación de sus resultados ya estaba prohibida para esas épocas-; ahí estuvieron presentes Álvaro Noboa, Rafael Correa, Cynthia Viteri y León Roldós. El día de las elecciones, el candidato Gilmar Gutiérrez alcanzaba un tercer lugar, con importante distancia sobre el señor Roldós, y lo suficientemente cerca como para generar una preocupación al segundo, Correa. ¿Por qué luego de que una multitud de gentes quiteñas botara a su ñaño Lucio hace menos de dos años, el Mayor (r) Gutiérrez consiguiera una posición tan sorprendentemente incisiva?
En los actuales momentos, si un extranjero llegara a Ecuador, a Quito o a Guayaquil, y leyera los dos periódicos de mayor circulación en el país, observará los más importantes medios de comunicación televisiva y escuchará las radios aparentemente más representativas de la opinión pública nacional, llegaría a la conclusión de que el proyecto de Constitución que se someterá a referéndum el próximo 28 de septiembre, va a ser negado por una aplastante mayoría. Sin embargo, la verdad es muy distinta.
Así como los gobernantes a lo largo de la historia patria siempre se han olvidado o han dejado en el letargo del sueño estatal a los pueblos más desgraciados y miserables del país, ahora la denominada opinión pública, masa amorfa que aglutina todo lo que se quiere y excluye todo lo que se puede, representada por los que denominan medios de comunicación masiva, tiene verdades muy distintas y análisis completamente ajenos a una realidad absolutamente compleja y diversa, cuyos significados no se pueden simplificar con estudios y conclusiones vacuas y llenas de lugares comunes.
Luego de décadas y casi siglos de exclusión, opresión, olvido, denigración, discriminación y hostilidad, el pueblo más abandonado y pobre del Ecuador probablemente siente el más poderoso de los sentimientos de reivindicación y liberación cuando el presidente Correa pronuncia sus consabidas “momias cocteleras”, “gorditas horrorosas”, “enano”, “Pocito”, “vieja pelucona”, “ándate a la casa del mástil mayor del palo del velero”, entre otras. Mientras muchos se cuestionan y cuestionan el vocabulario peculiarmente florido del actual primer mandatario, las mayorías lo aplauden y lo sienten muy dentro, en el fondo de sus dolidas y oprimidas almas, como una liberación llena de revancha y amor propio.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, a pesar de una cúpula curial ensimismada en una actitud que alimenta el sentimiento de exclusión de los más pobres, de aquellos que creen en un Dios que no se ha acordado de ellos, porque mientras apenas les alcanza para alimentar las cinco bocas que tienen en un hogar de caña y malaria, un curita de traje blanco y cuello almidonado duerme bajo un techo de concreto y un estómago más que satisfecho.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, porque mientras unos hablan de las virtudes de la democracia, de la división de poderes, de la descentralización, del parlamento -parafraseando a Lope de Vega, quiso el castellano que entre lamento y parlamento hayan solo tres letras diferentes- otros solo piensan en conseguir el medio centavo para el día y no morir debajo de un puente mientras, como una paradoja, pasan por sobre ellos los Mercedes y los Be emes.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, porque mientras unos hablan de que va a haber un matrimonio entre homosexuales, que se va a legalizar el aborto y que se van a permitir las drogas; otros se lamentan de no poder mantener un hogar y marcharse a buscar con que vivir fuera de su terruño, de dejar atrás el descontrol de los deseos y los instintos para luego no tener que sufrir por tener que traer una hambrienta boca más al mundo ante la testarudez de una Iglesia ciega ante el SIDA en África y América Latina, y de un país lleno de ebrios conductores y maltratadores que so pretexto de un sufrimiento incontrolable recurren al licor para aliviar sus penas, mientras los niños abandonados se “gomean” por sentir que sus tripas se llenan de aire o amebas por tener que comerse, si es que la “divina providencia” se acuerda de ellos, la primera porquería que se bota desde un Cherokee o de un Rodeo.
Ese es el país que tenemos, un país de gente que vive en otro mundo, que en la Navidad arma fundas de caramelos para regalarla a niños que duermen todo el año bajo cartones en la entrada de un edificio; o de niñas que se prostituyen con obesos extranjeros a cambio de una limosna para poder sobrevivir hasta morir de sífilis o diarrea. Ese es el país de ortices, veras, pachanos, pozos, yepeces, spurriers, paredeses, nebots, febres corderos, albornoces, e-gases, entre otros. Un paisito destrozado, en el que cantarle a una asambleísta el himno nacional de 5000 países, leído de una polla para la ocasión, demuestra la ignorancia de un pueblo para el que la educación es un mala palabra y la comida un atrevimiento.
Un país de gente que ha viajado todas sus vacaciones a Miami, Londres, L.A., Tokio, Curazao y Egipto, echando limosnas en los trastos de un indigente en la calle, y ahora gritan a los cuatro vientos que se vote No.
Quizá sea bueno que reflexionemos un poco. Quizá sea bueno que nos miremos a nosotros mismos y digamos: ¿qué hemos hecho por nuestro país antes, para que ahora le reclamemos una decisión determinada? Estoy harto de la hipocresía; estoy harto, de que se hable de moral cuando no somos capaces nosotros mismos de respetarnos y de respetar a quienes nos rodean. Estoy harto de la gente que solo vive para reclamar y no se la juega, y se la pasa disfrutando de una vida a costa de la muerte de otros. Estoy harto de tener que seguir sentado frente a un computador y no poder actuar y luchar por los ideales que alimentan un alma ensimismada. Pero estoy completamente harto de tener que constatar todos los días la mediocridad de gente que ahora piensa que es la adalid de la lucha contra la opresión y el totalitarismo, de la ignorancia y la ignominia, cuando en sus propias vidas no hacen más que derrochar mediocridad y demostraciones hirientes de lo que constituye la ley del menor esfuerzo.
No creo que el proyecto de Constitución que se votará el 28 de septiembre, vaya a ser la solución a nuestros problemas, ni tampoco creo que vaya a ser el inicio o el primer paso de esa solución, pues esa decisión la tomamos todos y todas en nuestras vidas, y no esperando que un grupo de burócratas y tecnócratas arreglen y solucionen aquello que deberíamos mejorar cada uno de nosotros. Pero todo lo supuestamente malo que dicen que se va a poder hacer con ese proyecto, ya se lo ha hecho con cualquier Constitución que ha habido, y si nos remontamos a la actualmente vigente, basta decir: tres cortes supremas, tres presidentes botados, un congreso destituido, un tribunal supremo electoral elegido y destituido a dedo más de una decena de veces, un tribunal constitucional utilizado, depuesto y repuesto casi como las veces que un perro se persigue la cola, organismos de control presididos por los subrogantes -elegidos a dedo por los titulares ya depuestos, renunciados, cesados y concluidos- durante años sin chistar, fiscales generales elegidos de acuerdo al malestar estomacal del momento, ministerios de estado que ganan el guinnes en cantidad de jefes durante un año, cambio arbitrario de moneda teniendo en cuenta que según la Constitución vigente nuestra “unidad monetaria es el sucre”, leyes y contraleyes, reglamentos y contrareglamentos, hacinamiento y centros de estudio superior en escatología y crimen organizado en “centros de rehabilitación social”, comisiones anticorrupción en galopantes coimas policiales, etc etc etc.
Por lo tanto, dejemos a un lado la hipocresía. ¿Que hoy estamos bien? Que vayan a contarle a otro esos cuentos groseros y patanes. ¿Qué se está destruyendo la democracia y el Estado de Derecho? Alguna vez conocimos o vivimos algo así, como para que se destruya, pues ni modo que se vaya a destruir lo que no existe. En el país, la cantidad de abortos que se cometen al día parecería que va en proporción directa con las relaciones sexuales que en igual periodo se realizan; y la cantidad de procesos penales por aborto, es casi equivalente al número de abogados petroleros honestos y patriotas que hay en nuestro país. Así que el curita del barrio puede nomás seguir diciendo a las fieles adolescentes que no usen jeanes de cadera porque incitan al diablo, mientras los inquietos espermatozoides de unos más inquietos anhelan fecundar cuanto óvulo encuentren en su camino.
El actual proceso constituyente, ha servido sobretodo para mostrar la gran hipocresía de nuestro país. Esa hipocresía y esa doble moral que no escatima esfuerzos para esconderse detrás de trajes de gamusa, para esconder la podredumbre de las almas egoístas, vendibles, embargables y negociables.
Yo creo que hoy en día es fácil decir voy a votar si, y más fácil decir voy a votar no. Pero quiero verles y vernos, a todos, gane el sí o gane el no, que vamos a hacer por el país. Hoy tan patriotas, mañana seguramente muy patriarcas; hoy muy luchadoras, mañana muy solapadoras de niños machistas.
Quizá muchos no se indignan por los que fueron masacrados por supuestamente querer quitarles sus cosas, sino que sienten ira y desprecio consigo mismos hacia gente que no tuvo medio de luchar por sus ideales y morir en su lid, pero sin venderse a nadie ni a nada. Un día se abrirán nuestros cuerpos y nuestras almas mostrarán su verdadera naturaleza, y en ese momento todo se cubrirá de tinieblas porque el sol no tendrá la suficiente fuerza para derretir la podredumbre y traernos la luz del nuevo día.
viernes, 22 de agosto de 2008
Soledad
En el espejo infinito de lo impenetrable. En el fondo de la nada, se encuentra el misterio recóndito de lo inexpugnable. Allá adentro, nada se sabe pero de todo se siente. Hoy miles de cosas, de situaciones y millones de partículas de polvo, pero solo se puede palpar y percibir un rotundo, misterioso pero doloroso vacío. Lo piensan mucho quizás, mejor sería... quizás, no pensarlo. Una mirada que parece perdida, no es más que la secuela de un llanto pasado, pasajero pero incrustado con fuego en el alma. No importa el pensamiento, la razón no es bien recibida. Construí con mis propias manos un trayecto tortuoso, y ahora no estoy seguro si quiero transitarlo... o mejor dicho, si lo vivo ahora y sin darme cuenta, lo aprieto con pasión, mientras me hieren sus espinas.
domingo, 1 de junio de 2008
Trayecto Inconcluso

Quizá siento mi inspiración irse. He navegado últimamente por las entrañas de mi corazón. Quizá uno siempre se pregunta, ¿por qué le dicen “corazón”? No me refiero a esa masa orgánica entre los pulmones que bombea líquido rojo a nuestros ojos cuando queremos llorar. Sino a eso que decimos corazón y que solo sirve para hacernos “fregarla” en los momentos menos oportunos. Los sentimientos sublimes, los escalofríos o acaloramientos sin razón justificante. Los temblores impertinentes. Las lágrimas infames. Eso, ese corazón. Francamente, no encontré el camino o, mejor dicho, no encontré respuesta. Pero quizá lo he pensado mucho y quiero creer que no encontré respuesta, para no descubrir lo que realmente encontré.
Al llegar a un lago rojo, repleto de pequeñas islas desiertas, lúgubres y sin vegetación, sentí un tremendo escalofrío (“… no quedaban islas para naufragar …”). Pensé encontrarme en un mar de sangre, pero eso inmediatamente me llevaba a la imaginativa idea de que lo que buscaba estaba precisamente donde menos quisiera que estuviera. Abandoné inmediatamente la idea. Sentí que arriba se escuchaba alguna canción de Sabina, muy adecuada para el momento: “Tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches” Esas solitarias noches, que no superaban esas frías madrugadas.
Pero continué navegando y miraba al fondo, en un cielo completamente negro, con una luna llena roja allá arriba, colgada en la mitad de todo, con una tremenda luz. Seguí navegando, sin inspiración, con la pluma del relato de mis días. No pensé siquiera en conocer nuevos mundos ni sorprenderme con grandes descubrimientos. Únicamente quería comprobar lo que ya pensaba que había allí adentro. Pero mi dolor fue enorme cuando al llegar al lugar esperado, encontré nada. Vacío.
Como un asiento real sin rey. Un espacio oscuro, en donde antes hubo algo, fue lo que hallé. El sentimiento vacío, el corazón solitario sin destinatario. La necesidad acabada. La intensidad suspendida. Todo, hecho nada. La nada, era todo. Así, un vacío. Así me encontré y eso encontré, y cuando terminé mi travesía y abruptamente lo dejé todo atrás, solo escuchaba a Lavoe “Yo soy el cantante, y he venido …”. Eso era todo en el viaje.
La inspiración ha viajado a algún lugar recóndito del mundo. Se ha perdido. La ilusión está de vacaciones. El sentido, jajaja, el sentido, ¿qué sentido tiene todo esto? La nada, eso es todo en este bote, la nada.
Imagen tomada de: http://lavainitaorganica.blogspot.com/2008/03/partir-del-28-de-marzo-mir-vamos-por-t.html. Acceso: 1 de junio de 2008.
domingo, 4 de mayo de 2008
EL QUINTO MES DE HACE 40 AÑOS

Quizá la imaginación sea uno de los dones más preciados de la humanidad; quizá sea la facultad mental más ilimitada de todas las que, con cierta sorna, solemos presumir. Resulta por lo demás bastante curioso, aunque no sorpresivo ni inexplicable, que conforme pasan los años y la edad empieza a dejar sus huellas en el cuerpo, pero más específicamente y mucho más lamentablemente, en el espíritu, la imaginación comienza a desaparecer y da paso a un permanente conformismo letárgico, inundado de desesperanza, satisfacción autosugestionada y seguridad de ficción, que encamina las mentes y las almas humanas hacia la postración y el inmovilismo.
Recuerdo una frase, aunque no a quien pertenece, de un tenor más o menos así: nuestros sueños, en la juventud, son montañas desde las que miramos; y en nuestra vejez, cuevas en las que nos escondemos. Quizá no sea por las consecuencias biológicas del paso del tiempo, sino más bien por los factores externos, sociales y/o culturales, que afectan nuestros cerebros y, sobretodo, nuestra forma de ver la vida. Hay que decirlo, en general, es una sociedad frustrante, en la cual o te dejas llevar y te "acoplas" haciéndote de la "vista gorda", o pasas continuamente deprimido y con una profunda pero a la vez recalcitrante sensación de soledad. Un equilibrio, al estilo del virtuosismo platónico, probablemente sería un camino alternativo, pero en realidad siempre conducirá más bien al lado del aletargamiento, pues lo contrario implica una constante lucha interna con consecuencias impredecibles.
Sin embargo, es (debería ser) propio de la juventud cuestionar; por eso es bastante deprimente encontrarse, hoy en día, con "colegas jóvenes" aletargados o absolutamente imbuidos en un modo de vida absolutamente encasillado en el paradigma de inmovilidad propio de estas épocas. En el otro extremo, quizá, estan aquellos que consideran sus acciones sujetas al principio de la rebeldía o de lo "diferente" o "diverso". Con pesimismo, o más bien con realismo, cabría decir que la sociedad también ha funcionado en ese sentido, creando "sub-culturas" o "sub-grupos" que, si bien pretenden actuar a título de revolución, no hacen más que aportar con una pieza clave y bastante disimulada, en el engranaje de este sistema. Al final, no se hace nada.

El disgusto por mi propia forma de no intervenir, en mi situación de desesperación por no tener la suficiente visión, agallas o como quiera llamárselo para actuar, encuentra más desazón en el desencuentro continuo con manifestaciones aberrantes del funcionamiento de este sistema francamente perverso. En esos momentos de oscuridad, en que complementando a Sábato no solo me encuentro en mi propio túnel, sino en una caverna con notas acompasadas por el griterio silencioso de los que me rodean, a tal punto de tener que entonar con rabia contenida y resignación las frases de Cortez, pues solo debo recalcar que vivo en medio de tantos muertos, siendo yo apenas un zombi.
En esos momentos, repito, quizá la llama de aquellos hechos que, más allá de su significación real y quedándonos, quizá, no con su ideologíca bastante difusa o con ciertas ideas más o menos claras a cuya adhesión podría dudarse continuamente, sino con su significado para la juventud. Ese ánimo de cambio, esa necesidad de que se tomen en cuenta otras cuestiones; ese imperativo indispensable de que los jóvenes no somos proyectos de adultos, ni que somos el futuro ya descompuesto por quienes consciente o inconscientemente lo han determinado previamente. Esa juventud que quiere y siente, que está harta de tanto de lo mismo y de tantas reglas inventadas para disciplinarnos hacia una sociedad en la que "para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento".
Por eso recordamos ese mayo de 1968, más allá de las limitaciones propias de la humanidad; más allá de los aprovechamientos políticos de los infames acaparadores de las ideas; más allá de las dudas y de los cuestionamientos; más allá de la ilusión y de la utopía. Más allá de todo eso, el símbolo de la lucha por un mundo distinto, un mundo regido por aquella máxima "La imaginación al poder". Ese mundo diferente.
Si no se puede hacerlo siempre, al menos, a veces, hay que cerrar los ojos y soñar, como lo hizo Julio Verne al romper los límites y dejar su mente volar; o Einstein cuando rompió los esquemas y cambió la forma de ver el mundo. En fin, dejar a la mente disfrutar, sin maniqueísmos ni dogmas. Si como dijo el Conde de Saint Saud, "la tierra pertenece a sus dueños, pero el paisaje, es de quien sabe apreciarlo", quizá valga decir que muchos se han apropiado de la realidad, pero las ideas son libres, vuelan como aves y nadie nos puede impedir imaginar.
Imágenes tomadas de: http://www.aguaron.net/mayo/68.htm. Acceso: 4 de mayo de 2008
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