sábado, 21 de junio de 2008

Creo haber encontrado un camino, pero quizá si o quizá no, ummm


Pues, creo que he encontrado un caminito por ahí. Un caminito para poder caminar un poquito. Quizá solo sea una pequeña impresión de un caminante que se pensaba desesperanzado y ahora presiente encontrar una lucecita brillante pero especial, entre las infinitas estrellas de este enigmático cielo nocturno, apenas adornado por una mágica luna incierta. Apenas si caminar es comenzar, para comenzar coraje hay que buscar (quizá con Joda me quiera comparar, en caso tal, hablar tendría así que), sin pensarlo mucho, me han dicho que no lo he hecho de verdad; o que quizá demasiado así he sido, para no querer sentirme más allá de lo incierto. No lo se, en la vida poco se sabe con certeza, o si quisiéramos saberlo aburridos acabaríamos sin sentir la expectativa de ese viernes que se acaba para dar paso al sábado que añoramos el lunes. Pero bueno, creo que hay un camino y si me toca caminar, lo haré hasta que mis piernas me lo permitan.

domingo, 1 de junio de 2008

Trayecto Inconcluso


Quizá siento mi inspiración irse. He navegado últimamente por las entrañas de mi corazón. Quizá uno siempre se pregunta, ¿por qué le dicen “corazón”? No me refiero a esa masa orgánica entre los pulmones que bombea líquido rojo a nuestros ojos cuando queremos llorar. Sino a eso que decimos corazón y que solo sirve para hacernos “fregarla” en los momentos menos oportunos. Los sentimientos sublimes, los escalofríos o acaloramientos sin razón justificante. Los temblores impertinentes. Las lágrimas infames. Eso, ese corazón. Francamente, no encontré el camino o, mejor dicho, no encontré respuesta. Pero quizá lo he pensado mucho y quiero creer que no encontré respuesta, para no descubrir lo que realmente encontré.



Al llegar a un lago rojo, repleto de pequeñas islas desiertas, lúgubres y sin vegetación, sentí un tremendo escalofrío (“… no quedaban islas para naufragar …”). Pensé encontrarme en un mar de sangre, pero eso inmediatamente me llevaba a la imaginativa idea de que lo que buscaba estaba precisamente donde menos quisiera que estuviera. Abandoné inmediatamente la idea. Sentí que arriba se escuchaba alguna canción de Sabina, muy adecuada para el momento: “Tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches” Esas solitarias noches, que no superaban esas frías madrugadas.



Pero continué navegando y miraba al fondo, en un cielo completamente negro, con una luna llena roja allá arriba, colgada en la mitad de todo, con una tremenda luz. Seguí navegando, sin inspiración, con la pluma del relato de mis días. No pensé siquiera en conocer nuevos mundos ni sorprenderme con grandes descubrimientos. Únicamente quería comprobar lo que ya pensaba que había allí adentro. Pero mi dolor fue enorme cuando al llegar al lugar esperado, encontré nada. Vacío.



Como un asiento real sin rey. Un espacio oscuro, en donde antes hubo algo, fue lo que hallé. El sentimiento vacío, el corazón solitario sin destinatario. La necesidad acabada. La intensidad suspendida. Todo, hecho nada. La nada, era todo. Así, un vacío. Así me encontré y eso encontré, y cuando terminé mi travesía y abruptamente lo dejé todo atrás, solo escuchaba a Lavoe “Yo soy el cantante, y he venido …”. Eso era todo en el viaje.



La inspiración ha viajado a algún lugar recóndito del mundo. Se ha perdido. La ilusión está de vacaciones. El sentido, jajaja, el sentido, ¿qué sentido tiene todo esto? La nada, eso es todo en este bote, la nada.

domingo, 4 de mayo de 2008

EL QUINTO MES DE HACE 40 AÑOS



Quizá la imaginación sea uno de los dones más preciados de la humanidad; quizá sea la facultad mental más ilimitada de todas las que, con cierta sorna, solemos presumir. Resulta por lo demás bastante curioso, aunque no sorpresivo ni inexplicable, que conforme pasan los años y la edad empieza a dejar sus huellas en el cuerpo, pero más específicamente y mucho más lamentablemente, en el espíritu, la imaginación comienza a desaparecer y da paso a un permanente conformismo letárgico, inundado de desesperanza, satisfacción autosugestionada y seguridad de ficción, que encamina las mentes y las almas humanas hacia la postración y el inmovilismo.


Recuerdo una frase, aunque no a quien pertenece, de un tenor más o menos así: nuestros sueños, en la juventud, son montañas desde las que miramos; y en nuestra vejez, cuevas en las que nos escondemos. Quizá no sea por las consecuencias biológicas del paso del tiempo, sino más bien por los factores externos, sociales y/o culturales, que afectan nuestros cerebros y, sobretodo, nuestra forma de ver la vida. Hay que decirlo, en general, es una sociedad frustrante, en la cual o te dejas llevar y te "acoplas" haciéndote de la "vista gorda", o pasas continuamente deprimido y con una profunda pero a la vez recalcitrante sensación de soledad. Un equilibrio, al estilo del virtuosismo platónico, probablemente sería un camino alternativo, pero en realidad siempre conducirá más bien al lado del aletargamiento, pues lo contrario implica una constante lucha interna con consecuencias impredecibles.


Sin embargo, es (debería ser) propio de la juventud cuestionar; por eso es bastante deprimente encontrarse, hoy en día, con "colegas jóvenes" aletargados o absolutamente imbuidos en un modo de vida absolutamente encasillado en el paradigma de inmovilidad propio de estas épocas. En el otro extremo, quizá, estan aquellos que consideran sus acciones sujetas al principio de la rebeldía o de lo "diferente" o "diverso". Con pesimismo, o más bien con realismo, cabría decir que la sociedad también ha funcionado en ese sentido, creando "sub-culturas" o "sub-grupos" que, si bien pretenden actuar a título de revolución, no hacen más que aportar con una pieza clave y bastante disimulada, en el engranaje de este sistema. Al final, no se hace nada.




El disgusto por mi propia forma de no intervenir, en mi situación de desesperación por no tener la suficiente visión, agallas o como quiera llamárselo para actuar, encuentra más desazón en el desencuentro continuo con manifestaciones aberrantes del funcionamiento de este sistema francamente perverso. En esos momentos de oscuridad, en que complementando a Sábato no solo me encuentro en mi propio túnel, sino en una caverna con notas acompasadas por el griterio silencioso de los que me rodean, a tal punto de tener que entonar con rabia contenida y resignación las frases de Cortez, pues solo debo recalcar que vivo en medio de tantos muertos, siendo yo apenas un zombi.


En esos momentos, repito, quizá la llama de aquellos hechos que, más allá de su significación real y quedándonos, quizá, no con su ideologíca bastante difusa o con ciertas ideas más o menos claras a cuya adhesión podría dudarse continuamente, sino con su significado para la juventud. Ese ánimo de cambio, esa necesidad de que se tomen en cuenta otras cuestiones; ese imperativo indispensable de que los jóvenes no somos proyectos de adultos, ni que somos el futuro ya descompuesto por quienes consciente o inconscientemente lo han determinado previamente. Esa juventud que quiere y siente, que está harta de tanto de lo mismo y de tantas reglas inventadas para disciplinarnos hacia una sociedad en la que "para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento".


Por eso recordamos ese mayo de 1968, más allá de las limitaciones propias de la humanidad; más allá de los aprovechamientos políticos de los infames acaparadores de las ideas; más allá de las dudas y de los cuestionamientos; más allá de la ilusión y de la utopía. Más allá de todo eso, el símbolo de la lucha por un mundo distinto, un mundo regido por aquella máxima "La imaginación al poder". Ese mundo diferente.


Si no se puede hacerlo siempre, al menos, a veces, hay que cerrar los ojos y soñar, como lo hizo Julio Verne al romper los límites y dejar su mente volar; o Einstein cuando rompió los esquemas y cambió la forma de ver el mundo. En fin, dejar a la mente disfrutar, sin maniqueísmos ni dogmas. Si como dijo el Conde de Saint Saud, "la tierra pertenece a sus dueños, pero el paisaje, es de quien sabe apreciarlo", quizá valga decir que muchos se han apropiado de la realidad, pero las ideas son libres, vuelan como aves y nadie nos puede impedir imaginar.
Imágenes tomadas de: http://www.aguaron.net/mayo/68.htm. Acceso: 4 de mayo de 2008

sábado, 3 de mayo de 2008

VISITA MOMENTÁNEA AL LAGO DE LOS SUEÑOS

No es que caí dormido y empecé a soñar con cualquier historia medio creíble sobre la muerte de la existencia humana mientras el patíbulo de la enseñorada majestad ambulante del sortilegio incontenible de aquel brujo maestro y pensador occidental descubría en su barco al navegante oculto tras la bruma del incipiente mar gris de la perturbadora presencia siempre ambigüamente concebida del maléfico señor de las pestes.

En realidad, desperté medio entre soñando y casi entre durmiendo. Me imaginé flotando sobre el agua transparente de una enorme laguna; simplemente estaba sobre el agua, como si yo fuera más liviano que ella, aunque al mismo tiempo caminaba en la profundidad de un océano pesado. Abría los ojos pero no podía ver; aguzaba el oído, pero apenas podía escuchar el incesante ruido de mi mente cuestionadora, a la que solo quería silenciar. Cavé un pozo de tres metros con mis manos y aunque al acabar, sin saber la razón de mi actuación, pensé encontrarme sin uñas en mis dedos, descubrí todo intacto; como es mi corazón luego de tanto abatimiento, que tras haber sido desgarrado como una cortina por las filudas garras de una felina, continúa latiendo y exigiéndome que respire el smog de esta ciudad.
Ciao.

TENEBROSA FRUSTRACIÓN DE MAÑANA

Tenebrosa frustración de mañana,
siento hoy en mi infinita soledad,
y aunque en el fondo de mi alma nada queda,
sigo esperanzado en encontrar la verdad.
Pero, ¿por qué o para qué encontrar la verdad?
Hoy quisiera sentir mi corazón latir,
para engañar a mi mente y persuadir a mi cuerpo,
de que aún tengo ganas de vivir,
o que todavía no estoy completamente muerto.
Pero, ¿para qué o por qué seguir aquí?
No pretendo averiguar las razones de este mundo,
porque quizá viaje hasta el infierno de lo oculto,
aunque no negaré mi atracción hacia lo oscuro,
pero la paradoja de mi existencia me conduce hacia lo claro.
Pero, ¿qué esperarán los fantasmas de la hoguera?
Simplemente nada de lo dicho encontrará destino,
solo llego a los oídos sordos de la triste suerte,
pensaría que en mi camino todavía no está la muerte,
solo diré que aún sueño contigo.
Acabaré con la falsedad de este mundo...
Un niño llora en el interior de este triste corazón.