martes, 4 de noviembre de 2008

ME DA TANTO ASCO

El ejemplo del que parto muy probablemente es de lo más trivial, conocida es la frase de que el fútbol es “lo más importante de lo menos importante”. Sin embargo, me parece preciso, aunque obvio es que contiene una dosis de fanatismo, empezar refiriéndome al partido que el domingo último protagonizaron el B.S.C. de Guayaquil y la Liga en la ciudad porteña. Para dejar de lado un tanto la evidente parcialidad, citaré lo que ha recogido la prensa, concretamente el diario “El Comercio” en su parte deportiva del día de hoy martes 4 de noviembre de 2008: “Alfredo Intriago… El juez se llevó las críticas por sus polémicas decisiones en el encuentro entre Barcelona y Liga. Por ejemplo, exageró en la expulsión a Jairo Campos, exageró en las tarjetas, cortó las acciones y tampoco señaló los minutos de adición final”. Asimismo, en el diario “El Universo” del día lunes 3 de noviembre del presente año, con claridad, aunque con mínima atención, se señala: “Las expulsiones de Diego Calderón y Jairo Campos perjudicaron a los albos”.
Cuando se cometen injusticias, se falta a la verdad o se toman decisiones equivocadas una, dos o hasta tres veces, se puede aceptar que se trata de errores desafortunados, casualidades trágicas o desatinos inintencionales. Pero cuando esas actuaciones malogradas ocurren permanentemente, favoreciendo a los mismos y perjudicando a los mismos, el asunto toma tintes sospechosos. Que mejor que logar un triunfo, alcanzar un éxito, conseguir las metas jugando limpio, con las reglas claras, cumpliendo a cabalidad las exigencias previstas para una mejor convivencia; qué mejor recompensa que haber logrado lo propuesto, luego del esfuerzo propio, de las lágrimas inclusive, ahí está la mejor sensación de satisfacción. Pero, ¿qué mérito puede existir cuando en esos logros o éxitos han existido ayudas o apoyos francamente discriminadores? Pues a unos se les brinda todas las facilidades, o se les dan solapadas colaboraciones, y a otros les toca, como se dice comúnmente, “sacarse la madre” para lograr lo propuesto.

En el ámbito de lo académico, es dolorosamente vergonzoso, de vergüenza ajena, la perpetua y constante voluntad, no de dar a cada uno lo suyo, sino de copiar, plagiar y aplicar a rajatabla la “ley del menor esfuerzo”. En los típicos almuerzos familiares, en las reuniones de amigos, en las discusiones de clase, hasta en los pasillos del claustro universitario, se discute a veces con dogmática criticidad sobre la mediocridad, corrupción y autoritarismo de determinados gobernantes o políticos; pero al momento de rendir un examen, hacer una tarea o efectuar determinada investigación, el esfuerzo es mínimo, la lealtad académica es inexistente y el robo de las ideas ajenas es regla general. ¡¡¡Qué asco!!! Me da asco sinceramente, que todo sea tan deplorable, que haya tanta hipocresía salvaguardada por costumbres estúpidas.


Una vez escuché a alguien que decía: “yo copio porque no tengo otra opción, si repito el año mis papás tienen que pagar más”. Si esto lo hubiera escuchado de una persona de escasos recursos o con problemas de aprendizaje, podría pensar que no es su absoluta responsabilidad, que el estado o sus padres deben ocuparse de estas situaciones; pero siendo la persona que dijo esto alguien con posibilidades mucho mayores que la media de nuestro país, con acceso a herramientas que la gran mayoría de habitantes del Ecuador difícilmente o nunca podrán alcanzar, realmente me causó nauseas, desazón y tristeza, sensaciones que vuelven a mi cuando recuerdo dichas frases.

En una ocasión, en la universidad, un profesor no podía asistir a tomar el examen; como mal acostumbrados que somos, sino hay un “macho castigador” que imponga sanciones, grite o insulte, o al menos controle, esto se vuelve una revuelta de anarquía sinsentido, todos y todas, porque ya es hora de destruir ese mito de que las mujeres por ser mujeres son más honestas y honradas que los varones, prepararon sus ojos, manos y hasta pies para iniciar la faena de plagio. Pero en un principio, estuvo un profesor “controlando” la rendición del examen; sin embargo, cuando el profesor, por motivos personales, tuvo que salir y dejar a un alumno de un semestre superior para que controle el asunto, todo se volvió una vergüenza, que afortunadamente no pude presenciar pues entregué mi examen antes de que se fuera el profesor.

Lastimosamente, en otra ocasión si tuve que presenciar una episodio de los más lamentable y asqueroso en toda mi historia universitaria; un capítulo vomitivo y malhadado de lo que se ha visto hasta ahora en términos de deshonestidad académica. El profesor titular no podía ir a tomar el examen ese día, así que encargó a su ayudante de cátedra. La imagen fue para llorar y cortarse las venas: más que un examen parecía una reunión en un club social, un juego de cuarenta, rumi o póker, o la ruleta de un casino. Todos y todas, sacando sus cuadernos, levantándose literalmente con examen en mano a transcribir respuestas, conversaciones prolíficas sobre las preguntas y sus contestaciones. El ambiente era acalorado, pues parecía Wall Street en un “viernes negro”: todo el mundo de un lado para el otro, con papeles en mano y caras de desesperación. En determinado momento, el ayudante expresamente permitió que se hiciera de todo. Solo faltaba colocar un par de camastros por ahí y dejar que entre descanso y descanso cada cual desfogue sus pasiones íntimas.

Es una verdadera desgracia, una contradicción y un ejercicio de hipocresía, seguir quejándonos de nuestra realidad, de nuestros gobernantes y de todos nuestros problemas, cuando en nuestra vida diaria, en nuestro quehacer cotidiano, lo único que hacemos es cooperar para que todo siga empeorando cada vez más y más. A todo nivel, sea en la más “alta” política, como en el asunto más vano, se practica como ciencia fundamental los postulados de la mediocridad, la flojera, la deshonestidad, la corrupción, la “ley del facilismo y del menor esfuerzo”. Unas torres se pueden derrumbar fácilmente, cuando los cimientos de aquello que simbolizan son blandengues y corruptos; un edificio alto y resistente, no se logra construyendo el último piso con acabados de la mejor calidad y materiales de la mayor resistencia; las más fuertes estructuras se logran con cimientos fuertes, duraderos e incorruptibles. Mientras sigamos pensando que algún día todo mejorará y que mientras tanto cada cual puede hacer lo que a bien tenga, estaremos condenados a repetir los mismos errores del pasado (y del presente) y a continuar en el interminable letargo de una realidad corrosiva, hipócrita, mediocre y corrupta.

domingo, 26 de octubre de 2008

Claroscuro

Me encontraba caminando por el parque de enfrente. Había salido de mi casa a tomar un poco de aire. En realidad, solamente quería salir de mi soledad, quería sentir la presencia de otras personas a mí alrededor. Quería presentir, al menos como una posibilidad, que habían personas mirándome, personas para quienes, al menos por un mísero instante, haya sido un ser viviente. Caminé varios segundos, sin mirar a nadie a los ojos, sin siquiera volver mi cabeza hacia un costado. Solo caminaba, mirando solo lo suficiente como para mantenerme por el camino sin perder el equilibrio.

Pero esa era la paradoja, justamente esa era la paradoja. Caminando, evitando tropezar con alguna persona, simplemente avanzando hacia la nada. No había camino, no había ruta ni punto de llegada; ni siquiera existía punto de partida. El comienzo fue en la nada, fue en medio de un universo oscuro e indescifrable, fue un no y punto.

Por un momento miré hacia el cielo. Apenas algunas pocas nubes cubrían ese telón teatral de color celeste. No era azul, era celeste; era una tonalidad más clara y más vital. Al menos eso era lo que yo veía; o lo que yo quería ver. De cualquier forma al menos no sentía caer gotas rojas en mis manos.

Empecé a conversar conmigo mismo. Justamente eso es lo que no quería; pero, sin darme cuenta, ya estaba divagando nuevamente en mis pensamientos. Por un momento había estado fuera de la cueva, iluminado por la poderosa luz del sol, que de alguna manera trataba de asomarse por entre las oscuras nubes del desierto. Pero no, eso no duró nada, porque nuevamente más pudo mi ser, pudo más mi pensamiento y mi mente que todo lo demás. Sin embargo, allí queda constatada nuevamente la paradoja, la terrible contradicción que nunca podrá ser resuelta. Si alguna vez apareció el sol, era la luna luminosa que, a través del lente de mis ideas, se había transformado en un inmenso ente dorado, con cuyas brillantes llamaradas era capaz de herir mis ojos.

De todos modos, las heridas ya existían, y solo volvían a abrirse y a cicatrizar a cada momento, en cada instante; el sagrado y venerable verdugo de mi pensamiento, volvía a poner sal en mis heridas, mientras que su siempre presente compañero, aquel que nos engaña haciéndonos creer que todavía hay algo más, que todavía el verdugo no ha despertado, curaba superficialmente mi profundo lastimado.

Pero los ojos seguían viendo y seguían vivos, pero eran como muertos, como oscuras dagas que cuando eran desenfundadas solo eran capaces de causar daño a quien se atreviese a siquiera mirarlas. No había dicha ni desdicha, no había principio ni fin. Había una larga e interminable sucesión de sistemas inacabados por los cuales transcurría mi vida y de los cuales pasaba a través de puertas laberínticas que me llevaban siempre a formularme la misma pregunta: ¿no pasé ya por aquí? No pasé ya por aquí, ¡qué pregunta!

Nunca volvía a pasar por el mismo lugar, siempre era diferente. Era diferente para mí, porque así quería que creyera mi buen amigo el verdugo. Hace tiempo que ya lo descubrí, pero no quiero que sepa que lo que he hecho, quiero que siga disfrutando con la idea de que todavía sigo creyendo en él. Sin embargo, muchas veces no estoy seguro si lo disfrutará en realidad, pues nunca me mira a los ojos, es más, nunca lo he visto de frente.

Nunca lo he visto, solo he visto su sombra en sueños o pesadillas. Curiosamente, más lo he visto en sueños, es más, creo que jamás ha estado en mis pesadillas. Es que en mis pesadillas es cuando realmente puedo estar solo, cuando puedo ver la verdad, cuando puedo sentir el verdadero dolor que produce apretar con todo mi ser la verdad. Así, cuando más siento que un fuerte abrazo me traerá el calor nunca sentido, o que no he sentido hace siglos, el ambiente se pone tosco y pesado porque el dolor de tener entre mis brazos a la verdad me desespera.

El verdugo aparece cuando debe aparecer. Es necesario que lo haga. Si no lo hace, que sentido tendría soñar. El verdugo no habla nunca, ni se mueve; bueno, si lo hace, pero cuando yo estoy distraído, o cuando él cree que lo estoy, pues yo también lo he engañado, yo también le he hecho creer que creo en él y que todas sus jugadas ocultas son ajenas a mi percepción. Empero, yo también me he engañado a mí mismo, pues el verdugo sabe bien que yo ya sé que el sabe que ya no me sorprende. En todo caso, los dos seguimos manteniendo nuestra sincera hipocresía y así convivimos con tranquilidad, si cabe el término. Claro, es que con el verdugo jamás hay emoción, jamás hay algo que pueda alterar los nervios; es todo pasividad, es toda una ceremonia religiosa interminable, en donde tratamos de conectarnos entre un abismo infranqueable, que los dos muy bien sabemos es un espejo que podemos romper en cualquier momento, pero no queremos hacerlo, porque queremos creer que jamás podremos entrar en contacto, aunque siempre lo estamos.

Pero el compañero del verdugo en cambio es un desgraciado. Siempre lo miró a los ojos y solo es capaz de presentarse con una absurda sonrisa. Una sonrisa falsamente verdadera, una sonrisa que solo transmite tristeza y dolor. Cuando lo veo, solo quiero volver a mi cueva y dormir, para jamás despertar. Pero él me sigue y me despierta, e impide que mi alma también se duerma y no vuelva a vagar por ahí. El verdugo, claro está, nunca interviene, porque ello sería romper nuestro pacto tácito, nuestro acuerdo nunca firmado ni acordado, pero implícitamente escrito con profundas marcas de fuego en mi piel.

El compañero del verdugo, de quien ya olvidé el nombre hace mucho tiempo, no descansa jamás y solo se sienta cuando el verdugo se acerca, lo cual ocurre más seguido últimamente. El compañero nunca duerme, por eso siempre esta en mis sueños y en mis pesadillas, especialmente en éstas. Mis pesadillas son extrañas, no por su contenido, sino porque se convierten en tales cuando despierto. Mientras duermo, me invaden con su asquerosa belleza, me alimentan con su horrible hermosura. Cuando despierto, siento que la mitad de mi vida ya ha sido devorada, no por el verdugo ni por su compañero, sino por otro ser, otro ente y otra cosa que todavía no descubro. Solo especulaciones.

Cuando despierto, la pesadilla toma cuerpo. Antes, no era nada. En cambio los sueños, que cada vez son más, son reconfortantes. Cuando duermo, parecen ser horribles, agitantes, dolorosos y terribles; pero cuando despierto, siento que al final, después de abrazar a la verdad hasta morir desangrado por sus profundas espinas, vuelvo a nacer; nazco, no más fuerte, sino más yo, más persona, menos espíritu. Así siento que por fin todo tiene sentido, es decir, que nada tiene sentido. En efecto, el único sentido de todo es el no sentido, en todos sus aspectos.

Pero ya he avanzado bastante y decido regresar; pero no hay regreso porque uno regresa de donde salió, pero yo no salí de ningún lado, no hubo punto de partida. El compañero del verdugo me indica el camino, pero el verdugo ya espera al final de dicho camino. Espera que por fin deje que la sinceridad supere a la hipocresía o, mejor dicho, que la hipocresía se revele como la verdad. Así, él me espera, yo me espero a mí mismo. He llegado. Volví, cierro los ojos y ya no te veo. No te veo y, por fin, el verdugo pasa a sentarse junto a mí, sobre mí, dentro de mí; mejor dicho, ya no hay verdugo. No hay verdugo, entonces tampoco su compañero, porque ya se fue; en realidad nunca estuvo presente, nunca existió. Por fin veo tu foto. Así creo que al fin podré ver donde termina todo. Una sonrisa lejana me recuerda al verdugo; luego, a ti.
La espada atraviesa mi cuerpo, no hay dolor, no hay tristeza, no hay destrucción ni transgresión. No hay vida tampoco; de hecho, nunca la hubo. No la hubo y no la habrá y, por ello, el verdugo y su compañero y yo mismo descubrimos que solo una cosa es cierta, con lo que ellos y yo vemos que nosotros solo somos, éramos, es decir no fuimos más que una invención. Me refugio en mi mismo, veo por fin toda la oscuridad. Veo por fin, al final de todo el túnel luminoso, la adorada y esperada oscuridad.
(22-junio-2007).

martes, 21 de octubre de 2008

LINDA CANCIÓN

Me dio ganas de escuchar esta canción... más que eso, de cantarla en mi mente con todas sus letras. Es muy bonita, inspiración pura de Silvio.


OLEO DE MUJER CON SOMBRERO

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cinturadebajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.



Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figuraque recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.



La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.



Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota
y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.



Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno,
me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.


MARC CHAGALL













domingo, 5 de octubre de 2008

A veces estoy hablando para mi...

Hoy voy a escribir algo… bonito, quizá hasta meloso o acaramelado; al menos eso parecerá sobre la superficie, pues puede ser que en el fondo haya tristeza o lamentación. No lo haré, afirmo, por alguna razón en especial, ni siquiera por inspiración. Simplemente, quiero escribir y lo haré sin importarme lo que se piense o produzca. Lo haré, simplemente, por escribir y escribir.





(And) honey All the movements you're starting to make
See me crumble and fall on my face
And I know the mistakes that I made
See it all disappear without a trace
And they call as they beckon you on
They said start as you mean to go on Start as you mean to go on
(A rush of blood to the head. Coldplay).




Hablaré por mi, no hay generalización en mis palabras aunque así suene.

Uno a veces quiere tener una imagen distinta de un mundo desagradable. Y así es como uno sigue creyendo en esas miradas sublimes, pensando probablemente que el gran espíritu de la humanidad, el gran sentimiento supuestamente común y exclusivo a los seres humanos, llega a su máximo esplendor cuando dos miradas se encuentran llenas de luz, llenas de ilusión transfigurada en realidad, llenas de la espiritualidad que sobrepasa todo lo material que inunda nuestras zombis vidas.



Poema triste
Estoy harto de mirar a los falsos ojos de las mujeres,
Y contemplar en silencio la tristeza de mi alma,
Porque si fuera un pobre diablo sediento de placeres,
Pedería importancia a quien mi corazón ahora ama.


Aunque injusto suene para mí lo que ahora digo,
Solo siento pesadumbre por lo que mi vida significa,
Ya que cuando el frío de la mañana es lo que respiro,
La tristeza que a mi alma embarga magnifica.


Por eso solo quisiera por un instante cerrar mis ojos,
Y sentir la dulzura de los labios de la inalcanzable diva,
Para de esa manera olvidar el dolor de mis quebrantos,
Y gritar al viento que he encontrado el sentido de la vida.
(No es nada personal ni en especial en contra de nadie, y recalco que no es por generalizar).




Cuando uno camina por la calle, siente la lluvia caer de repente; el cielo hacia el sur, lo notamos despejado, azul, con bellas nubes ligeramente teñidas de rosa, aguardando ansiosas el anochecer, para así dar rienda suelta a su romántica imaginación; dejar de lado las figuras que las inocentes mentes infantiles les atribuyen, y convertirse en las espectadoras privilegiadas de las centellantes estrellas que, de su lado, dan paso a una luna creciente apenas visible.



Y caminar, estábamos en eso, y caminar bajo la lluvia, no muy fuerte todavía, pero nostálgica como un flor marchita. Subir por una calle abandonada, las gotas en las mejillas, se juntan con las lágrimas que salen de los ojos. Un momento sublime, un corazón latiendo vivo, reflejando un sentimiento oculto.




La mente es muy poderosa, es nuestra fortaleza y a la vez nuestra debilidad, como seres humanos. Una ilusión puede destruirnos o reconstruirnos, darle valor a la vida, darle alegría al corazón. Siempre conmueve la película de los dos viejitos, sin haber nada de despectivo en mi expresión, que se han amado profundamente, largamente, fielmente y perpetuamente toda la vida, con la fortaleza de las antiguas pirámides que se mantienen incólumes a pesar de la lluvia, del sol, de los vientos y de los olvidos.





Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar… en tu mirada
La Belleza
(La Belleza. Luis Eduardo Aute).




¿Habrá verdaderamente aquel complemento espiritual que mucho se representa en películas o libros? ¿A eso que le ponen tantos nombres diversos? Los corazones se suelen endurecer, y no siempre están listos para el momento que, siendo soñadores, debería ser el preciso. Pero quizá ese momento nunca llega, el momento de encontrarse con ese verdadero amor, ese complemento mutuo, esa mirada insospechada e inusitada, que es sincera y profunda, fogosa y espiritual, aire puro y verdad.

Pero el mundo nos da de golpes a diario, a cada momento. Llorar y sentarse a pensar, no por mucho, porque el tiempo nos carcome a cada segundo. Y mirar, mirar hacia lo que esperamos de nuestras vidas, sentir el temor de que no podemos ser lo que quisiéramos ser; o la decepción de quedarse sin héroes, sin la luz al final, sin algo o alguien en que o quien creer. Solo nos tenemos a nosotros mismos, estamos solos y abandonados. En los momentos de las decisiones más duras, en los momentos de las cuestas más duras, solo estamos nosotros solos, porque quienes nos apoyan también libran sus propias batallas, y en el fondo de nuestras almas lo definitivo queda en nuestra última decisión.



Pero cuando uno despierta de una pesadilla, de la muerte hecha realidad en los pensamientos, tener una mano nivea y sincera con la de uno, sintiendo el espíritu materializado a través de un sentimiento sublime; quizá la cuesta se hace más sencilla, o quizá la cuesta se disfruta, y se desea que nunca acabe, porque mientras esa mirada indescriptible permanezca inmutable y perpetua, nada importa y todo lo palpable deja de tener sentido.

Con dolor, en verdad hoy tenemos que decir que,
"para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento”





El sol seguirá saliendo, y algunas flores lo buscarán con ahínco, con deseo, con ilusión y con amor. Y lo esperarán todos los días, sin falta, con fidelidad. Y ojala no las sigan cortando, ojala no las sigamos cortando, ni pisando. Y ojala, las podamos seguir sembrando. Y ojala…

Dame un instante
Cantar al viento, no será suficiente,
si tus latidos no sienten a los míos.
Sentir la brisa, que dejas a tus pasos
ya no me basta si no tengo tu vida.

Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.

Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...

Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.

Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...
(Juan Fernando Velasco).
Fin.
BEVM.

miércoles, 1 de octubre de 2008

ME FUI DE NOTAS

Pues bueah (según los provenientes de cierto país sudamericano, eso signifca "bueno"), cuando corresponde ser serio (o sea, cero), estar concentrado (sin centrado), parecer inteligente (ininteligible), lucir eminente (demente), aparentar ecuanimidad (Ecuador), etc. etc. etc. (etcétera), pues no me falta capacidad ni estupidez. Pero cuando se trata de poner a fondo el acelerador de la irreverencia (ni que reverendo Alegría) y dedicarse a entablar conversaciones en las cuales únicamente se hablan disparates, tonteras, huevadas, pendejadas… en otras palabras, todo un conjunto armónicodesarmónico (no de harmónica, quizá de zampoña) de frases sin sentido, probablemente sea el campeón de los campeones, el winner de los winneresssses y, por si fuera poco, el contagiador más contagiante de la contangiación. Ahora, recordando un poco algo de aquellas repetidas manifestaciones verborrágicas, pensé en un par de célebres ocasiones:

1.- Gandho (Ursus) y yo, el día de la semifinal Liga-América, en el msn, 11h47 (si, de ley me acuerdo el minuto exacto) aproximadamente (modestia aparte):
(mi jefe de ese momento se llamaba Gerardo Morales)

Yo: …siempre y cuando Gerard Morals me de permiso, todavía no le digo nada del partido.
G: ¿La moral de Genaro?¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Yo: No, General Motors.

2.- En el msn con un amigo:

Yo: No es lo mismo General del Estado puesto preso, que Presupuesto General del Estado.
(…) (censura, avisé por si acaso)

Yo: …mami mami, en la escuela me dicen carevergg… agghh mijito, no joda, que los elefantes no van a la escuela.

Pero nada le gana a lo que pasó el día de hoy en mi oficina:
Jefa: bueno Byron, me despido.
Yo: Que le vaya bien Dra.
(…)
Trilililin… trilillin (teléfono… Rabinovich: … tras larga espera… pera, jugosa la pera… eran peras)
Conductor de J: retiró la renuncia, no le aceptaron (país candela, arde candela, país candela, hacia la libertad, ohhhohhhh... ohhhoohhh... Wel come Absurdistan).

Yo: plop¡¡¡¡… y no por ver a Yayita. (se supone que en la cultura Inca había un líder llamado Condorazo, lo que nos permite saber de donde surge la dinastía).

Mifui, nos vedreos.