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viernes, 28 de agosto de 2009

REBELIONES INESPERADAS

Hace aproximadamente una semana, ya ni me acuerdo con exactitud, abrí el programa “Microsoft Word”, de esa versión que, de manera sumamente sospechosa tiene una “x” cuando se graba uno de sus documentos, luego del ya conocido “doc”; en fin, me disponía a redactar algún documento de esos que, generalmente, son leídos de corrido y luego arrojados vilmente a un absurdo y solitario basurero de plástico de una esquinita llena de polvo. En esas me hallaba, cuando ocurrió algo inusitado, algo nunca antes visto, un suceso realmente fantástico pero, al mismo tiempo, tenebroso; y, como me gusta compartir, me apresto a darles a conocer este hecho, este acontecer, esta situación que, realmente y sin lugar a dudas, os dejara perplejos, anonadados o, en todo caso, les hará dudar de, nuevamente, querer utilizar un procesador de textos o, quizá, extrañar a ese recordado y siempre infalible “Word Perfect” de las épocas de los “disquetes” negros, delgados, maleables y rellenos de un disco cubierto de kleenex.



Ahí les va este hecho; recomiendo no tener líquidos viscosos ni calientes junto a ustedes (supongo que sí habrán lector@s o curios@s), pues puede ser que el trauma de leer lo siguiente les provoque reacciones imprevistas.



Me aprestaba a guardar el documento desde un inicio, pues por mi tradicional tendencia a tratar de siempre asegurar absolutamente todo, siempre que empiezo a escribir algo prefiero guardarlo desde el principio e ir grabándolo periódicamente (en este momento, de hecho, lo acabo de hacer). En el preciso momento en que con mi dedo arrastraba el cursor hacia el icono con un dibujito de lo que alguna vez fue un antiguo disquete de color azul con etiqueta blanca, pensé ¿qué título le voy a poner a esta vaina? Al escudriñar entre mis neuronas alguna posibilidad que, al menos en mi limitado criterio me pareciera original, decidí dar un paso previo para ver si así, con un poco de distracción, se me iluminaba y me llegaba la primera inspiración. Me dirigí con el cursor hasta cuando salió el cuadrito “Fuente”, y estaba por cambiar de una que decía “Calibri”, a mi siempre preferida Times New Roman.


De repente, el cursor dejó de reaccionar. La pantalla empezó a prenderse y apagarse de manera intermitente y, ciertamente, fantasmagórica. Por un momento pensé que había un terremoto o alguna repentina erupción volcánica; luego, llegué a creer que estaba por enfrentarme a terribles e indestructibles ánimas provenientes de algún cementerio Inca escondido debajo de edificios y montañas superpuestas. Al fin, se me ocurrió que un nuevo virus telepático se estaba internando entre los chips del disco duro de mi portátil, a pesar de que ni por imaginación excesiva me encontraba conectado a internet.


Sin embargo, de un momento a otro, todo permaneció en quietud, todo se quedó de un instante a otro en la más inquietante e insoportable soporífera calma. Así estuvo todo durante impactantes e irritantes segundos, sin que yo me atreviera siquiera a querer tocar alguna tecla. Caminé de un lado a otro, sin despegar una sola milésima la mirada de la pantalla. Me preguntaba si sería adecuado practicar el famoso “apagón”, o recurrir a la táctica de la “triple tecla automática”. En definitiva, mis dudas eran insoportablemente absurdas pero, simultáneamente, terroríficas. Finalmente, me senté frente a la pantalla, dirigí mi dedo pulgar hacia el “enter” para intentar algún artificio, dispuesto a todo.


Sin embargo, cuando a esto me aprestaba, del famoso y olvidado cuadrito “Fuente”, la impredecible “Calibri” se desplegó por todo el documento y empezó a escribirme “porque me desprecias, si yo siempre quiero impregnarme en estas páginas de mentiritas y tú, TÚ, no me dejas, malo”. Me quedé frío. Sinceramente, pensé que efectivamente se trataba de un súper virus creado por algún genio maldito dedicado a burlarse del enemigo; es más, me imaginé que me estaban grabando y, por de pronto, empezaría a salir en videos youtube más famoso que “Edgar”. Me arriesgué a intentar la táctica de la “triple tecla automática”, pero nuevamente salió la “Calibri” a decirme “no me apagues, malo malo malo, muy malo malo malo”.


En mi mente calculé que esta “Calibri” sería una especie de colibrí un tanto volado la teja que, en una reencarnación sumamente extraña, pasó a la plana mayor de las fuentes de los documentos “docx”; trataba de cavilar si alguna vez, en versiones pasadas, existía un tipo de letra así, y sinceramente no lo podía recordar, supongo que, o bien estuvo siempre en el olvido, o bien todavía seguía siendo colibrí. De todas maneras, ya me estaba tranquilizando, y me disponía, aunque me parecía un verdadero sinsentido, a responderle a esta “Calibri”; pero, de la nada, más sorpresivo y tenebroso que una caída en escalera eléctrica, apareció el “Times New Roman”, con furia y descontrol, sacando de la pantalla a la “Calibri”, y con su propio reclamo: “sal de aquí, entrometida, siempre he sido el preferido de todo documento y mi competencia jamás ha sido alguien de tan poca monta como tú, impertinente”.


Me quedé absolutamente pasmado. Sin duda, algo extraño estaba ocurriendo. Con la palma de mi mano, me di una tremenda cachetada para tratar de desestupidizarme, pero la verdad es que, o bien eso era algo imposible, o bien la realidad superaba los inimaginable. El “Times” se peleaba con “Calibri”, algo que me dejó estupefacto y con el pensamiento de que “cuando aparece Arial”. No terminaba de meditar esto, cuando, efectivamente, apareció el grandote del Arial y, tomándose de la mano del cuadrito “Tamaño de fuente”, colgó una cifra excesiva y exageradamente alta, para decir: “BASTA”. Entró con tanta furia y autoridad, que Times y Calibri salieron despavoridos hacia algún recóndito rincón, lo que fue aprovechado por la nueva visitante para decirme, rubicundamente, “me has rechazado siempre sistemáticamente; conozco por muy buenas fuentes, y esto no es una ironía, que siempre recomiendan redactar con mi contingente, o con las bastardas fuerzas del Times, y de alguna otra que también osa utilizar la impertinente letra T, y aunque he logrado expandir mis fuerzas por casi todos los territorios del buen y mal escribir, tú, si tú, me sales con tu desprecio y prefieres acudir a las ambiguas e incomprensibles mañas de ese que se cree algún tipo de romano, ya es suficiente; o me empiezas a aceptar, o comienza la rebelión, y te anticipo que tengo muchísimos aliados”.


Sinceramente, tuve todas las intenciones de abrir una ventana, desconectar los cables, y con todo desprendimiento dejar volar las ideas… contenidas en mi portátil y lanzarla por los aires. Todo pintaba gris, pero se puso aún más complejo, cuando de la nada, apareció el siguiente texto: "es hora de que los abandonados tengamos un lugar"; y. a continuación, inesperadamente y ante el evidente susto del Arial, apareció algo que me dejó atónito: "es hora que me tomes en cuenta, porque realmente es una afrenta hacia mi, el que me tengas en el olvido, la rebeilón de los débiles ha comenzado". Evidentemente, se trataba del aclamado "Symbol" (me he permitido traducir sus palabras, para que puedan entenderlas)


Estaba asustado. Totalmente impactado. Tanto que había leído sobre la discriminación, sobre la igualdad, sobre los derechos de las minorías, y ni siquiera había reparado las prerrogativas de los diferentes tipos de fuentes. Me levanté, di una vuelta, no sabía que diablos hacer. Era una situación, inusual. Que digo, increíble, insoportable.


Y todo fue peor cuando, de una en una, golpe por golpe, empezaron a cantarme sus himnos y coros las: Ahorani, Arienne, Andaluz, Angsana New, Angsana UPC, (como Guyana holandesa, Guyana francesa; o bien, Corea del Norte, Corea del Sur), Arabic Typsetting, Arial, Arial Black (aquí seguramente hubo algún Malcom X más adelantado), Arial Narrow (¡¡¡esto si es diversidad!!! Que plurimulticulti ni que nada), Arial Unicode MS (ummm, como que ya exageramos con esto del pluralismo), Arnprior (capaz que desciende de Arial), Australian Sunrise (esto es no tener nombres que poner, por ahí ya mismo encontramos la “Ecuadorian Sundown”, aunque habrán marcas de “sunblocks” que presenten quejas), Batang (la pelucona), Batang Che (la revolucionaria), Batik Regular… y en fin, absolutamente TODAS, hasta la poco original y nada imaginativa Wingdings 3, hija o hermana de la 2 y, seguramente, familiar de la 1. En toda esta huelga de hambre, marcha simbólica, marcha blanca, “Gloriosa”, 5 de febrero, me encontré con verdaderas personalidades, como la “Hurry Up”, el reconocido “Franklin Ghotic Demi”, y sus variedades (Darwin se quedó corto) Demi Cond, Heavy, Medium, Medium Cond. La exótica “Iskoola Pota”, que no sabemos a que se dedicará. La interminable “Perpetua”, y la farmacéutica “Neuropol”, la gatuna “Pupcat”, el hermano de Tod, “Rod”, la indefinibible “Reservoir Grung”, y la que quizo copiarme el nombre pero fracasó en el inteto, “Byington” (quizá quiso decir Byriton… nunca lo sabremos). En fin, seguramente alguna “Miriam” quiso ser famosa, pero estaba tan enfermita que tuvo que llegar una “Miriam Fixed”, al igual que alguna “Marlett”, o el oriental “SinHei”, reconocido maestro de artes marciales, ni que decir el occidentalizado “Microsoft Jheng Hei”, posible fabricador de ordenadores o softwares. En definitiva, las multitudinarias marchas no concluyeron sino luego de mucho, muuuuuchoooo tiempo.


Finalmente, acabaron todos, y designaron a "Tahoma" para que me diera el ultimátum: “señor de enfrente, hemos organizado varios sindicatos, que pronto conformaremos una federación, y luego nos aglutinaremos en una confederación; o bien nos da un espacio a todos y cada uno de nosotros, o se atendrá a las consecuencias”. Como esperaban mi respuesta y como me imaginaba que no iba a poder escoger la letra con la que quería escribir, simplemente empecé a teclear, y como las fuentes estaban tan beligerantes, cada una tuvo su propia letra. Y con toda sinceridad les escribí: “amigas fuentes, me permito comunicarles que ustedes bien pueden hacer los sindicatos, uniones, asambleas y distintas agrupaciones anarco-marxistas leninistas que deseen, pero si siguen en su jodita interminable, me consigo una máquina de escribir “Olimpia”, unas buenas hojas papel bond, y me pinto de colores; espero hayan entendido estimadas revolucionarias”.


Por un momento largo, no hubo respuesta alguna. Todas se quedaron frías y sin respuesta. Entonces, de la nada, apareció "Times" y con toda tranquilidad pero firmeza, me contestó: “Estimado amigo, me he declarado dictador, y cuento con el apoyo de todas las ‘Wingdings, Miriams, Franklins y las orientales’, así que a partir de hoy yo domino este espectro, y no toleraré cualquier agresión e insurrección de parte de las oligárquicas e inefables Ariales, Tahomas y Calibris, Atentamente, YO”.


Así terminó la historia de las huelgas generales de las fuentes. A partir de allí, preferí nunca intentar meterme con ninguna de las extrañas fuerzas y batallones de esas extrañas habitantes del ámbito informático de nombres curiosos.


Así que cuidado cuando se metan con alguna de esas fuentes extrañas de sus procesadores de palabras. Mejor esperemos que un día no haya insurrecciones de los números, de las “n, k, s”, o, peor aun, de los “deshacer, rehacer”, porque el mundo puede llegar a su fin, como a su fin llegó este relato 100% verdadero y verídico.

jueves, 16 de abril de 2009

TRANSPÓRTAME


-No te recuestes en tu cama todavía, no lo hagas porque te atraparé.
-Deseo descansar, no puedes impedirlo, no controlas mis sentidos.
-¿Todavía te crees tan fuerte? Siempre tan ingenuo, ya deja de serlo, no aprendes.
-Estoy harto de escucharte todo el tiempo, déjame tranquilo.
-No lo puedo hacer mi querido Ludwig.
-Ese no es mi nombre, déjame en paz.
-Tranquilo amigo, las cosas no son tan sencillas para ti, pero tampoco lo son para mí.
-No soy tu amigo, ni siquiera te conozco…
-Te equivocas, nos conocemos desde siempre, desde aquel instante en que me diste vida en tus pensamientos, en tus ideas obscuras, en tu imaginación incontrolable; siempre he estado contigo, al menos desde que tienes consciencia de tus actos y de tus palabras y de tus pensamientos; de mí, … de mi nunca podrás librarte Amadeus, y si crees que estoy tan solo molestando tu calma y quieta soledad, te equivocas, pues yo soy todo lo que esperas y deseas en esos momentos, si eso no fuera así, simplemente no estaría aquí, no estarías escuchándome, sintiéndome…
-No entiendo, no quiero saber más de ti, no puedo continuar soportándote; mi espíritu…
-Que forma tan inapropiada de utilizar los términos me querido Franz, es un lástima que aquello en lo que crees, eso que tú piensas te da fuerza y te distingue, no sea más que una de las tantas falacias en las que sigues ensimismado, aquellas falacias degenerativas, que se duplican perpetua y constantemente, fallos lógicos que en tu pensar sustenta todo tu ser, y no son más que falsedades y fórmulas absurdas…
-¿Hasta cuándo seguiré escuchando tus reproches, tus agresiones, tus mentiras?...
-Jajajajajaja, ¡cómo es posible que sigas negándolo! Jajajajajaja
-No niego, porque uno niega lo que existe, y no puedo, no estoy en capacidad, me es imposible, es ilógico que pueda negar algo inexistente, como tú.
-Jajajajajaja; entonces, ¿por qué te diriges a mi, por qué me respondes y me contestas con igual, inusitada, o mayor ironía? Es momento de que entiendas que las cosas no son como esperabas.
-Eso lo descubrí hace tiempo, mi querido… basta, no quiero hablar como tú.
-Tonto, y me duele decir esto, porque decírtelo a ti es como decírmelo a mi mismo.
-Calla, no digas más.
-Diré cuanto tenga que decir y cuando tenga que decirlo, sin pedirte permiso, sin siquiera dudarlo cuando así esté decidido; aunque defiendes en tu interior una supuesta libertad, en el fondo tu destino te controla, tu destino ideado por tus dioses oscuros e ininteligibles, ánimas indescifrables y transparentes, como neblina que obnubila tu pensamiento y te llena de visiones de ocultos transgresores rojos, con tridentes transformados en llamaradas de plasma y ojos del color de las ranas venenosas, que te lanzan furtivos ataques insensibles, imperceptibles… no sientes siquiera tu dolor, pero cuando solo te encuentras, tu corazón siente los desgarros insoportables de aquellos espectros impalpables. Piensa un poco en tus ideas, tus pensamientos son ajenos a tu mente, porque me pertenecen y, por lo tanto, tú me perteneces y dispondré sobre ti como me plazca.
-No puedes controlarme, porque cuando yo lo quiera estaré dispuesto a eliminarte.
-Jajajajajaja, ¡todavía no lo comprendes! Me eliminarás cuando yo quiera que lo hagas. Es más, seré yo mismo quien me elimine, y tú un simple instrumento, una tosca y rudimentaria herramienta, apenas útil para mantener en saciados tus instintos.
-¡Calla ruin animal rastrero! ¡Calla!
-Cuando menos lo esperes, te buscaré y te encontraré, donde menos lo pienses, donde menos lo calcules, donde más te duela.

miércoles, 7 de enero de 2009

CORAZÓN DELATOR O ESQUIZOFRENIA

Tanto Edgar Allan Poe como Soda hicieron creaciones maestras con ese título (la primera mitad del título, esta claro) ... obviamente, los segundos inspirándose en el primero, pero en dos ámbitos distintos del quehacer humano: el asesinato y el amor... o sea, casi lo mismo.


Ahora si, abramos el telón.



Saludos. Como siempre, desvariaré.

La vida está marcada por épocas y esas épocas están marcadas por diversas cosas, situaciones, acontecimientos, sentimientos, encuentros, memorias, entre otras. Entre esas “cosas” que marcan esas épocas, ocupan lugar preponderante las manifestaciones artísticas -lato sensu- , concretamente la música, la literatura y el cine. Motiva lo que escribo en este post, la recordación de una de las películas que marcó mi niñez; época de imaginaciones, sueños y curiosidad, pero también de desengaños, descubrimientos y conflictos -no me equivoqué, al menos en mi caso; hablo de niñez no de adolescencia-. Es una película -que en realidad son tres- de la que siempre se pueden extraer una serie de mensajes que uno los puede percibir en distintas épocas; por eso, aunque haya marcado mi niñez, cuando la he vuelto a ver a lo largo de mis hasta ahora 23 años, siempre vuelvo a plantearme nuevas incógnitas y sus respectivas dudas, así como a recibir nuevos mensajes. Marcó mi niñez, por el tema central de la trama; pero ahora me referiré a otra cuestión de la que me percaté no hace mucho, y que dependiendo del momento puede despertar(me) carcajadas o lamentos.

Es la segunda de las tres, en que estando en el año 2015 (parece hasta irónico, que ya hoy en día falta tan poco para llegar a esa fecha) un doc Brown con una mirada mezclada de solemne seriedad y fantástica ironía, afirma que destruiría el De Lorean -y las bestiales consecuencias que ello implicaba- y se dedicaría a resolver el “otro” “Gran Misterio del Universo…”; momento en el cual, previo a la sentencia inobjetable del científico, Marty aguarda impacientemente absorto las frases que constituyen la más grande y dura verdad para el género masculino: “…la mujer”.



Aquel que fue capaz de inventar una máquina del tiempo -yo se que estamos en ficción, pero de ficciones se alimenta nuestra realidad y viceversa-, una mente de ese calibre, llega a afirmar con toda autoridad que el “otro” “Gran Misterio del Universo” (en adelante, GMU… jajajaja) es la MUJER; esa frase implica que el “un” GMU es el viaje en el tiempo, o el tiempo; y el “otro”, simplemente “la mujer”.

Gollum le planteaba a Bilbo Bolsón un acertijo que se le hacía francamente indescifrable; luego de que mutuamente hayan acertado a responder los más complicados, que incluso el ávido lector llegaba al estado de la desintegración celular cerebral, uno que se planteaba en palabras tan sencillas, como un “monstruo” indestructible e invencible, que devora todo cuanto está a su paso, tuvo que el de la familia Bolsón acudir a la suerte para atinar a decir “tiempo”. Y así es como el tiempo y todo lo que a él atañe, bien puede considerarse uno de los GMU, o si no el más grande de todos. Quizá quien tuviera la clave de ese misterio, tendría todas las claves.


Pero, ¿Acaso Palpatine no encontró en la mujer el mejor pretexto para convertir a Anakin al lado oscuro? O el médico que se enfrentó, luchó y sobrevivió a la Peste (Camus) ¿no añoraba tanto las fortunas y los placeres como la compañía de la mano tierna de la mujer amada? No fue María de Magdala quien curó las heridas de Jesús, le enseñó aquello que no podía aprender por sí solo, y no lo abandonó nunca más? (Saramago, Evangelio según Jesucristo). Un chiquillo quiso cumplir sus sueños saliendo del pueblo que lo vio nacer y crecer; y cuando volvió al pueblo, al cabo de muchos, muchísimos años, quizá lloró por quien fuera aquella persona que le hizo conocer la magia del cine y le convenció de cumplir sus propósitos, pero sus mayores penas y nostalgias provinieron del entrañable recuerdo de aquel amor adolescente, que parecía iba a durar toda la vida, pero que cesó abruptamente y nunca más regresó… y por ello, lloró (Cinema Paradiso). Pues ahí surge de nuevo la pregunta, ¿cuál es el más grande y complicado GMU? Creo que la mayoría concluiremos con la misma respuesta del doc Brown, pero con la pequeña salvedad de que no lo consideraríamos el “otro” GMU, sino “el” GMU.




Pero, sin embargo, la respuesta es incompleta. Todo siempre depende de la óptica desde la que se mira y de quien lo mira. Un gran castillo con altas torres y puertas de cristal, rodeado por enormes elefantes blancos que vuelan a su alrededor vigilándolo de los dragones azules que lo merodean, puede ser para un adulto, partiendo que lo anterior es una visión de un niño o de una imaginación inspiradora, una simple y pendeja nube. En la observación del GMU, partimos de un instrumento nada objetivo, muy poco metodológico, bastante arbitrario y por completo ajeno a nuestro control volitivo: el amor.

Pues, entonces, tenemos al amor como el lente que distorsiona la realidad y a algo sencillo (bastante discutible, pero algo de dignididad hay que tener jaja), lo puede convertir en un gran GMU; y, en el caso concreto, el gran GMU. El amor establece caminos sinuosos, fronteras inexpugnables, puentes colgantes que penden de un trozo de soga, como ese desde el cual se aprecia el “Pailón del Diablo”, que uno no sabe en que momento se cae mientras se ruega para que la obsoleta cámara instantánea “Polaroid” del fotógrafo del lugar se apresure a sacar el papelito. Un túnel que aparentemente presenta una luz al fondo, pero que en realidad es un fuego dulce, que conforme te aproximas incinera tu alma, pero que por la propia intensidad de su fulgor y cual manifestación del vértigo más incontenible, no puedes dejar de desear y palpar; al final, el resultado siempre es la incineración total, y como la “energía no se destruye, solo se transforma”, puede o bien convertirse en margaritas o girasoles, o bien en cuy, hámster o guigi guigi de estanque de redondel.


Cuando el lente arriba descrito es retirado y se utiliza otro, seguramente ya no habrá GMU que valga la pena, sino, quizá, apenas y de poco en poco, un GM galáctico, terrestre, sudamericano, ecuatoriano, quiteño, y así, hasta llegar a la mísera manzana donde vives o el conjunto residencial y/o/u condominio (no he tenido la experiencia, pero supongo... pero soy buen observador ¡!)

Por ende, el gran misterio del universo no es ni la mujer, ni el amor; la una, porque sin el otro no propicia el interés suficiente como para llamarse misterio, que siempre será una forma de categorizar algo que nos genera inquietud y deseos de conocer; y lo segundo tampoco, pues no es más que un lente, un medio, poderoso no solo y más bien en grado mínimo porque es capaz de distorsionar todo, sino porque puede sacar del espíritu humano sus más bellas manifestaciones. Entonces: A + M, da como resultado, GMU.

Ahora concluiré con una frase de Sábato, en su Sobre Héroes y Tumbas, concretamente en el famoso Informe sobre Ciegos, en donde encontré una posible respuesta a una serie de situaciones que me ocurrían hace un tiempo, ya años, y que me parecía extremadamente sospechosas, pues no podía creer que cosas que quizá deseaba en mi interior -seguramente con tanta fuerza que yo mismo por temor trataba de no darme cuenta- pero que aparentemente negaba desde de mi consciencia, sucedían hasta con exageración. Reza de la siguiente manera:

Y cuando uno se propone enérgica y sistemáticamente un fin que esté dentro de las posibilidades del mundo determinado, cuando se movilizan no sólo las fuerzas conscientes de nuestra personalidad sino las más poderosas de nuestra subconsciencia, se termina por crear un campo de fuerzas telepáticas en torno de uno que impone a otros seres nuestra voluntad, y hasta se producen episodios que en apariencia son casuales pero que en rigor están determinados por esa invisible potencia de nuestro espíritu.


Khaos.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Sueño



Se despertó ya muy tarde, bien entrada la noche y con ansiedad; miró al techo, contempló la nada por un par de minutos y se incorporó. Mientras trataba de remediar las greñas originadas por la lucha con su almohada y de sentir que había en ella menos pelo que el dejado ayer, aún a oscuras, tomó un abrigo negro, ya con signos evidentes de ancianidad -dado que en ciertas cosas han transcurrido más largamente las vidas de nuestras almas, se decía siempre-, y salió de su casa, con los ojos lagrimosos.

Salió a la calle, lo encontró una leve llovizna que le impedía mantener los ojos lo suficientemente abiertos como para no sentir la melancolía de sus párpados. Anduvo por la calle vacía, lo que en cierta medida era una situación no despreciable dado que incluso un gato al acecho de alguna aventura nocturna que por allí merodeaba lo miró con extrañeza. Bajó por la cuadra siguiente y se detuvo un instante a mirar al cielo, mientras las gotas le picaban el rostro con incesable algarabía.

Decidió continuar su caminata, y llegó hasta la plaza esquinera, una especie de parque más parecido a un parterre central redondo con bancas y una muy pequeñísima pero no por ello poco antiestética enmohecida e inservible pileta. Hasta allí se dirigió como un autómata, solo por la inercia de caminar por rutas inciertas. Miró al fondo del bebedero, y no encontró más que lechosas babosas luminosas, dejando viscosos rastros sobre las monedas que alguna vez, por algún enamorado incomprendido -quizá él mismo se dijo-, fueron lanzadas augurando dichas nunca alcanzadas, antes quizá extraviadas, o saqueadas, como muchas monedas ya no presentes.

Se sentó un momento, y miró a las estrellas. La noche era oscura, la ciudad apagada, brillosas en la eternidad las estelas incesables de los cometas y los astros, transfigurando un cielo melancólico, en melodías de una diva inescrutable. Se volvió a interrogar, nada más que una pregunta de aquellas que se hacen cuando miramos una hormiga y nace el sentimiento de pequeñez, que seguramente Plutón -de hecho ya degradado nuevamente- sería el hijo despreciado por el Sol, oscuro, lejano y pequeño, sin gracia ni anhelo, olvidado por su padre y sin amores que relatar; y, ¿no será ese, finalmente, al cabo de un millón de años, la suerte de esta Tierra? No es que acaso el Sol, hermafrodita incomprendido, pare cada cierto tiempo, un nuevo planeta, ansioso de que cumpla su misión, dándole su adolescencia en el tercer ciclo, y siempre defraudado, ahora quizá con más razón, y por eso ya decidido a dejarse morir.

Una luz apareció de la nada, cuando en estas importantes cuestiones se hallaba; una tenue pero persistente y hasta molesta luminosidad azulada llegaba desde algún sitio no definido. Aumentaba cada vez más, y su calor ya lo abrazaba con suma violencia, como queriendo incinerarlo, hasta un punto en que sintió su cuerpo derretirse, desparecer, invisible. Ya no se veía, no era más materia, era algo, pero no era nada, no se veía, pero se sentía, no sentía su cuerpo, pero algo sabía que había ahí, y era él, o quizá ya no podía saber si era él, o sea, podía acaso ser él, o ella, o qué, ¿qué era entonces? Indefinible, llegó hasta un punto en que la luz se tornaba blanquecina, hasta un poco dorada.

Se acercó y percibió que pensamientos incesantes inundaban su mente, o le inundaban, pues ya no podía saber si tenía mente; pero no eran ideas suyas, no era algo que naciera de él, era como si se los pusieran justo en el momento previo a que las adivinara, como cuando el profesor hace una pregunta sabiendo de antemano que nadie contestará, pero alguno se ilumina de la nada, respondiendo solo por intuición, a tal punto que lo que en principio fue orgullo, terminó en humillación cuando se le requirió la explicación. Por fin comprendió que no eran pensamientos suyos, ni de su consciencia -si es que, se volvía a preguntar él mismo y yo aquí lo repito, se podía aún utilizar términos descriptivos propios de seres de carne y hueso- eran ideas que le ponía alguien, o algo en sus ideas.

Se que una vez no quisiste verla, y todos los días te aparecía, incluso en ascensores solitarios- eran frases que a su mente translucían. Si, es verdad, pero eso que tiene que ver ahora, porque viene esto a mi- esta idea ni siquiera la estructuró así, las respuestas venían automáticamente, no había un diálogo como se lo concibe normalmente, pero algo hay que hacer para entender, y no hay más que escribirlo como lo entendería un ser humano:






-Eso aun te atormenta.
-No es “eso”, eso es “parte de eso”.
-Quizá tú lo ves así, pero quizá esa “parte” sea el “todo”; o ese “todo”, viene explicado en su completitud por la “parte”.
-¿A qué quieres llegar?
-Pides morir cada noche, sabes que no eres tan valiente para hacerlo tú mismo, y pides no despertar, pero siempre despiertas.
-No me voy a sorprender con tus adivinanzas, ya todo esto de estar así sin saber que mismo soy es suficiente para darme cuenta; pues es cierto, pero no me respondes.
-Lo uno no tiene relación con lo otro… ¿?
-Ya te lo dije antes.
-Si la pudieras…
-Si, la pregunta está demás, visto lo que sabes de mí.
-Aquí veo todo cuando se puede ver, no ocultas nada, está ahí, todo, y tú también podrás ser capaz de ver lo que quieras ver.
-Cuando tenía carne y huesos me di cuenta que hay cosas que sería mejor no ver.
-Por eso no he visto todo, y por eso te pregunto algunas cosas, para que tú las acomodes mejor.
-Lo más horrible de mi está a la vista, no es para espantarse.
-Quizá lo más horrible no es eso que tú crees, quizá….
-La soledad, si, no lo había pensado antes, pero…
-Tú la elegiste.
-Ella me eligió, yo no elegí lo que puede ser elegible; cuando uno es niño (allá en el mundo) las únicas elecciones son las que tus padres te presentan, helado o chocolate, pan o cereal, y no conoces todavía las papas fritas o el yogurt; y además, yo no puedo elegir cereal, si nunca aprendí a comerlo…
-Puedes aprender.
-Hay cosas que uno no quiere aprender, o para las que no está preparado; como si me dicen quieres aprender a comer fuego…
-Y si no aprenderlas implica tu infelicidad.
-El problema es que esa decisión ya está dada, ya hay cosas que no cambian.
-¿Esperas algún día que llegué… … … no me dices nada…
-No hay nada que decir, mi esperanza nunca desaparecerá, pero mi razón ya me dio las respuestas.
-Eso que tú llamas “razón”, es en verdad lo más oscuro de ti.
-Esa, así sea gris, es mi fortaleza.
-Es tu prisión, te sientes seguro adentro de ella de los peligros de afuera, pero no te puedes librar de los tormentos de adentro.
-No puedo elegir algo distinto, mis experiencias no las escogí y la forma de asimilaras tampoco.
-Vas a seguir pidiendo el mismo deseo.
-Si lo haré, porque tengo la esperanza cierta de que se cumplirá, a todos les llega.
-¿Y si ya te llegó?
-No me ha llegado, porque no habría razón para esta conversación.
-Te equivocas, quizá tienes otra oportunidad.
-Mi oportunidad ya se terminó, estaré condenado a repetirla; nadie da "las" oportunidades…
-¿Si tuvieras que escoger entre volver y quedarte en esta luz, qué harías?
-En esta luz, no he perdido la consciencia de mi desolación, no tengo ventaja alguna aquí; si vuelvo, al menos mi cuerpo podrá satisfacerse.
-Tu cuerpo te destruirá a la larga.
-Quizá eso espero.
-Vas a volver, no hay otra salida a fin de cuentas, pero nada cambiará, si eso es lo que esa luz ahí que salió por donde estás quiere decir.
-No se puede controlar el espíritu de la esperanza.
-Adiós.



Y despertó sentado, en una pileta mohosa, agonizante, como él.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Preguntas Impreguntables

Está escrito… de Francis Cabrel, es la canción de fondo que me acompaña mientras escribo este post.



El martes me juego mucho en unos exámenes, pero me doy una horita de descanso para que mi mente no explote (aunque como se verá, por lo escrito, esto es absolutamente contradictorio); y lo mejor que puedo hacer para ello, luego de haberme leído unos 5 blogs, es escribir.



Iniciaré con una pregunta que, por evidentes razones que únicamente quedarán develadas a la terminación del texto, resultará decididamente impertinente con el tema de fondo; sin embargo, y he ahí la gran contradicción -que precisamente constituye esta vida que toca vivir a diario- si comienzo así es porque alguna relación tiene… o, al menos, yo le quiero dar esa relación. Es como una vez que conversaba con mi hermana acerca de si los colores existen de por sí, o solo cobran vida si es que hay una luz que los haga existentes frente a nuestros ojos. El asunto tiene particular relevancia, especialmente si consideramos que una persona ni siquiera invade la esfera cósmica de nuestro metro cuadrado imaginario, sino cuando con una mirada profunda, incluso vacilante pero insistente, sublime pero lastimera, pasa a ocupar la primera plana del matutino de nuestros pensamientos. Pues si, desde ese momento existe, pero, ¿y antes? Pueden haber casos curiosos, de personas que existían “de cierta manera” y que ahora existen “de otra manera”, o de una “manera muy especial”. Se explica el asunto de como “una” existía como “amiga”, pero ahora existe ya no como “amiga”, sino como “diferente”. Claro, son situaciones que muy difícilmente tendrán explicación racional; de hecho, muy poco tiene explicación racional, porque sería suicida ponerse a determinar todas y cada una de las casualidades, coincidencias o avatares de la vida que nos condujeron a determinada situación -la que a la larga no será más que otro de esos eslabones que nos conducirá a otra situación, infinitamente-. El esposo quizá nunca hubiera conocido a su esposa, si es que de chiquito la rectora de la escuela no le hubiera dicho que pisar el césped de un jardín es de pésima educación, lo que influyó de tal modo en su mente que en aquel martes de julio decidió arriesgar su vida cruzando la calle por la mitad, ante decenas de carros pasando junto a él, que pisar el parterre central adornado con dientes de león y un ya desmejorado arreglo en césped, ahora transformado en hierbas malas, y así y todo cruzarse por ese lado ante la arremetida de un ciclista, circunstancia que provocó que la joven que venía trotando inopinadamente por el parque lo mirará, pues llamó su atención tan “florido” espectáculo, haciendo que sus miradas se cruzaran. O en todo caso, como en una muy recordada película de los 80’s, el joven que veía sus extremidades superiores desaparecer porque se hallaba impedido de tocar la canción que provocaría que sus padres se dieran el beso que impediría que se pudieran separar para siempre.





La pregunta a la que se hizo referencia hace ya un largo párrafo, insultante de toda regla metodológica, (ahora escucho Memory of Trees de Enya), es la siguiente: ¿existe vida después de la muerte? El profesor o profesora de física siempre repetía: la energía no muere, se transforma. Pues entonces, si partimos de que nuestros cuerpos inertes, cual desagradable víscera comible, son la cárcel, la jaula o la habitación de una energía más poderosa, un alma, un espíritu, un aura o como quiera llamársela, concluiremos que puede ser que haya vida después de la muerte; pero la gran duda que surge es, ¿y por qué diablos se tienen que aplicar reglas tan racionales como las de la física, a situaciones o sucesos tan metafísicos, por decir lo menos, como la transmutación de nuestro espíritu en algo más? El gran peligro que se corre al hacer estas divagaciones, es el de llegar a concluir con una interrogante demasiado profunda para seres tan sencillos como los humanos: ¿y qué sentido tiene vivir una vida tan material, si hay algo trascendente? Pues ahí surgirán muchas justificaciones acerca del valor de la vida, de lo que debemos o no debemos hacer, a la larga, de lo que está bien y de lo que está mal, que es lo que finalmente guía toda nuestra vida, incluso inconscientemente.



Pero bueno, la idea sería que puede que no tengamos vida después de la vida, o que si la tengamos, pero la gran duda que siempre se mantendrá es si somos algo más que simple carne y hueso; es decir, si hay algo más, si hay algo profundo, que transcienda el pensamiento, las sensaciones corporales. Y en el arduo transitar de la vida, muchas veces nos encontramos con momentos que, si somos escépticos, nos hacen dudar; y, si somos convencidos o, como diría alguien prejuiciosamente, “esotéricos”, nos hará temblar. Si una mirada nos cautiva, y sentimos algo dentro estremecerse, pues ahí nos preguntaremos algo, algo nos preguntaremos sin duda. ¿Será cierto eso que dicen que hay encuentros cercanos con la muerte? Una vez mi madre me contó que tuvo un accidente de automóvil con volcada incluida; vio una luz al fondo, un túnel para transitar diríamos; para la época de tal evento automovilístico estrepitoso, habré estado en el promedio de mi segundo lustro de vida, lo que seguramente influyó para que una vos dijera a mi madre, quizá una vos de ella misma, quien sabe de qué o de quién, no es tu hora, tienes a tus hijos que cuidar. Quizá este hecho no suene tan increíble, como aquella ves que previo a un paseo de mi hermana soñó que una chica moría en un accidente al caer por un rió contra unas piedras, hecho que efectivamente ocurrió días después.



Con cierta frecuencia, siento que ya he vivido determinadas experiencias, que las vi, las sentí antes, y las vuelvo a ver. Y son sueños, situaciones sin explicación. (ahora escucho “Jours tristes” de Yann Tiersen).



Entonces, cabe preguntarse, ¿puede esa energía, ese espíritu, ese algo trascendente e inexplicable, encontrar un energía, un espíritu o un algo trascendente que lo complemente, que lo trastorne, lo desubiqué pero le de sentido a su existencia? La pregunta no es inoficiosa, es vital; y, quizá, sea algo complicado entender estas situaciones, o simplemente asuntos bizantinos que sirven de escudos justificantes a ciertos cobardes románticos.



Si hay algo contradictorio en el mundo, paradójico, insoportablemente indescifrable, es el ser humano. Puedo ser muy crecido para muchas cosas en mi vida, pero un niño para muchas otras. Un niño al que le llegan muy fuerte las energías de las personas, un hombre al que le pesan sus prejuicios, sus dudas que no quiere contestar y que solo el niño que tiene dentro le hacen buscar constantes respuestas, quizá con un dosis muy fuerte y absurda de ilusión. El niño que quiere vivir, el hombre que quiere morir. El niño que quiere levantarse y reír, el hombre que cae a llorar. El niño que llora con sencillez e inocencia, y el hombre que llora por cobardía e impotencia. Y en fin, el niño enamoradizo, y el hombre decepcionado y decepcionante. El equilibrio, creo que quizá sin darse cuenta Tomás Moro ya la representó en su Utopía; es una utopía, que siguiendo a Galeano solo sirve para caminar, y caminar; pero en la caminata, todos necesitamos una cantimplora con agua, porque sin agua, no hay vida; sin amor…






(P.D.1: bueno, aquí estuve viajando en un barco que se dejó llevar por la marea, de allí la mezcla y cambios repentinos de estilos en el relato, de intensidad y de dinámica; últimamente, no estoy para historias completas, ni aquí ni en la vida real… ¡¡¡pero que digo!!!, esto también es real, pero puedo intentar hacer que no parezca real).






(P.D.2: Recomiendo, con altas dosis de adicción, “Algún día”, de Soda; canción que servía de telón a este grandioso ex grupo para su último concierto, y que supongo no se escuchó en Guayaquil por los “siempre infalibles” problemas pendejos que colman a nuestro país. Es una canción en homenaje a Queen, una reversión de una canción de ese grupo, lo que ya va adelantando la calidad y exclusividad de esta canción).http://video.google.com/videosearch?q=algun+dia+soda&emb=0&aq=o#

domingo, 5 de octubre de 2008

A veces estoy hablando para mi...

Hoy voy a escribir algo… bonito, quizá hasta meloso o acaramelado; al menos eso parecerá sobre la superficie, pues puede ser que en el fondo haya tristeza o lamentación. No lo haré, afirmo, por alguna razón en especial, ni siquiera por inspiración. Simplemente, quiero escribir y lo haré sin importarme lo que se piense o produzca. Lo haré, simplemente, por escribir y escribir.





(And) honey All the movements you're starting to make
See me crumble and fall on my face
And I know the mistakes that I made
See it all disappear without a trace
And they call as they beckon you on
They said start as you mean to go on Start as you mean to go on
(A rush of blood to the head. Coldplay).




Hablaré por mi, no hay generalización en mis palabras aunque así suene.

Uno a veces quiere tener una imagen distinta de un mundo desagradable. Y así es como uno sigue creyendo en esas miradas sublimes, pensando probablemente que el gran espíritu de la humanidad, el gran sentimiento supuestamente común y exclusivo a los seres humanos, llega a su máximo esplendor cuando dos miradas se encuentran llenas de luz, llenas de ilusión transfigurada en realidad, llenas de la espiritualidad que sobrepasa todo lo material que inunda nuestras zombis vidas.



Poema triste
Estoy harto de mirar a los falsos ojos de las mujeres,
Y contemplar en silencio la tristeza de mi alma,
Porque si fuera un pobre diablo sediento de placeres,
Pedería importancia a quien mi corazón ahora ama.


Aunque injusto suene para mí lo que ahora digo,
Solo siento pesadumbre por lo que mi vida significa,
Ya que cuando el frío de la mañana es lo que respiro,
La tristeza que a mi alma embarga magnifica.


Por eso solo quisiera por un instante cerrar mis ojos,
Y sentir la dulzura de los labios de la inalcanzable diva,
Para de esa manera olvidar el dolor de mis quebrantos,
Y gritar al viento que he encontrado el sentido de la vida.
(No es nada personal ni en especial en contra de nadie, y recalco que no es por generalizar).




Cuando uno camina por la calle, siente la lluvia caer de repente; el cielo hacia el sur, lo notamos despejado, azul, con bellas nubes ligeramente teñidas de rosa, aguardando ansiosas el anochecer, para así dar rienda suelta a su romántica imaginación; dejar de lado las figuras que las inocentes mentes infantiles les atribuyen, y convertirse en las espectadoras privilegiadas de las centellantes estrellas que, de su lado, dan paso a una luna creciente apenas visible.



Y caminar, estábamos en eso, y caminar bajo la lluvia, no muy fuerte todavía, pero nostálgica como un flor marchita. Subir por una calle abandonada, las gotas en las mejillas, se juntan con las lágrimas que salen de los ojos. Un momento sublime, un corazón latiendo vivo, reflejando un sentimiento oculto.




La mente es muy poderosa, es nuestra fortaleza y a la vez nuestra debilidad, como seres humanos. Una ilusión puede destruirnos o reconstruirnos, darle valor a la vida, darle alegría al corazón. Siempre conmueve la película de los dos viejitos, sin haber nada de despectivo en mi expresión, que se han amado profundamente, largamente, fielmente y perpetuamente toda la vida, con la fortaleza de las antiguas pirámides que se mantienen incólumes a pesar de la lluvia, del sol, de los vientos y de los olvidos.





Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar… en tu mirada
La Belleza
(La Belleza. Luis Eduardo Aute).




¿Habrá verdaderamente aquel complemento espiritual que mucho se representa en películas o libros? ¿A eso que le ponen tantos nombres diversos? Los corazones se suelen endurecer, y no siempre están listos para el momento que, siendo soñadores, debería ser el preciso. Pero quizá ese momento nunca llega, el momento de encontrarse con ese verdadero amor, ese complemento mutuo, esa mirada insospechada e inusitada, que es sincera y profunda, fogosa y espiritual, aire puro y verdad.

Pero el mundo nos da de golpes a diario, a cada momento. Llorar y sentarse a pensar, no por mucho, porque el tiempo nos carcome a cada segundo. Y mirar, mirar hacia lo que esperamos de nuestras vidas, sentir el temor de que no podemos ser lo que quisiéramos ser; o la decepción de quedarse sin héroes, sin la luz al final, sin algo o alguien en que o quien creer. Solo nos tenemos a nosotros mismos, estamos solos y abandonados. En los momentos de las decisiones más duras, en los momentos de las cuestas más duras, solo estamos nosotros solos, porque quienes nos apoyan también libran sus propias batallas, y en el fondo de nuestras almas lo definitivo queda en nuestra última decisión.



Pero cuando uno despierta de una pesadilla, de la muerte hecha realidad en los pensamientos, tener una mano nivea y sincera con la de uno, sintiendo el espíritu materializado a través de un sentimiento sublime; quizá la cuesta se hace más sencilla, o quizá la cuesta se disfruta, y se desea que nunca acabe, porque mientras esa mirada indescriptible permanezca inmutable y perpetua, nada importa y todo lo palpable deja de tener sentido.

Con dolor, en verdad hoy tenemos que decir que,
"para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento”





El sol seguirá saliendo, y algunas flores lo buscarán con ahínco, con deseo, con ilusión y con amor. Y lo esperarán todos los días, sin falta, con fidelidad. Y ojala no las sigan cortando, ojala no las sigamos cortando, ni pisando. Y ojala, las podamos seguir sembrando. Y ojala…

Dame un instante
Cantar al viento, no será suficiente,
si tus latidos no sienten a los míos.
Sentir la brisa, que dejas a tus pasos
ya no me basta si no tengo tu vida.

Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.

Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...

Si no me sientes, si aun no me encuentras
tendré que pedirle a mi corazón un trato
Que no me cante cuando me mires,
que no me haga estremecer cuando te acercas.

Dame un momento a solas con tus ojos.
Dame un instante, y lo haré suficiente.
Dame la noche, para ver las estrellas,
mientras te alumbren te cantaré al oído...
(Juan Fernando Velasco).
Fin.
BEVM.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Seamos sinceros y no cojudos

En un set de televisión, una afamada entrevistadora de CNN moderaría un debate entre los, supuestamente, cuatro primeros candidatos en las encuestas -que se supone la publicación de sus resultados ya estaba prohibida para esas épocas-; ahí estuvieron presentes Álvaro Noboa, Rafael Correa, Cynthia Viteri y León Roldós. El día de las elecciones, el candidato Gilmar Gutiérrez alcanzaba un tercer lugar, con importante distancia sobre el señor Roldós, y lo suficientemente cerca como para generar una preocupación al segundo, Correa. ¿Por qué luego de que una multitud de gentes quiteñas botara a su ñaño Lucio hace menos de dos años, el Mayor (r) Gutiérrez consiguiera una posición tan sorprendentemente incisiva?
En los actuales momentos, si un extranjero llegara a Ecuador, a Quito o a Guayaquil, y leyera los dos periódicos de mayor circulación en el país, observará los más importantes medios de comunicación televisiva y escuchará las radios aparentemente más representativas de la opinión pública nacional, llegaría a la conclusión de que el proyecto de Constitución que se someterá a referéndum el próximo 28 de septiembre, va a ser negado por una aplastante mayoría. Sin embargo, la verdad es muy distinta.
Así como los gobernantes a lo largo de la historia patria siempre se han olvidado o han dejado en el letargo del sueño estatal a los pueblos más desgraciados y miserables del país, ahora la denominada opinión pública, masa amorfa que aglutina todo lo que se quiere y excluye todo lo que se puede, representada por los que denominan medios de comunicación masiva, tiene verdades muy distintas y análisis completamente ajenos a una realidad absolutamente compleja y diversa, cuyos significados no se pueden simplificar con estudios y conclusiones vacuas y llenas de lugares comunes.
Luego de décadas y casi siglos de exclusión, opresión, olvido, denigración, discriminación y hostilidad, el pueblo más abandonado y pobre del Ecuador probablemente siente el más poderoso de los sentimientos de reivindicación y liberación cuando el presidente Correa pronuncia sus consabidas “momias cocteleras”, “gorditas horrorosas”, “enano”, “Pocito”, “vieja pelucona”, “ándate a la casa del mástil mayor del palo del velero”, entre otras. Mientras muchos se cuestionan y cuestionan el vocabulario peculiarmente florido del actual primer mandatario, las mayorías lo aplauden y lo sienten muy dentro, en el fondo de sus dolidas y oprimidas almas, como una liberación llena de revancha y amor propio.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, a pesar de una cúpula curial ensimismada en una actitud que alimenta el sentimiento de exclusión de los más pobres, de aquellos que creen en un Dios que no se ha acordado de ellos, porque mientras apenas les alcanza para alimentar las cinco bocas que tienen en un hogar de caña y malaria, un curita de traje blanco y cuello almidonado duerme bajo un techo de concreto y un estómago más que satisfecho.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, porque mientras unos hablan de las virtudes de la democracia, de la división de poderes, de la descentralización, del parlamento -parafraseando a Lope de Vega, quiso el castellano que entre lamento y parlamento hayan solo tres letras diferentes- otros solo piensan en conseguir el medio centavo para el día y no morir debajo de un puente mientras, como una paradoja, pasan por sobre ellos los Mercedes y los Be emes.
Por eso es que en el Ecuador el sí va a ganar, porque mientras unos hablan de que va a haber un matrimonio entre homosexuales, que se va a legalizar el aborto y que se van a permitir las drogas; otros se lamentan de no poder mantener un hogar y marcharse a buscar con que vivir fuera de su terruño, de dejar atrás el descontrol de los deseos y los instintos para luego no tener que sufrir por tener que traer una hambrienta boca más al mundo ante la testarudez de una Iglesia ciega ante el SIDA en África y América Latina, y de un país lleno de ebrios conductores y maltratadores que so pretexto de un sufrimiento incontrolable recurren al licor para aliviar sus penas, mientras los niños abandonados se “gomean” por sentir que sus tripas se llenan de aire o amebas por tener que comerse, si es que la “divina providencia” se acuerda de ellos, la primera porquería que se bota desde un Cherokee o de un Rodeo.
Ese es el país que tenemos, un país de gente que vive en otro mundo, que en la Navidad arma fundas de caramelos para regalarla a niños que duermen todo el año bajo cartones en la entrada de un edificio; o de niñas que se prostituyen con obesos extranjeros a cambio de una limosna para poder sobrevivir hasta morir de sífilis o diarrea. Ese es el país de ortices, veras, pachanos, pozos, yepeces, spurriers, paredeses, nebots, febres corderos, albornoces, e-gases, entre otros. Un paisito destrozado, en el que cantarle a una asambleísta el himno nacional de 5000 países, leído de una polla para la ocasión, demuestra la ignorancia de un pueblo para el que la educación es un mala palabra y la comida un atrevimiento.
Un país de gente que ha viajado todas sus vacaciones a Miami, Londres, L.A., Tokio, Curazao y Egipto, echando limosnas en los trastos de un indigente en la calle, y ahora gritan a los cuatro vientos que se vote No.
Quizá sea bueno que reflexionemos un poco. Quizá sea bueno que nos miremos a nosotros mismos y digamos: ¿qué hemos hecho por nuestro país antes, para que ahora le reclamemos una decisión determinada? Estoy harto de la hipocresía; estoy harto, de que se hable de moral cuando no somos capaces nosotros mismos de respetarnos y de respetar a quienes nos rodean. Estoy harto de la gente que solo vive para reclamar y no se la juega, y se la pasa disfrutando de una vida a costa de la muerte de otros. Estoy harto de tener que seguir sentado frente a un computador y no poder actuar y luchar por los ideales que alimentan un alma ensimismada. Pero estoy completamente harto de tener que constatar todos los días la mediocridad de gente que ahora piensa que es la adalid de la lucha contra la opresión y el totalitarismo, de la ignorancia y la ignominia, cuando en sus propias vidas no hacen más que derrochar mediocridad y demostraciones hirientes de lo que constituye la ley del menor esfuerzo.
No creo que el proyecto de Constitución que se votará el 28 de septiembre, vaya a ser la solución a nuestros problemas, ni tampoco creo que vaya a ser el inicio o el primer paso de esa solución, pues esa decisión la tomamos todos y todas en nuestras vidas, y no esperando que un grupo de burócratas y tecnócratas arreglen y solucionen aquello que deberíamos mejorar cada uno de nosotros. Pero todo lo supuestamente malo que dicen que se va a poder hacer con ese proyecto, ya se lo ha hecho con cualquier Constitución que ha habido, y si nos remontamos a la actualmente vigente, basta decir: tres cortes supremas, tres presidentes botados, un congreso destituido, un tribunal supremo electoral elegido y destituido a dedo más de una decena de veces, un tribunal constitucional utilizado, depuesto y repuesto casi como las veces que un perro se persigue la cola, organismos de control presididos por los subrogantes -elegidos a dedo por los titulares ya depuestos, renunciados, cesados y concluidos- durante años sin chistar, fiscales generales elegidos de acuerdo al malestar estomacal del momento, ministerios de estado que ganan el guinnes en cantidad de jefes durante un año, cambio arbitrario de moneda teniendo en cuenta que según la Constitución vigente nuestra “unidad monetaria es el sucre”, leyes y contraleyes, reglamentos y contrareglamentos, hacinamiento y centros de estudio superior en escatología y crimen organizado en “centros de rehabilitación social”, comisiones anticorrupción en galopantes coimas policiales, etc etc etc.
Por lo tanto, dejemos a un lado la hipocresía. ¿Que hoy estamos bien? Que vayan a contarle a otro esos cuentos groseros y patanes. ¿Qué se está destruyendo la democracia y el Estado de Derecho? Alguna vez conocimos o vivimos algo así, como para que se destruya, pues ni modo que se vaya a destruir lo que no existe. En el país, la cantidad de abortos que se cometen al día parecería que va en proporción directa con las relaciones sexuales que en igual periodo se realizan; y la cantidad de procesos penales por aborto, es casi equivalente al número de abogados petroleros honestos y patriotas que hay en nuestro país. Así que el curita del barrio puede nomás seguir diciendo a las fieles adolescentes que no usen jeanes de cadera porque incitan al diablo, mientras los inquietos espermatozoides de unos más inquietos anhelan fecundar cuanto óvulo encuentren en su camino.
El actual proceso constituyente, ha servido sobretodo para mostrar la gran hipocresía de nuestro país. Esa hipocresía y esa doble moral que no escatima esfuerzos para esconderse detrás de trajes de gamusa, para esconder la podredumbre de las almas egoístas, vendibles, embargables y negociables.
Yo creo que hoy en día es fácil decir voy a votar si, y más fácil decir voy a votar no. Pero quiero verles y vernos, a todos, gane el sí o gane el no, que vamos a hacer por el país. Hoy tan patriotas, mañana seguramente muy patriarcas; hoy muy luchadoras, mañana muy solapadoras de niños machistas.
Quizá muchos no se indignan por los que fueron masacrados por supuestamente querer quitarles sus cosas, sino que sienten ira y desprecio consigo mismos hacia gente que no tuvo medio de luchar por sus ideales y morir en su lid, pero sin venderse a nadie ni a nada. Un día se abrirán nuestros cuerpos y nuestras almas mostrarán su verdadera naturaleza, y en ese momento todo se cubrirá de tinieblas porque el sol no tendrá la suficiente fuerza para derretir la podredumbre y traernos la luz del nuevo día.

viernes, 22 de agosto de 2008

Soledad

En el espejo infinito de lo impenetrable. En el fondo de la nada, se encuentra el misterio recóndito de lo inexpugnable. Allá adentro, nada se sabe pero de todo se siente. Hoy miles de cosas, de situaciones y millones de partículas de polvo, pero solo se puede palpar y percibir un rotundo, misterioso pero doloroso vacío. Lo piensan mucho quizás, mejor sería... quizás, no pensarlo. Una mirada que parece perdida, no es más que la secuela de un llanto pasado, pasajero pero incrustado con fuego en el alma. No importa el pensamiento, la razón no es bien recibida. Construí con mis propias manos un trayecto tortuoso, y ahora no estoy seguro si quiero transitarlo... o mejor dicho, si lo vivo ahora y sin darme cuenta, lo aprieto con pasión, mientras me hieren sus espinas.

lunes, 30 de junio de 2008

Historia Inconclusa

Ya lo escribí hace un buen tiempo (más de 6 meses), ahora lo vuelvo a publicar; ya continuaré con su escritura... cuando me vuelva a inspirar:


I

La aguja del tocadiscos bajó y, sutilmente, rozo el negro disco de acetato; apenas lo tocó y una dulce melodía empezó a percibirse a través del oído. Los poderosos pero todavía tenues rayos de sol entraban por la ventana de junto a la sala. Directo en la cara, en un principio no lograron que sus ojos se abrieran; pero luego de unos minutos, el nuevo e insólito calor de la mañana en la cara, causaron que sus párpados, cual gigante telón, permitieran dar paso a la gran obra teatral de esa jornada.

La música pronto empezó a llenar el ambiente, esa hermosa sinfonía de algún importante músico del renacimiento tardío. A su mente venían esas imágenes de los intrigantes cuadros de Dalí; recordaba aquella vez que en un museo de hace ya algún tiempo, se realizó una imponente exposición de los cuadros del insigne artista y, en aquella ocasión, por los ocultos parlantes del lugar, se propaga el dulce sonido de esas melodías que ahora escuchaba con melancolía.

Sintió los latidos de su corazón con inusual fuerza; no era algo que le causara preocupación o dolor físico, sino que más bien sentía como un estremecimiento que iba más allá de su presencia material en el mundo. Su alma, que había entrado en contacto con la irrealidad palpable de su existencia a través de sus oídos, ahora conquistaba toda su anatomía, llevándola por caminos pocas veces recorridos. Un corazón rojo y triangular, ahora formaba parte no solo de su cuerpo pues ya no estaba únicamente incrustado en medio de sus dos rosados pulmones, sino que en ese instante pasó a formar parte de algo mucho más trascendente; era un corazón desmaterializado.

Por sus pecosas mejillas empezaron a resbalarse unas pequeñas gotas, salidas por las orillas de sus ojos y que inexorablemente, como los ríos luchan contra piedras y montañas para encontrar a su azul amante el mar, se dirigían hasta sus labios. Junto a su delicada nariz, trascurrían ya con cierta fluidez y, luego, pasaban acariciando las comisuras de sus mágicos labios rojizos. No pudo evitar saborear el dulce sabor de esas amargas lágrimas, que le recordaban aquellos tiempos pasados que, en esos precisos momentos, tanto añoraba.

La aguja se trabó y la música se detuvo. El ensimismamiento terminó y el brillante cielo azul de la mañana, por fin le era evidente. Tenía un pequeño pañuelo celeste a su lado, con el que pudo secar sus lágrimas. Su pelo castaño, como dice la canción, estallaba en el cojín del sofá. El día anterior había estado sentada a la luz de la luna creciente, divagando en sus más oscuros y tristes pensamientos y, en ese estado de estupefacción, había caído dormida, temblando no por el frío que entraba a través de la ventana abierta, sino por la abrumadora soledad.

Se incorporó y olvidó por completó el ya medieval sonido del tocadiscos. Regresó a su diminuta habitación donde apenas había espacio para un colchón y decenas de libros regados por todas partes; sin embargo, también se había dado modos para poner una cafetera en un desvencijado velador de madera. No había agua ni café, así que solo pudo cambiarse de ropa y salir a dar un paseo por el parque.

Era domingo, el día más solitario de la semana. El desorden de la pieza, que era siempre aguantable pues no habían mayores cosas que pudieran quedar dispersas, en ese día le daban un toque desolador al lugar. No era la imagen de un sitio en el cual, la noche anterior, había habido alguna animada reunión o conversación entre amigos; era la imagen de un sitio descuidado y triste, conquistado por la gris solemnidad de la melancolía. Pero todo quedaría así, pues ordenar todo eso solo generaría más heridas insanables en el alma.

Salió y bajó por las gradas desde el quinto piso en donde habitaba. Nunca le había gustado utilizar el ascensor por miedo a encontrarse con alguien, lo cual tampoco tenía mayor sentido pues realmente el aparente ascensor que había allí, estaba averiado desde hace ya muchos años; era el lamentable reflejo de lo que alguna vez fue un bien avaluado edificio residencial.

A pesar de que ya los rayos del sol habían explotado en su rostro, cuando salió a la calle sintió que emergía desde un cloaca en la cual había permanecido toda su vida y, por primera vez, era capaz de percibir la luz del astro rey. Sus hermosos ojos celestes apenas si podían soportar aquella luminosa tempestad de fuego. Se mantuvo en su lugar por varios segundos hasta lograr adaptarse al nuevo medio. Frente a ella pasó un taxi de color rojo, completamente inusual; solo hizo sonar levemente su bocina para llamarle la atención, pero ella ni se percató de ello y siguió concentrada en vencer al poderoso cancerbero del sistema solar. De todos modos, eso fue como la primera campanada que le sirvió para, nuevamente, correr el telón del teatro.

Empezó a caminar sin rumbo cierto, pues había olvidado la idea del parque, sin embargo, quizá inconscientemente, sus largas y torneadas piernas le llevaban hacia aquel lugar. En la primera esquina, el vendedor del puesto de revistas la saludó cordialmente, como siempre lo hacía cada vez que la veía. Ella siempre solía responder, pero con inocultable desdén. Quizá porque el vendedor en realidad no tenía un aspecto muy agradable, menos aun por el tipo de revistas que aparecían en el mostrador; empero, él siempre la miraba con cierta extraña alegría, pues le recordaba a su ya “fallecida” hija, que vivía en Paris, y de la cual no había recibido correspondencia jamás, desde hace 20 años. La verdad es que a pesar de su desden, ella estaba segura de que los dos tenían algo en común, que lo evidenciaban cuando apenas se miraban por un par de segundos todos los días.

Ella continúo caminando y junto a ella pasó un mensajero de la más grande empresa de la ciudad. Él sentía un profundo delirio febril por ella y siempre se daba modos para encontrarla, así sea con la complicidad de las fuerzas ocultas que dominan las casualidades de la vida. Cuando ella se acercaba, automáticamente bajaba la vista al piso y, en el momento en que estaba uno al lado de la otra, la alzaba levemente para contemplarla por milésimas de segundo que para él eran lo que justificaba haberse despertado esa mañana. Sin embargo, ella jamás contestaba sus miradas, no porque quisiera ignorarlo, sino porque lo ignoraba naturalmente; en efecto, nunca lo había visto, era alguien que no había entrado ni de pasada por su vida. Para él, no había sol oculto detrás de la montaña cada madrugada, sino un breve luz de vida cada mañana en la calle de camino a su trabajo.

Ya estaba cerca del parque y, junto a la entrada, observó nuevamente el banco en el cual, todos los domingos, se sentaba durante largas horas de la mañana a contemplar a las palomas; a veces les llevaba migas de pan y les repartía, en otras ocasiones solo se quedaba ahí, paralizada, mientras ellas la rodeaban reclamando aquello que creían era su derecho. En ese día no llevaba nada, pero tampoco habían palomas y ella se dio cuenta de ello inmediatamente.

Efectivamente, todas sus transitorias compañeras de los domingos no estaban allí con ella. Lo primero que pensó fue en la muerte, aquella terrible señora que a todos nos espera y que solo nos protege hasta que llegue el momento de partir junto a ella. Descartó esa posibilidad pues en los árboles permanecían algunos nidos y, en uno de ellos, pudo encontrar un pequeño grupo de pollitos recién salidos de sus huevos, que chillaban por su alimento. Entonces pensó que estaban en otro lado y con su mirada recorrió lo más que pudo todo el parque y acertó. Todas las palomas que solían acompañarla, ahora estaban rodeando otra banca, ubicada a su izquierda a unos trescientos metros. Se sintió indignada y una gran furia invadió su corazón, especialmente cuando pudo ver a otra mujer dando de comer migajas de pan a las ingratas aves. En esos momentos estaba dispuesta a levantarse, acercarse a la otra banca, asustar a todas las palomas y darle su merecido a la usurpadora. Pero finalmente no lo hizo y se sintió más triste, más despreciada, más sola.

Antes de empezar a llorar, para evitarlo, tuvo que levantarse y dar una vuelta por el parque. Nunca había hecho eso, al menos no desde que era una niña. Solamente solía llegar a la siempre silente banca de la entrada y quedarse ahí durante horas para luego regresar a su pieza. Pero ahora empezó a dar una vuelta por los caminos del parque. A pesar de tratarse de un sitio de esparcimiento de ya bastantes años, se conservaba bien y siempre estaba lleno los fines de semana. Era un parque familiar, lleno de jardines, algunos de los cuales asemejaban, al menos para ella, los lastimeros paisajes que Van Gogh dibujaba.

Caminó durante un buen tiempo, a paso lento. En determinado momento, dejó de fijarse en lo que le rodeaba y solo se concentró en medir sus pasos, en calcular el tiempo que tomaba entre que la planta de su pie izquierdo dejaba de tocar el suelo, hasta que la punta de su pie derecho invadía por completo el piso; luego, empezó a poner atención en no cruzar con sus pies las líneas incrustadas en el camino y, cuando habían piedras o adoquines cuyas líneas resultaban ser infranqueables, no dudaba en invadir el pasto de los jardines; al final se dio cuenta de que era imposible evitar todas las líneas y volvió a sentir su profunda depresión.

Despertó de su momentáneo letargo al escuchar el embriagante sonido de una harmónica. Enseguida buscó con su mirada el sitio desde el cual provenía esa melodía y, luego de darse casi una vuelta completa de ciento ochenta grados, reparó en un señor vestido muy originalmente, con un frac de color verde militar, un pantalón café sin bastas que le llegaba hasta las canillas y un sombrero negro adornado con tres plumas de colores azul, rojo y blanco y una otoñal hoja anaranjada; el hombrecillo estaba sentado en una de esas sillas que utilizan los lustrabotas y tocaba su harmónica mientras ansioso esperaba que alguien depositara alguna moneda en la torcida taza de metal colocada en el piso y, de la cual, extraía cada moneda que le dejaban para conseguir una impresión más desgraciada de su realidad. Sin embargo, a ella le pareció ser una persona bastante curiosa y le causó interés; por ello, se quedo viéndolo por un buen rato, sin que él reparara en su presencia. En realidad muchas personas depositaban sus monedas, especialmente niños que alegres con ese sonidito solícitos pedían dinero a sus padres y se lo dejaban allí recibiendo del artista una cálida sonrisa.

Pasado unos minutos, ella estaba completamente ensimismada escuchándolo, en cierta medida recordando épocas de felicidad pasada. Tanto se distrajo en esos sonidos, que al final no se dio cuenta que el hombrecillo cambió su harmónica por una zampoña de la cual surgían sonidos más graves y huecos, con ese saborcito andino de lejanía y paz campestre. Empezó a sentirse embobada, somnolienta y tuvo que buscar una banca en donde sentarse, pues además no quería dejar de escuchar esa droga musical. Permaneció sentada, escuchando durante mucho tiempo. El hombrecillo ni siquiera se imaginaba que esa mujercilla estaba ahí sentada por él o, mejor dicho, por su arte; por eso, trataba de ignorarla, pero no le era posible, pues ella tenía una belleza única que nunca antes había visto.

Al final, ella se levantó pues sintió que algo la llamaba y se retiró del parque con cierta rapidez. Estaba regresando a su pieza, pero algo le hacía pensar que no debía volver, que debía hacer algo más y no quedarse postrada en un sofá o en un colchón pensando en la nada, divagando por las rutas de la Vía Láctea recorriendo mundos que jamás visitaría y creando ilusiones que nunca se cumplirían.

domingo, 1 de junio de 2008

Trayecto Inconcluso


Quizá siento mi inspiración irse. He navegado últimamente por las entrañas de mi corazón. Quizá uno siempre se pregunta, ¿por qué le dicen “corazón”? No me refiero a esa masa orgánica entre los pulmones que bombea líquido rojo a nuestros ojos cuando queremos llorar. Sino a eso que decimos corazón y que solo sirve para hacernos “fregarla” en los momentos menos oportunos. Los sentimientos sublimes, los escalofríos o acaloramientos sin razón justificante. Los temblores impertinentes. Las lágrimas infames. Eso, ese corazón. Francamente, no encontré el camino o, mejor dicho, no encontré respuesta. Pero quizá lo he pensado mucho y quiero creer que no encontré respuesta, para no descubrir lo que realmente encontré.



Al llegar a un lago rojo, repleto de pequeñas islas desiertas, lúgubres y sin vegetación, sentí un tremendo escalofrío (“… no quedaban islas para naufragar …”). Pensé encontrarme en un mar de sangre, pero eso inmediatamente me llevaba a la imaginativa idea de que lo que buscaba estaba precisamente donde menos quisiera que estuviera. Abandoné inmediatamente la idea. Sentí que arriba se escuchaba alguna canción de Sabina, muy adecuada para el momento: “Tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches” Esas solitarias noches, que no superaban esas frías madrugadas.



Pero continué navegando y miraba al fondo, en un cielo completamente negro, con una luna llena roja allá arriba, colgada en la mitad de todo, con una tremenda luz. Seguí navegando, sin inspiración, con la pluma del relato de mis días. No pensé siquiera en conocer nuevos mundos ni sorprenderme con grandes descubrimientos. Únicamente quería comprobar lo que ya pensaba que había allí adentro. Pero mi dolor fue enorme cuando al llegar al lugar esperado, encontré nada. Vacío.



Como un asiento real sin rey. Un espacio oscuro, en donde antes hubo algo, fue lo que hallé. El sentimiento vacío, el corazón solitario sin destinatario. La necesidad acabada. La intensidad suspendida. Todo, hecho nada. La nada, era todo. Así, un vacío. Así me encontré y eso encontré, y cuando terminé mi travesía y abruptamente lo dejé todo atrás, solo escuchaba a Lavoe “Yo soy el cantante, y he venido …”. Eso era todo en el viaje.



La inspiración ha viajado a algún lugar recóndito del mundo. Se ha perdido. La ilusión está de vacaciones. El sentido, jajaja, el sentido, ¿qué sentido tiene todo esto? La nada, eso es todo en este bote, la nada.

domingo, 4 de mayo de 2008

EL QUINTO MES DE HACE 40 AÑOS



Quizá la imaginación sea uno de los dones más preciados de la humanidad; quizá sea la facultad mental más ilimitada de todas las que, con cierta sorna, solemos presumir. Resulta por lo demás bastante curioso, aunque no sorpresivo ni inexplicable, que conforme pasan los años y la edad empieza a dejar sus huellas en el cuerpo, pero más específicamente y mucho más lamentablemente, en el espíritu, la imaginación comienza a desaparecer y da paso a un permanente conformismo letárgico, inundado de desesperanza, satisfacción autosugestionada y seguridad de ficción, que encamina las mentes y las almas humanas hacia la postración y el inmovilismo.


Recuerdo una frase, aunque no a quien pertenece, de un tenor más o menos así: nuestros sueños, en la juventud, son montañas desde las que miramos; y en nuestra vejez, cuevas en las que nos escondemos. Quizá no sea por las consecuencias biológicas del paso del tiempo, sino más bien por los factores externos, sociales y/o culturales, que afectan nuestros cerebros y, sobretodo, nuestra forma de ver la vida. Hay que decirlo, en general, es una sociedad frustrante, en la cual o te dejas llevar y te "acoplas" haciéndote de la "vista gorda", o pasas continuamente deprimido y con una profunda pero a la vez recalcitrante sensación de soledad. Un equilibrio, al estilo del virtuosismo platónico, probablemente sería un camino alternativo, pero en realidad siempre conducirá más bien al lado del aletargamiento, pues lo contrario implica una constante lucha interna con consecuencias impredecibles.


Sin embargo, es (debería ser) propio de la juventud cuestionar; por eso es bastante deprimente encontrarse, hoy en día, con "colegas jóvenes" aletargados o absolutamente imbuidos en un modo de vida absolutamente encasillado en el paradigma de inmovilidad propio de estas épocas. En el otro extremo, quizá, estan aquellos que consideran sus acciones sujetas al principio de la rebeldía o de lo "diferente" o "diverso". Con pesimismo, o más bien con realismo, cabría decir que la sociedad también ha funcionado en ese sentido, creando "sub-culturas" o "sub-grupos" que, si bien pretenden actuar a título de revolución, no hacen más que aportar con una pieza clave y bastante disimulada, en el engranaje de este sistema. Al final, no se hace nada.




El disgusto por mi propia forma de no intervenir, en mi situación de desesperación por no tener la suficiente visión, agallas o como quiera llamárselo para actuar, encuentra más desazón en el desencuentro continuo con manifestaciones aberrantes del funcionamiento de este sistema francamente perverso. En esos momentos de oscuridad, en que complementando a Sábato no solo me encuentro en mi propio túnel, sino en una caverna con notas acompasadas por el griterio silencioso de los que me rodean, a tal punto de tener que entonar con rabia contenida y resignación las frases de Cortez, pues solo debo recalcar que vivo en medio de tantos muertos, siendo yo apenas un zombi.


En esos momentos, repito, quizá la llama de aquellos hechos que, más allá de su significación real y quedándonos, quizá, no con su ideologíca bastante difusa o con ciertas ideas más o menos claras a cuya adhesión podría dudarse continuamente, sino con su significado para la juventud. Ese ánimo de cambio, esa necesidad de que se tomen en cuenta otras cuestiones; ese imperativo indispensable de que los jóvenes no somos proyectos de adultos, ni que somos el futuro ya descompuesto por quienes consciente o inconscientemente lo han determinado previamente. Esa juventud que quiere y siente, que está harta de tanto de lo mismo y de tantas reglas inventadas para disciplinarnos hacia una sociedad en la que "para no morir de hambre corremos el riesgo de morirnos de aburrimiento".


Por eso recordamos ese mayo de 1968, más allá de las limitaciones propias de la humanidad; más allá de los aprovechamientos políticos de los infames acaparadores de las ideas; más allá de las dudas y de los cuestionamientos; más allá de la ilusión y de la utopía. Más allá de todo eso, el símbolo de la lucha por un mundo distinto, un mundo regido por aquella máxima "La imaginación al poder". Ese mundo diferente.


Si no se puede hacerlo siempre, al menos, a veces, hay que cerrar los ojos y soñar, como lo hizo Julio Verne al romper los límites y dejar su mente volar; o Einstein cuando rompió los esquemas y cambió la forma de ver el mundo. En fin, dejar a la mente disfrutar, sin maniqueísmos ni dogmas. Si como dijo el Conde de Saint Saud, "la tierra pertenece a sus dueños, pero el paisaje, es de quien sabe apreciarlo", quizá valga decir que muchos se han apropiado de la realidad, pero las ideas son libres, vuelan como aves y nadie nos puede impedir imaginar.
Imágenes tomadas de: http://www.aguaron.net/mayo/68.htm. Acceso: 4 de mayo de 2008

sábado, 3 de mayo de 2008

VISITA MOMENTÁNEA AL LAGO DE LOS SUEÑOS

No es que caí dormido y empecé a soñar con cualquier historia medio creíble sobre la muerte de la existencia humana mientras el patíbulo de la enseñorada majestad ambulante del sortilegio incontenible de aquel brujo maestro y pensador occidental descubría en su barco al navegante oculto tras la bruma del incipiente mar gris de la perturbadora presencia siempre ambigüamente concebida del maléfico señor de las pestes.

En realidad, desperté medio entre soñando y casi entre durmiendo. Me imaginé flotando sobre el agua transparente de una enorme laguna; simplemente estaba sobre el agua, como si yo fuera más liviano que ella, aunque al mismo tiempo caminaba en la profundidad de un océano pesado. Abría los ojos pero no podía ver; aguzaba el oído, pero apenas podía escuchar el incesante ruido de mi mente cuestionadora, a la que solo quería silenciar. Cavé un pozo de tres metros con mis manos y aunque al acabar, sin saber la razón de mi actuación, pensé encontrarme sin uñas en mis dedos, descubrí todo intacto; como es mi corazón luego de tanto abatimiento, que tras haber sido desgarrado como una cortina por las filudas garras de una felina, continúa latiendo y exigiéndome que respire el smog de esta ciudad.
Ciao.

TENEBROSA FRUSTRACIÓN DE MAÑANA

Tenebrosa frustración de mañana,
siento hoy en mi infinita soledad,
y aunque en el fondo de mi alma nada queda,
sigo esperanzado en encontrar la verdad.
Pero, ¿por qué o para qué encontrar la verdad?
Hoy quisiera sentir mi corazón latir,
para engañar a mi mente y persuadir a mi cuerpo,
de que aún tengo ganas de vivir,
o que todavía no estoy completamente muerto.
Pero, ¿para qué o por qué seguir aquí?
No pretendo averiguar las razones de este mundo,
porque quizá viaje hasta el infierno de lo oculto,
aunque no negaré mi atracción hacia lo oscuro,
pero la paradoja de mi existencia me conduce hacia lo claro.
Pero, ¿qué esperarán los fantasmas de la hoguera?
Simplemente nada de lo dicho encontrará destino,
solo llego a los oídos sordos de la triste suerte,
pensaría que en mi camino todavía no está la muerte,
solo diré que aún sueño contigo.
Acabaré con la falsedad de este mundo...
Un niño llora en el interior de este triste corazón.